'Marte', en tierra hostil

ANÁLISIS | La cadena National Geographic se estrena en la producción propia con un cruce genérico entre la ficción y el documental sobre la primera misión tripulada a Marte.

Fobos y Deimos, miedo y terror. Una denominación perfecta para las dos lunas de Marte, un planeta que toma su nombre del dios griego de la guerra y que ofrece un entorno, cuanto menos, hostil para la vida terrícola. El astro rojo podría simbolizar, desde la óptica humana, el ansia de expansión, el espíritu aventurero y la voluntad científica. Todos estos rasgos metaforizados en un punto luminoso que permanece esperando muy lejos, más allá del cielo, en el espacio exterior. El reto, la meta, el conocimiento absoluto.

En Marte, su primera incursión en la ficción, National Geographic fabula con la idea y las posibilidades de vivir en suelo marciano. A través de un interesante cruce de géneros, la cadena ofrece todos los puntos de vista sobre el que podría ser el primer viaje tripulado, el primer asentamiento humano en sobre suelo no terráqueo. A un lado, el presente, en 2016, como un documental lleno de datos, declaraciones e infografías. Al otro, la invención contextualizada en 2033 en la que un equipo de astronautas de diversos orígenes se aventura a buscar las condiciones de vida necesarias y a asentarse allí como vía de escape.

Parte de la tripulación de la nave Daedalus.
Parte de la tripulación de la nave Daedalus.

El didactismo es una de las grandes vocaciones de esta miniserie, que se apoya en la docuficción para aproximar la ciencia al espectador. De esta forma, la concepción teórica, que llega mediante las opiniones de diversos expertos, se convierte en una especie de soporte para todo lo que ocurre en la parte ficcionada. Escritores, científicos reputados y astronautas hablan sobre las posibilidades actuales y los condicionamientos necesarios para hacer realidad la idea de viajar a Marte mientras los fragmentos de 2033 imaginan cómo podría llegar a ser esa exploración pionera.

El notable esfuerzo de producción en la construcción de exteriores, rodados en Marruecos con secuencias que recuerdan a obras como Marte (The Martian; Ridley Scott, EEUU, 2015) o Últimos días en Marte (The Last Days on Mars; Ruairi Robinson, Reino Unido, 2013), acompaña a una puesta en escena cuidada y de gran factura (el descenso a la oscuridad en el 1x03 o la “salida” de Paul en el 1x05). Si es cierto que existe una vocación divulgativa, apoyada fundamentalmente en los tramos documentales, no es menos relevante la existencia de una búsqueda del estilo y la belleza en el aspecto formal de la parte ficticia. El resultado es una teleficción que se impregna de la oscuridad del misterio y el miedo a lo desconocido, pero también de la fascinación por descubrir nuevas posibilidades. Una recreación imaginaria repleta de vulnerabilidad y emociones, cuya banda sonora, además, contribuye a generar esa tensión e intriga ante los devenires del grupo. Desde la voz quebrada de Nick Cave en el tema que actúa como opening de la serie hasta la fantástica introducción de la inquietante primera gnossienne de Erik Satie en los momentos más oscuros de la obra.

El diseño de producción es uno de los grandes atractivos de la serie.
El diseño de producción es uno de los grandes atractivos de la serie.

Marte se compone en torno a la trenza formada por lo conocido y lo desconocido en sus dos diferenciadas partes. El presente y el futuro. Sin embargo, en el desarrollo de la parte ficticia, la serie se permite aventurar algunos de los pasos que supuestamente seguiría la primera expedición al desértico terreno marciano. Ese pronóstico ofrece algunas conclusiones, basadas en las investigaciones científicas que acompañan al desarrollo narrativo de la temporada (la revelación final con la que se cierran los seis episodios). Además, el interesante manejo de la elipsis, que hace saltar la narración de 2033 a 2037, cuando el asentamiento ya es una comunidad establecida, permite una mirada más profunda a los comportamientos y la afectación de la raza humana en un territorio que se muestra profundamente adverso al desarrollo de vida ajena. Así las cosas, la producción creada por Ben Young Mason y Justin Wilkes, y dirigida por Everaldo Gould, se guarda un determinante espacio para la incidencia del factor humano en el éxito o el fracaso de la misión. Es precisamente tras esa elipsis central, en el momento que la tripulación primigenia recibe la compañía de nuevos astronautas, cuando vemos cómo la personalidad, la preparación, el cuerpo y la mente, inciden en los comportamientos de científicos que se vuelven locos o la gestación de héroes imperturbables que terminan con la mente atestada de dudas e incertidumbres. El desequilibrio emocional y la vulnerabilidad del hombre en un entorno poco propicio para su residencia hacen mella en el resultado de la expedición.

'Marte' se erige en torno a la mirada hacia la oscuridad de lo que desconocemos.
'Marte' se erige en torno a la mirada hacia la oscuridad de lo que desconocemos.

Por su parte, en el terreno meramente discursivo, la creación de National Geographic ofrece un catálogo de mensajes de altura, empezando por el ámbito geopolítico y la agencia aeroespacial global que se convierte en imprescindible para organizar el desplazamiento a Marte. Rusos, chinos, africanos, americanos y europeos unen sus fuerzas para hacer posible el avance como entidad común. Más allá, y en estas fabulaciones reside uno de los aspectos más interesantes de la ficción, se revelan numerosas perspectivas sobre la misión en el planeta de la guerra. Mientras que para unos inversores el viaje solo es una oportunidad para el negocio de la explotación y especulación inmobiliaria (la idea de construir los asentamientos), para otros se reduce a la posibilidad de comerciar con la tecnología necesaria (eléctrica o mecánica: cables o vehículos) o simplemente al constante afán imperialista que ha caracterizado al ser humano –o a las grandes potencias nacionales– a lo largo de los siglos.

Todo tiene espacio en Marte. Desde Shakespeare hasta Andy Weir. National Geographic se estrena en la producción independiente con una mirada hacia lo desconocido que gana peso cuando se atreve a aventurar ideas propias mediante la fábula y se escapa entre los dedos cuando se acerca al publirreportaje de la empresa SpaceX, que reflexiona, habla y vende su proyecto de establecer las condiciones necesarias para poder ver el amanecer de la humanidad sobre Marte. Un éxodo que, pese a la curiosidad que despierta, parece quedar todavía más cerca de la ciencia-ficción que de la realidad. Por lo menos, mientras se crean los estadios necesarios para ello, no dejemos de imaginar. No abandonemos la literatura.

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