'Occupied', una nueva guerra fría

Posibles SPOILERS | La ficción nórdica se asoma al abismo de Europa a través de la invasión ficticia de Noruega por parte de Rusia.

Una guerra siempre empieza con pequeñas acciones. No se invade un país de la noche a la mañana. En el inicio de OccupiedOkkupert en su título original noruego–, en cambio, puede parecer que Rusia invade Noruega de pronto, como espoleado por una especie de vena colonialista hacia la vieja Europa. Pero no. Ningún conflicto comienza por el exclusivo efecto del detonante. Si en la Primera Guerra Mundial el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria sirvió como pretexto para las innumerables diferencias entre las naciones contendientes, en el futuro próximo que nos dibuja la serie nórdica la causa del conflicto entre el país ruso y el noruego tampoco es la proclamación de una nueva política energética. El anuncio del fin de la era del petróleo y de la implantación de una nueva etapa en la que las energías renovables tomarían la delantera es solo la gota que colma el vaso. De hecho, como veremos a lo largo de los diez capítulos, bajo esa capa superficial laten pequeños conflictos y divisiones que sostienen ese enfrentamiento.

La ficción, creada por Karianne Lund, Erik Skjoldbjærg y Jo Nesbø, e inspirada en una de las novelas del autor, lanza una mirada muy incisiva sobre la creación de los conflictos internacionales y sobre cómo los medios y las autoridades los “venden” a su pueblo para lograr los beneficios que pretenden sacar de esas batallas. Porque, al final, todo es una cuestión de efecto. Cuando en el primer capítulo asistimos a la “invasión” rusa de Noruega (las comillas sirven al recelo por parte del gobierno de Oslo a llamarlo así), con apoyo de la Unión Europea, y al secuestro del primer ministro noruego como amenaza al país, nos podemos imaginar que todo derivará en una suerte de escalada de violencia en la que el pueblo tomará parte, independientemente de sus convicciones.

El matrimonio formado por Bente y Thomas, representación de la Noruega "media".
El matrimonio formado por Bente y Thomas, representación de la Noruega "media".

Y así es, la escalada de violencia llega, avanza y se instaura como un mecanismo de avance del conflicto. Primero de forma verbal, después con un componente físico que la lleva a terrenos más cruentos. Occupied indaga en la creación de un movimiento de reacción ante la invasión rusa (con un gobierno del país en Oslo, incluso) en la que se puede ver todo el espectro, desde la resistencia pacífica hasta la violencia exacerbada. La serie se atreve incluso a dar una explicación de la posibilidad de un auge de grupúsculos terroristas de resistencia. Así, el movimiento Noruega Libre, que lucha contra los rusos, comienza a cobrar importancia capítulo a capítulo hasta llegar a un sorprendente y brillante desenlace en el último episodio, en el que, además, se consigue ofrecer un discurso que reflexiona sobre el uso de las herramientas audiovisuales y comunicativas que llevan a cabo este tipo de agentes (resuenan los videos del EI en algunas de las imágenes al respecto).

En el apartado arquitectural, Occupied se estructura mediante las elipsis. Cada episodio indaga en una sucesión de hechos ocurridos mes a mes. Así, los diez capítulos de la producción nos conducen desde abril hasta diciembre a través de la ocupación y todas las consecuencias de esta. Y entre estos sucesos que sí se nos muestran de forma directa se desarrollan los espacios vacíos, rellenados con inteligencia a través de la inclusión de informativos, del trabajo periodístico de Thomas Eriksen, uno de los protagonistas, o simplemente dejándolos como preguntas sin respuesta “oficial”, es decir, otorgándole al espectador la capacidad de explorar por sí mismo el camino.

Resonancias de actualidad. Las imágenes de Noruega Libre.
Resonancias de actualidad. Las imágenes de Noruega Libre.

La Guerra Fría escrita por Jo Nesbø permite a la ficción indagar en un abanico amplio de temáticas de actualidad. Desde el asesinato de agentes de prensa por parte del gobierno ruso hasta las crisis migratorias tienen su espacio en Okkupert. La serie noruega se asienta como una obra que mira, sin complejos, hacia las relaciones de interés que persisten entre naciones (también con presencia estadounidense, por supuesto). Una partida de ajedrez que se desarrolla a través de dos bandos diferenciados, pero con muchos elementos en común; dos lados del tablero representados por el primer ministro noruego Jesper Berg y su homóloga rusa Irina Sidorova, una Cristina Cifuentes cosaca y a la máxima potencia que hace totalmente suyos los espacios de la villanía. Entre medias de los líderes, un imponente degradado de situaciones, pensamientos y reacciones ante la invasión que va desde el personaje de Bente, dueña de un restaurante frente a la sede del gobierno ruso en Oslo, que pasará del escepticismo frente al movimiento anti-ruso a una suerte de colaboración total, o Wenche Arnesen, jefa de la policía noruega, que se guardará el giro más radical –y muy bien efectuado– de la temporada. Porque en tiempos de guerra, aunque sea fría, (casi) todo vale para defender los ideales.

Irina Sidorova, la gran villana. Fantástica interpretación de Ingeborga Dapkunaite.
Irina Sidorova, la gran villana. Fantástica interpretación de Ingeborga Dapkunaite.

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