'UnREAL', los caníbales de la tele

Posibles SPOILERS | La segunda temporada de la serie creada por Sarah Gertrude Saphiro y Marti Noxon se ha revelado como la elevación máxima de su propuesta vertebral.

Cuando en el año 2005 la escritora Amélie Nothomb publicó Ácido sulfúrico las pieles más finas pusieron el grito en el cielo. Y los críticos más favorables elogiaron la capacidad de la belga-japonesa para ofrecer una síntesis mordaz de la sociedad contemporánea. En la novela, la novelista imaginaba un reality show que rompía audímetros y copaba portadas de prensa recreando, con todo lujo de detalles, un campo de concentración. Los espectadores podían eliminar/ejecutar a los concursantes desde el salón de su casa, mientras que los productores y conductores del show disfrutaban y se ensañaban con sus cuerpos, reducidos a mera mercancía. La sociedad contemporánea y sus ansías de morbo, violencia y oscuridad se concentraban, como no podía ser de otra forma, en el mundo de la pequeña pantalla. Probablemente no exista un mundo más caníbal que la televisión. Y más concretamente, el reality show. No muy lejos de la idea de Nothomb, en 2015 la cadena Lifetime dio salida a UnREAL, un acercamiento a las bambalinas y a los talleres de realización de un programa llamado Everlasting que adopta los patrones de tipo Granjero busca esposa.

Si en la primera temporada de UnREAL ya se vieron trazas de esto, la segunda ha supuesto el giro de tuerca, el súmmum de la manipulación, el cinismo y la fagocitación de voluntades en pos de las telemetrías. Y si el show existiese, probablemente habría sido récord también de audiencias y personas pegadas al televisor. Con el horror de la muerte de Mary todavía coleando desde el curso anterior, Everlasting se presenta en su nuevo ciclo dispuesta a cambiar la imagen. Y más allá, a ofrecer algo insólito en la historia de la cadena. Para ello, Rachel (impecable Shiri Appleby en todos sus registros) consigue que, primero Quinn, y después la cadena, acepten su proposición de que el pretendiente sea, por primera vez, negro. Así, de un golpe, a todo el chismorreo y el cinismo habitual, la obra de Lifetime añade la cuestión racial. Tomando prestada la expresión habitual de Quinn (una fantástica Constance Zimmer), infalible e insoportable jefa de producción del show: “Boooom!”.

De Adam (derecha) a Darius (izquierda), los dos pretendientes de 'UnREAL'.
De Adam (derecha) a Darius (izquierda), los dos pretendientes de 'UnREAL'.

La segunda temporada de UnREAL se ha convertido en una elevación a la máxima potencia de lo que se pudo ver en la primera entrega. Quinn y Rachel han vuelto a ser el dúo protagonista e incluso con muchas más tiranteces que en los primeros diez episodios es innegable su química, sobre todo profesional (son dos auténticos depredadoras televisivas), pero también en un aspecto más personal. Se puede hablar de Quinn como la madre sustituta de Rach, la persona que ocupa los huecos que dejan sus no-presencias. Y lo cierto es que esta situación podría dar lugar a una historia bonita para la serie… si no fuese una absoluta mentira y Quinn solo buscase que su productora sacase lo peor de sí misma para ofrecer las “razones” de una máxima audiencia.

Todo, absolutamente todo en Everlasting es una pieza insertada en un engranaje mayor. Un fragmento de una máquina que fagocita la realidad y la vehicula con el único fin de obtener la mejor de las historias. Siguiendo la máxima del peor periodismo, en las salas de producción del programa se sigue el “que la realidad no te estropee una buena historia”. De esta forma, todos los que entren a trabajar a las órdenes de Quinn han de saber que solo son una de sus herramientas. Y que si no entran en su juego y pasan por el aro, no sirven. Nadie se libra en UnREAL; el casting de la serie ha conseguido que su elenco de personajes sea uno de los más abominables de la televisión actual. Y eso para la ficción creada por Sarah Gertrude Saphiro y Marti Noxon es el mejor de los trajes de noche. Le sienta de maravilla. Solo Jay y la doctora Wagerstein, ni siquiera Rachel (que en la primera entrega estuvo rodeada de un aura de ambigüedad), han presentado algunas muestras de compasión humana entre los miembros del equipo de rodaje. Sorprende, en este sentido, el meteórico ascenso de Madison, que ha pasado de ser la inocente becaria del departamento a convertirse en otra productora inmisericorde que, además, disfruta con el dolor ajeno y la posición de “villanía” tanto o más que sus compañeras.

Jay y Madison, la cara y la cruz de la sala de producción.
Jay y Madison, la cara y la cruz de la sala de producción.

Sin embargo, la entrada en acción y redacción de Coleman ha supuesto el perfecto giro para esta segunda temporada. El nuevo director impuesto por Gary, magnate de la cadena, se ha convertido en una especie de némesis y justiciero frente a la ausencia de empatía y carácter compasivo de Quinn y, en menor medida, Rachel. Así funciona UnREAL, haciendo un uso muy interesante, pero muy alocado, de los pivotes narrativos. De esta forma, hemos descubierto también la verdadera identidad de Yael, una de las pretendientes, revelada como una periodista dispuesta a todo para desenmascarar las prácticas vejatorias de un espectáculo que, como ha sufrido en sus carnes, no duda en ocultar una lesión de uno de sus participantes, aunque eso le suponga la incapacitación de por vida en su profesión, oculta un suicidio para beneficiarse de la situación o destroza sin parpadear a dos mujeres (los tramos de Beth Ann y la propia Yael). Un show cuya mejor idea para garantizar la polémica es una encerrona que incluya a un quaterback negro como pretendiente, la hija de un presidente que quiere hacerse con sus servicios, una tejana que enarbola la bandera confederada y una intelectual activista negra que supondrá el contrapunto a la anterior. Un programa que tiene como último fin la audiencia y en cuyo camino el fin justifica los medios. Sabemos que, como el Concentración imaginado por Nothomb, solo se trata de una metáfora, o eso queremos pensar, pero lo cierto es que, ahora, cuando aparezca uno de estos realities en nuestros televisores, será difícil no acordarse de Quinn, Rachel y toda esa manada de lobos televisivos. Para eso sirven los símbolos: para alertar sobre las posibles derivas del mundo real.

"Booom!". El cóctel "explosivo" de 'UnREAL'. De izquierda a derecha: London, Tiffany, Beth Ann, Ruby y Yael.
"Booom!". El cóctel "explosivo" de 'UnREAL'. De izquierda a derecha: London, Tiffany, Beth Ann, Ruby y Yael.

Únete gratis a y podrás

  • Seguir a otros usuarios
  • Escribir artículos
  • Comentar artículos
  • Mas información
Registrate/Accede No, gracias