'Juego de tronos', la congregación del hielo y el fuego

ANÁLISIS | La séptima temporada de la serie emitida por HBO será recordada como la de la congregación y las alianzas para combatir al enemigo común. Se acerca la Gran Guerra.

Atención: este texto contiene SPOILERS. Si lo lees, hazlo bajo tu responsabilidad. Por favor, no envíes luego tus dragones a la redacción.

El enemigo común, el otro, los muros y las barreras, la situación de guerra fría, el uso de la verdad (o todo lo contrario) a conveniencia… A pesar de su aspecto “medieval”, cada vez resulta más imposible no asociar Juego de tronos con los contextos contemporáneos. Por todos es sabido que la serie de David Benioff y D. B. Weiss nunca ha ocultado su voluntad de asociación. Es más, se podría argumentar que se gusta en ese terreno. Sin embargo, en las dos últimas temporadas ha ido un paso más allá y ha tomado cuerpo como vehículo de análisis directo de la era actual.

La disociación respecto a los libros (todavía sin escribir) de George R. R. Martin unida a la vocación por analizar y/o reflejar la llegada de Donald Trump al poder en los Estados Unidos han cristalizado en la séptima temporada de una forma más tangible, quizás, que en anteriores, en las que la política seguía presente, pero de una forma más intrínseca. Uno de los ejemplos más claros que ofrece esta última tanda de episodios es el tratamiento de la verdad y la diferenciación que hacen de ella Cersei Lannister y Jon Snow (?) en el season finale. Corren tiempos de la posverdad y Juego de tronos no se ha quedado atrás a la hora de ofrecer su propia mirada hacia el concepto. Mientras la Reina de Poniente, aferrándose desesperadamente al trono, hace uso del manido término para engañar a Jon y su cohorte con un falso juramento, este es incapaz de faltar a su palabra con Daenerys (veremos por donde transcurre esta nueva relación instaurada entre ambos) y arrodillarse ante la inteligentísima antagonista, pese a que esto pueda poner en peligro la alianza para combatir al Ejército de la Noche.

Los Caminantes Blancos comandan el Ejército de la Noche, que amenaza los Siete Reinos.
Los Caminantes Blancos comandan el Ejército de la Noche, que amenaza los Siete Reinos.

En esa alianza ha tenido la producción de HBO otro de sus elementos de acercamiento a la realidad. Los enemigos comunes, los malos; la otredad y la necesidad de aparcar disputas para lidiar con el problema mayor. “Solo hay una guerra que importe: la Gran Guerra. Y ya está aquí”, asegura Jon ante Cersei. Tras siete años, la lucha entre los muertos y los vivos ha empezado a verse reflejada en las tramas más allá de la eterna amenaza. Jon (sí, otra vez) ha pasado a erigirse como una especie de banderizo o comandante para la lucha frente a las hordas del Rey de la Noche. Este plot ha servido a los creadores para elaborar un discurso sobre esa necesidad que tenemos del otro y sobre cómo, ante la amenaza externa, el único plan es aparcar las diferencias y estar unidos. El armisticio. “Hemos sufrido todos a manos de los otros. Hemos perdido seres queridos a manos de los otros. Si tan solo quisiéramos más de lo mismo, no habría necesidad de congregarse. Somos totalmente capaces de librar la guerra entre nosotros sin vernos cara a cara”, explica Tyrion, en su mejor versión de nuevo en esta sucesión de capítulos, para dar paso a Jon, que zanja que “no se trata de vivir en armonía, sino solo de vivir. La misma cosa viene a por todos. Un general con el que no podéis negociar”. De esta forma, Juego de tronos se ha basado en la alianza como mecanismo político por excelencia. La séptima entrega ha consolidado acuerdos que parecerían imposibles en el inicio. Como el triángulo formado por Tyrion Lannister, Daenerys Targaryen y Jon Snow o el maravilloso “escuadrón suicida” que acude a la caza de uno de los muertos para llevarlo a Desembarco del Rey como prueba de lo que se viene en el futuro más próximo (la octava temporada).

Daenerys es aconsejada por Varys, Tyrion, Missandei, Davos y Jon. Impensable en los comienzos.
Daenerys es aconsejada por Varys, Tyrion, Missandei, Davos y Jon. Impensable en los comienzos.

Más allá de esta trama –que podríamos señalar como más nuclear–, Juego de tronos ha optado en sus últimos siete episodios por una reflexión pausada sobre el poder legítimo. ¿Quién es el heredero legítimo y legal al Trono de Hierro que ocupa Cersei Lannister? Cada cual tiene su argumento y su propia apuesta (de ahí la guerra fría que mantienen los bandos), donde entra en juego el tema de la herencia y los bastardos. Mientras la Reina Targaryen no ha parado de recordarnos que no puede tener hijos (seguramente preparando el plot twist maestro de los próximos seis capítulos), Cersei ha asegurado a Jaime (y también aparentemente a Tyrion) que un nuevo Lannister está por venir y que ocupará su lugar. Asimismo, los guionistas han dado certeza, por fin, a uno de los enigmas más comentados de la saga: el origen de Jon. Esta nueva revelación (ahora ya sabemos que es hijo legítimo de Rhaegar Targaryen y Lianna Stark) abre otra vía de legitimidad sobre el trono y otro contendiente más en la batalla por la sucesión que sigue abierta desde la muerte de Robert Baratheon. Parece ser que, finalmente, Jon sí será una pieza clave en el desenlace de la obra, como ha venido anunciando George R. R. Martin todos estos años.

También en Invernalia ha tenido lugar un proceso de legitimación de los líderes. Tras la muerte del cabeza de familia, Ned Stark, decapitado en la capital (1x09), y su mujer y primogénito, Catelyn y Robb, en la Boda Roja (3x09), los huargos parecen haber recobrado la compostura en estos últimos tiempos. La llegada de Sansa, Arya y Bran a Winterfell ha desatado una tensión aparente en torno al pasado de unas y otros y su legitimidad para regir las huestes del Norte en ausencia de Jon, auténtico y corroborado King of the North. Una tensión en la que el fantasma de Ned Stark ha vuelto a estar más presente que nunca a través de su descendencia (la conversación en la que Arya y Sansa intercambian palabras dichas por su padre en la primera temporada). Finalmente, la aparente tensión entre hermanas ha servido como palanca para introducir el giro definitivo y terminar con el arco de uno de los personajes más repudiados, pero también más interesantes, de toda la obra. El mezquino Meñique se despide de los espectadores a manos de Arya (o Nadie) y con un juicio sumarísimo que corre a cargo de Sansa y Bran. Los Stark se convierten en juez, fiscal y verdugo de la sentencia, cada uno en su estilo y acorde a la personalidad que se han ido labrando a lo largo de su camino en la teleficción.

"El lobo solitario muere; la manada sobrevive."
"El lobo solitario muere; la manada sobrevive."

La séptima temporada de Juego de tronos ha sido la de la congregación. En varios sentidos, aunque los personajes pareciesen más dispersos que nunca por el mapa de los Siete Reinos, los últimos siete episodios han conseguido llevar a la pantalla grandes reuniones de personajes. Los reencuentros entre los supervivientes de los Stark, las convenciones entre bandos rivales, los diálogos parcos entre hermanos (ese anticipo de cierre para el Perro y la Montaña) o las divertidas conversaciones entre secundarios (Bronn y Podrick, Brienne de Tarth y Sandor Clegane, Tormund y Beric Dondarrion, etc.). Una confirmación de algo ya sabido: la creación de Benioff y Weiss funciona mucho mejor cuanto más se centra en el desarrollo y la composición de sus personajes. Cuando más cerca se sitúa la cámara de sus interioridades y cuanto más atiende a la conversación en detrimento del VFX, aunque su uso ha resultado brillante en batallas como la del 7x04 o durante el tremendo 7x06. No obstante, pese al derroche en el diseño y la dirección de producción, todavía resultan mucho más certeros los episodios 7x05 o 7x07 que el citado 7x06 gracias a todo lo que encierran sus encuentros, sus diálogos y las reacciones. Eso es lo que siempre ha diferenciado a la serie del resto de producciones de corte similar.

No cabe duda ya: el invierno tan anunciado y temido está aquí, como vemos durante los últimos minutos del cierre. Ahora solo queda saber cómo y con quiénes se cuenta para combatirlo. Nuevamente queda todo abierto, en ascuas (si es que se puede decir eso a día de hoy para esta ficción tan gélida). A la espera de un final definitivo. Ese broche que nos hable a la vez del mundo inventado por Martin y del presente que nosotros mismos vivimos y tan bien suele reflejar el buque insignia de HBO. Por algo es la ficción del momento actual.

La interpretación de Lena Headey como Cersei Lannister es merecedora de todos los elogios.
La interpretación de Lena Headey como Cersei Lannister es merecedora de todos los elogios.

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