'Absuelto', la condena civil

ANÁLISIS | La primera temporada de la noruega 'Frikjent' hurga en la herida de una comunidad a la que regresa el protagonista, juzgado y absuelto por un asesinato años atrás.

En los últimos años ha surgido lo que podríamos deducir como un nuevo género de la teleficción, pero también del cine. Producciones en las que el protagonista regresa a la reducida comunidad en la que creció tras la condena, justa o no, por un asesinato del pasado. Ficciones como Rectify (Ray McKinnon, Sundance Channel, 2014-?), en la pequeña pantalla, o la recientemente estrenada Después de esto (The Here After; Magnus von Horn, Suecia, 2015), en lo referente a la sala oscura. Abriendo un poco más el abanico, podríamos incluir también una cierta tendencia de la ficción catódica consistente en el desarrollo narrativo dentro de una comunidad muy pequeña con muchos puntos ciegos. El crítico Jaime Costas lo bautizó en este mismo medio como “grandes secretos, pequeñas ciudades” y se podría hablar dentro de este marco de obras como Fortitude (Simon Donald, Sky Atlantic, 2015-?), Broadchurch (Chris Chibnall, ITV, 2013-?) o, de forma más conceptual, The Leftovers (Damon Lindelof y Tom Perrotta, HBO, 2014-?).

A mitad de camino, en la intersección entre el regreso tras condena y la comunidad mínima, se encuentra Absuelto (Frikjent; Anna Bache-Wiig y Siv Rajendram Eliassen, TV2 Norge, 2015-?). La serie noruega, distribuida en España por la plataforma Movistar, se basa en un sistema de acción-reacción para desarrollar su premisa. Dos décadas después de ser juzgado y absuelto por el asesinato de su novia, cuando aún era adolescente, Aksel Borgen regresará a su población natal, Lifjord, para tratar de salvar de la ruina a la empresa Bygdas, principal sustento de la región, cuya desaparición hundiría la economía local.

El pasado colisiona con el presente en 'Absuelto'.
El pasado colisiona con el presente en 'Absuelto'.

Convertido en el yerno perfecto –ahora es un exitoso ejecutivo en Asia, casado y con un hijo–, Aksel Borgen se enfrentará al recelo y rechazo del que un día fue su hogar. Nadie, ni siquiera su madre, consigue aceptar su presencia. Quizás porque, pese a no estar allí en esos veinte años, su imagen haya permanecido presente en la memoria de casi todos los vecinos. Al fin y al cabo, la ausencia solo es presencia reconcentrada. Su regreso levantará todas las ampollas posibles y hará ver que la herida de la muerte de Karine sigue supurando. Sobre todo en el seno de su familia, dueña ahora de la empresa a la que el regresado tendrá que prestar sus servicios.

El título de TV2 Norge se estructura en dos partes claramente diferenciadas que inciden la una sobre la otra. De esta forma, la trenza que forman pasado y presente se convierte en el vehículo de avance de esta obra de producción exquisita. El recelo da paso al odio; y este deja entrever en sus pliegues algunas muestras de compasión, cariño o amor hacia el protagonista. Sin embargo, la tensión nunca deja de ser el motor de acción en Absuelto y la puesta en escena se encarga de acentuar esta idea. La repetición de los planos estáticos de los fiordos advierte de la contradicción entre el entorno y las pulsiones, entre la tranquilidad de un lugar idílico y la marejada que se dispone entre sus gentes.

Eva Hansteen (gran Lena Endre), dueña de la empresa que trata de rescatar Aksel.
Eva Hansteen (gran Lena Endre), dueña de la empresa que trata de rescatar Aksel.

Frikjent transita los espacios desde la interioridad de sus personajes. Y la serie se aprovecha a la perfección de su condición de ambigüedad de sus caracteres. El desarrollo de la ficción noruega es muy acertado y hace gala de una escritura tan eficaz como inteligente a la hora de dosificar la información. De esta forma, la resolución del caso (reabierto) pasa por casi cada una de las pieles protagonistas en la decena de episodios que componen la primera temporada. Tal vez esa sea la razón por la que en ningún momento existe nadie libre de pecado. Quizás por eso mismo cada pequeño gesto sea de una belleza arrebatadora y de una trascendencia única para el desarrollo de la trama. Así las cosas, la belleza del gesto, que diría Leox Carax a través de su alter ego en Holy Motors (Francia, 2012), se puede condensar en el cambio de mueca que lleva a Tonje (fantástica Synnøve Macody Lund) del amor y la lealtad incondicional a la incertidumbre y la insinuación en un mismo encuadre. Una imagen que podría simbolizar el valor principal de esta producción: la fricción corrosiva entre entidades antagónicas en un espacio compartido. La tensión propia de los vacíos que deja el (¿mal llamado?) sistema de bienestar escandinavo.

Synnøve Macody Lund interpreta con solidez a Tonje.
Synnøve Macody Lund interpreta con solidez a Tonje.

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