'The Girlfriend Experience', historia de una puta de lujo

La serie producida por Steven Soderbergh huye de la moralina contra la prostitución para plantear que en la sociedad tardocapitalista quizás todos seamos un poco putas.

Christine (Chelsie) llora desconsoladamente en el baño de una habitación de hotel. Segundos después se coloca el vestido, se repasa temblorosamente el Rimel y abre la puerta intentando transmitir cierta profesionalidad, decidida a realizar su primer trabajo lésbico. Esta será la única vez que veremos a Christine venirse abajo, aquí y cuando se siente juzgada por los demás. Porque The Girlfriend Experience no es una serie condescendiente que nos muestre a una pobre chica que se hace escort por necesidad, aunque le ayude a pagar su carrera de derecho, ni juega a plantear que la ausencia de estado de bienestar en la sociedad norteamericana obligue a gente sencilla a realizar actos reprobables como Breaking Bad. No, Christine folla con desconocidos por dinero porque quiere, porque es la manera que tiene de conectar con los demás.

En una ocasión Christine le pregunta a su hermana si considera que es anormalmente egoísta o directamente una psicópata, porque se siente incapaz de establecer relaciones afectivas tradicionales. Pero lo cierto es que lo mismo podríamos decir de sus clientes, hombres de mediana edad con la cartera llena, exitosos laboralmente y con apartamentos tan impresionantes y grandes como vacíos. En la mayoría de servicios que realiza Christine (bajo el sobrenombre de Chelsie) el sexo queda relegado a un segundo plano; sus clientes buscan compañía, admiración, alguien que finja escucharlos y comprenderlos de verdad, algo de cariño, y sí, claro, un cuerpo joven y bonito que poseer durante unos minutos.

The Girlfriend Experience nos presenta un ejemplo extremo, y focalizado en la élite económica y social, de cómo las relaciones humanas actuales se han visto impregnadas por una lógica similar a la que opera en el mercado capitalista, centrando la experiencia en nuestras necesidades y fomentando el consumo de parejas como si de cualquier otro producto se tratara, independientemente de que exista (o no) transacción económica de por medio. La "cultura kleenex" que nos rodea, como la denominan algunos sociólogos, nos insta a descargar aplicaciones en las que podemos seleccionar y descartar parejas sexuales como quien escoge una estantería de Ikea, produciendo relaciones efímeras e insustanciales, simple consumo sentimental con el que satisfacer inmediatamente nuestras pulsiones más básicas. Irónicamente la mayoría sigue soñando con un amor arquetípico, ese que se nos vende a través del cine o la música pop, pero la pulsión por la novedad y el individualismo sistémico a nuestro tiempo nos aboca irremediablemente a esta constante deriva emocional. Hay muchos peces en el mar, escoge otro y guarda el ticket, si no te convence devuelvelo antes de quince días.

Riley Keough, la nieta de Elvis Presley, se desnuda física y emocionalmente para sostener sorprendentemente bien un relato complicado, frío y lento, lleno de silencios y que huye hábilmente de la moralina. En un contexto de egos desmedidos, ambiciones laborales sin escrúpulos y relaciones deshumanizadas, Steven Soderbergh produce una historia que elige no posicionarse moralmente en relación a la prostitución, aunque se muestra contundente en su crítica a la hipocresía de todos los personajes secundarios que se atreven a juzgar las acciones de Christine, quizás el único personaje sincero y honesto de toda la serie, a pesar de tener que usar un alias para ejercer su actividad profesional. En un mundo en el que todos somos productos con marca personal, en el que todos explotamos y/o somos explotados por alguien, y en el que consumimos relaciones como camisas de Zara, ¿quién se siente con la autoridad moral de juzgar a Christine?

- You were paid to be there.

-Everybody's paid to be everywhere.It's called an economy.

- You just want the money.

- I want everything about it! I fucked people, David, but I didn't fuck them over, like you were doing with XHP. And I'm selling, yeah, but I know exactly what I'm selling, and they know exactly what they're buying.

-Yeah, cause you're a fucking whore!

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