'Stranger Things' y la zona de confort

Pese a entretenida, la serie veraniega de Netflix no deja de ser un incesante refrito del cine de misterio y aventuras de los 70´s y 80´s, sin aportar apenas nada nuevo.

Cuesta creer que ‘Stanger Things’, la serie del verano, tuviera problemas para encontrar cadena que la produjera. Cuentan sus creadores que fue rechazada hasta en veinte ocasiones antes de llegar a Netflix, donde ha sido acogida con gran éxito de público y crítica.

Sorprende porque la fórmula planteada por los hermanos Duffer parece, desde fuera, una jugada ganadora asegurada. ‘Stranger Things’ se cimienta sobre los pilares del cine de aventuras y misterio de los 70´s y 80´s, de forma todavía más literal que la ‘Super 8’ de J.J. Abrams, que planteaba cierta reflexión sobre la nostalgia del creador y la evolución del cine en los últimos treinta años. La serie de Netflix se parece más al ‘Episodio VII de la ‘Star Wars’ del mismo Abrams, un empacho de ensalada de nostalgia plagada de escenas que aluden a referencias explícitas de decenas de películas ochenteras que el espectador de más de treinta años encuentra y reconoce sin problemas.

Resulta irónico que una de las peticiones más comunes de las cadenas que rechazaron el proyecto fuera que este se convirtiera en un show para niños, cuando el público objetivo es claramente el niño que creció en los años ochenta y que ahora, en su madurez, busca desesperadamente cualquier excusa para volver a la inocencia de su infancia. Esa miopía por parte de productoras y distribuidoras demuestra la razón del éxito de Netflix en los últimos años. La plataforma online ha sabido leer como nadie (Big data mediante) las necesidades del espectador contemporáneo, quien no busca que lo sorprendan, si no volver a ver aquello que ya sabe que le gusta, con un nuevo envoltorio. Sólo así podemos entender el auge de los remakes y las continuaciones de series clásicas como ‘Full house’, Gilmore Girls’ o ‘X-Files’.

Puede parecer que vivimos en un infinito bucle cultural que, lejos de innovar y aportar algo nuevo, se conforma con mirar constantemente al reflejo del pasado reciente. Sin embargo esta tendencia es una constante en la historia de la producción cultural. Quitando el breve periodo de la modernidad y las vanguardias (y con matices), el arte siempre ha estado plagado de ‘revivals’ y ‘neo’ estéticas.

Lo nuevo es viejísimo. Hasta puede decirse que siempre es lo más viejo.

Eugène Delacroix.
Escena de 'Stranger Things' (2016)  que nos recuerda a 'The Goonies' (1985) o 'E.T. the Extra-Terrestrial' (1982)
Escena de 'Stranger Things' (2016) que nos recuerda a 'The Goonies' (1985) o 'E.T. the Extra-Terrestrial' (1982)

Pero ahora más que nunca los espectadores deberíamos ser más exigentes con nuestro consumo cultural, y las productoras más arriesgadas a la hora de crear series que propongan algo diferente. ‘Stranger Things’ no es una mala serie, es entretenida y está bien producida, pero su visionado nos ha dejado fríos. La sensación de volver a un lugar conocido es agradable, reconfortante, pero nos aleja de la sorpresa y las emociones que suponen aventurarse en lo desconocido y descubrir algo nuevo.

Seamos claros: estudiar las estadísticas de consumo de los espectadores y construir series "ad-hoc" para ellos es una formula de éxito asegurado, pero cualquiera puede hacerlo. De los autodenominados creadores audiovisuales deberíamos esperar mucho más, sorprendernos y fascinarnos con algo que nadie esperaba como mínimo.

Muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo enseñas.

Steve Jobs.

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