‘Taboo’, el oro y la azucena

ANÁLISIS | Este artículo puede contener spoilers | La primera temporada de la ficción de HBO creada por Chips y Tom Hardy toca a su fin. Es tiempo de reflexión.

Hardy & Son (o, libremente, Hardy Co.) asimila su nombre al de una de las múltiples compañías que, tras la colonización de los territorios americanos por parte de los ingleses, mantuvieron las relaciones comerciales entre el nuevo y el viejo continente. Unas relaciones que inauguraron las líneas económicas que cruzan de un lado a otro del océano y que, hoy, son la causa de la mayor parte de los males del primer mundo. La costa este se mantuvo bajo el dominio de aquellos nuevos pobladores que llegaron dispuestos a vertebrar un nuevo futuro económico a expensas de aquellos que se encontraron, de manera frontal, con un destino de irremediable muerte y terrible destrucción. Los británicos Hardy & Son irrumpen en la cabeza visible de la televisión por cable en Estados Unidos, HBO, con las inquietudes necesarias como para cuestionarse qué ha pasado desde que Estados Unidos, España e Inglaterra peleasen de manera casi constante por ciertos territorios que conjuraban el control de la economía que transitaba de manera visible a finales del siglo XIX.

Identidad

¿Qué es Taboo? La respuesta es clara y directa. Tom Hardy. Su talento, y sobrevolando la producción, su exacerbado ego tendrán un papel preponderante en una producción que avanza salvaje. Como la historia a la que su libreto se refiere, como el comportamiento de los personajes a los que trata. La justicia, la expansión económica, la idea de comercio de un país gobernado por un príncipe regente completamente inútil que ha delegado en una serie de consejeros y organismos que procuran que el canibalismo económico - ¿le suena? - mantenga vivo su espíritu. Es la demostración de la continua victoria del ser humano sobre sí mismo. Taboo no es más que una parábola, o un cuento si lo desea, sobre la violación sistemática de los derechos de un hombre sobre otro. Una violación jurídica, moral, violenta y, por momentos, inexcusable.

Michael Kelly, las claves del patriotismo.
Michael Kelly, las claves del patriotismo.

La serie de los Hardy también edifica su credo en base a la identidad creada de un cierto país. En el segundo capítulo de la ficción, James Delaney visita a un médico, Dumbarton (interpretado por Michael Kelly). Se trata de un sanitario que, además de injerir en los cuerpos ajenos procurando su sanación, se dedica a teñir trapos con los que dar forma al ideario político que conforma el ejercicio propagandístico que la historia ha utilizado durante siglos para construir sus páginas. “Siempre hacen falta banderas”, se le escucha declamar. En otro instante de la trama, cuando la herramienta más utilizada de acusación infundada de un hombre a otro – la traición – se transmuta en épica, este mismo Dumbarton pronunciará la mayor sentencia histórica jamás escuchada en HBO: “Cuando mis rojos sean rojos, mis blancos sean blancos y mis azules sean azules, entonces me iré.

Nutka

Taboo indagará en la relación de varios países que terminaron formando un triángulo del conflicto, casi por llamarlo de alguna manera. España, Gran Bretaña y Estados Unidos. Todos buscando el control y el dominio de aquellas porciones de tierra que supusieran la apertura o el cierre de los territorios al mar o a las rutas comerciales donde, siempre por dinero, obtener el mayor de los ingresos. Se escucha, de forma reiterada, la clave para la supervivencia de la ficción. Pero, ¿qué es Nutka? ¿A que hace referencia esa palabra? Los Hardy no han utilizado otras piedras de toque para convertir su excusa histórica ficcionada en algo baladí. En Nutka se vivieron auténticas batallas diplomáticas.

¿Qué sucedió exactamente en el Estrecho de Nutka? Es obligatorio remontarse hasta el siglo XVI, en lo que hoy conforma la Columbia Británica, una zona perteneciente a la actual Canadá y cuya centro neurálgico es la ajetreada Vancouver. Decenas de exploradores españoles bordearon ambas costas de todo el continente americano, de norte a sur dominando las tierras por las que transitaban. Esta potestad, a priori absolutamente descontrolada, procede de una bula datada en 1493 otorgada por Alejandro VI, el Papa Borgia – español, para más señas – estableciendo un meridiano a cuyo oeste todas las tierras halladas o por hallar pasaban al control absoluto de los Reyes Católicos. No fue hasta los años comprendidos entre 1790 y 1794 cuando se celebraron tres reuniones diplomáticas, las Convenciones de Nutka, por las cuales los territorios de la costa noroeste de América del Norte quedaban bajo el control del Reino Unido ascendiendo la colonización y los asentamientos de los británicos en la zona hasta lo que se dio en llamar Oregon.

España, Reino Unido y Rusia (por la vinculación comercial que se establece en el conocido Estrecho de Bering) tomaron parte de un conflicto que se extendió por toda la costa hasta alcanzar los territorios que hoy conforman California, donde las misiones y la presencia española era fehaciente. La ficción de HBO se ambienta en 1814. ¿Qué sucedía tras la firma del tercer tratado de Nutka? Las fuerzas españolas evacuaron la zona el 2 de abril de 1795 permitiendo el comercio y la libre circulación de los demás estados implicados y devolviendo finalmente los terrenos a los británicos con un simbólico izado de la Union Jack.

Los Hardy aprovechan para situar su trama en un periodo en que Europa se hallaba más preocupada de qué sucedía dentro de sus fronteras que al otro lado del océano. Reino Unido y España tenían al enemigo más cerca de lo que pensaban. El 28 de mayo de 1804, Napoleón Bonaparte se convertía en emperador de Francia. Las coaliciones establecidas contra el gobierno francés, los elevados costes de las constantes batallas navales entre galos y británicos provocaron que las atenciones fueran única y exclusivamente para la política continental.

Tampoco es casualidad que la Compañía de las Indias Orientales, gobernada en Taboo por el férreo y antipático rostro de Jonathan Pryce, encontrase un momento de sosiego con el que preocuparse de la presencia de quien ocupaba Nutka más que de los asuntos que les concernían como una institución en política comercial exterior. La East India Company se encontraba entre la problemática con China por el comercio de opio (cuyo monopolio perdió en 1813), las importaciones de té, las guerras Maratha (asuntos que perpetuaron las complicadas relaciones con la India).

Estados Unidos no entró en juego, en los territorios de Nutka, hasta 1819, cuando la firma del tratado entre John Adams y el ministro español Luis de Onís llevó a una división entre los territorios que pasaban a formar la frontera entre los EE.UU. y el Virreinato de Nueva España. La división se realizó por encima del paralelo 42 norte, justo en la frontera con California. Los españoles cedieron Florida y los territorios de Oregon, permaneciendo bajo su control la costa californiana y Texas.

Oona Chaplin, el espíritu de Delaney. De sus miedos y sus vicios.
Oona Chaplin, el espíritu de Delaney. De sus miedos y sus vicios.

Oscuridad

Su protagonista, James Delaney, irrumpe en una sociedad establecida pero en constante movimiento. Nadie se sorprende por la llegada del hijo perdido. Solo quieren reclamar lo que es suyo. Taboo es una serie en la que todos los personajes se comportan como absolutos depredadores. Se agazapan para después emerger hacia la yugular de sus adversarios en cuanto les es posible. El comportamiento de todos ellos viene dado por el miedo, por el instinto de protección que Hardy abandera pero en una comunidad que, presuntamente, no lo necesita por hallarse próxima a los límites de la civilización. Delaney procede de lo desconocido, de lo salvaje. Y es, paradójicamente, quien mejor se comporta en un territorio conocido.

Taboo mide el orgullo de los machos alfa que dominan la narrativa de la serie. Las dos señoras Delaney, ancladas de forma plenamente sexual a aquel apellido, dispensan unos pocos efectistas e inútiles golpes de gracia. Pero, como rezaba Joseph Conrad en su excepcional El duelo - convertida posteriormente en Los duelistas (Ridley Scott, 1977) – eran “como dos artistas dementes empeñados en dorar el oro o teñir una azucena”.

Con mayor veracidad demostrada que ficciones sobre pontífices cuestionados, superhéroes venidos a más y robots con capacidades más allá de sus posibilidades, Taboo no es más que una crónica sobre un tiempo salvaje, sobre una violenta época que determinó las condiciones sociales en las que el mundo presuntamente civilizado debería desenvolverse en siglos venideros. Un presagio de los preceptos capitalistas, de la globalización económica que culminó en la necesidad de convertirse en salvajes protectores de la propiedad privada por encima de los intereses colectivos.

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