'Vikings', los hijos del viejo jabalí

ANÁLISIS | Ojo, SPOILERS - La segunda mitad de la cuarta temporada supone un salto hacia delante para la serie de History Channel, tanto en lo narrativo como en lo formal.

La venganza se ha erigido como el principal motor narrativo de la última tanda de Vikings. Tras la elipsis, y con todos los hijos de Ragnar ya en edad adulta, la serie ha madurado hacia un periodo de mayor oscuridad. Una explicitud que ha centrado la mirada de la dirección y que, por fin, ha traído algo que faltaba en la ficción de History Channel: la muerte de sus personajes principales. Siempre se le había achacado a la producción que nunca dejase morir a sus protagonistas y en esta segunda mitad de temporada, la creación de Michael Hirst se ha desquitado de toda acusación a lo grande.

Como si se tratase de un personaje más, la Muerte ha caminado entre los campos de batalla, pero también en los asentamientos menos castigados por la guerra. Desagravios, ajustes de cuentas, recuperación de territorios… Todo ha sido un gran festín para la parca. Así, en el decálogo de episodios que nos ha regalado la teleficción histórica, hemos podido ver varios fallecimientos. La confrontación entre Aslaug y Lagertha, quien con su ejército de vikingas recupera Kattegat, anunciaba cómo esas dos patas, venganza y deceso, iban a sostener todo el arco argumental de este tramo final. De su enfrentamiento surgió una de las secuencias más tensas de la temporada.

“Yo nunca me olvido de nada. Quiero que sepas que nunca podré perdonarte por quitarme mi marido y mi mundo. ¡Y mira lo que has hecho con él! Te llamas reina… pero jamás serás reina en Kattegat.”

Así, tras los primeros compases, en los que también pudimos ver los intentos de Ivar por convertirse en un guerrero (4x13), el asesinato de Aslaug por parte de Lagertha (4x14) abrió la veda para un sangriento carrusel de muertes. Las ha habido más y menos violentas, inesperadas, lógicas e incluso crueles. Pero, sin duda, la de Ragnar Lothbrok (4x15) será recordada, probablemente, como el episodio más impactante –y mejor estructurado– de toda la serie de History, por la construcción del guión en un solo espacio, por la utilización de las herramientas en beneficio de la tensión ascendente (el uso de la música es brillante en toda la obra) y por lo icónico del personaje y su asesinato entre serpientes. Y porque, por si fuera poco, tiene un papel relevante como pivote argumental de todo lo que prosigue.

“Cómo gruñirán los jabatos cuando vean cómo sufrió el viejo jabalí”, espeta el Rey vikingo, ya demacrado y momentos antes de ser lanzado al pozo en el que los reptiles lo finalizarán. La última amenaza adopta el semblante sonriente de quien sabe que su destino será el principio de la victoria. De aquel que ya ha aceptado que su papel entre la población ya es solo representativo y que su hijo Björn ha tomado su posición de liderazgo. Sin embargo, en un último destello de lucidez, Ragnar se asegura de que Ivar llegue a tierras nórdicas y anuncie su asesinato y, por fin, se cree la gran armada vikinga que, con la excusa de su resarcimiento, termine de asentarse y conquistar el norte de Europa, el gran sueño de Lothbrok durante toda la cronología de hechos. Una idea, la de la venganza, que sintetiza a la perfección el último plano del 4x15, en el que el propio Ivar sostiene un muñeco que sangra en señal de rabia.

Así, la partida de Ragnar Lothbrok ha originado la trama central del tramo final. Su venganza, que también contiene las imágenes más sanguinolentas de toda la producción norteamericana. Cada plano de la segunda mitad sabe a metal, hierro, acero. En definitiva, a sed de sangre. No en vano, la venganza consumada sobre el Rey Aelle ofrece las imágenes más potentes y explícitas que hemos podido ver a lo largo de Vikings. En un movimiento inteligente, los creadores deciden mostrar con cierto detalle el Águila de sangre con el que Björn ejecuta al Rey británico como represalia por el asesinato de su padre. Esa explicitud no es gratuita, sino que viene a situar al descendiente en un espejo frente a su predecesor. Nada tiene que ver la forma en que se muestra esta forma de ejecutar cuando la realiza Ragnar (2x07) a cuando lo hace Björn (4x18). Mientras que la primera vez la puesta en escena resulta mucho más lírica, a fin de suavizar, y se apoya más en la música, el fuera de campo o el desenfoque selectivo, la segunda es un artefacto mucho más manifiesto y transparente. No hay dulcificación, ni siquiera la distancia de la cámara que sí se mostró en aquel 2x07. De esta forma, a través de esa crudeza en las imágenes, el dispositivo formal se encarga de hacer comprender al espectador que la fiereza de Björn es mucho más incontenible que la de su padre.

Por lo demás, con el protagonista fuera de la ecuación y con sus hijos clamando expiación, el serial ha indagado en la diversidad de personalidades de los hijos del jabalí, pero sobre todo en el que a priori apunta a convertirse en uno de los líderes de la última entrega. Ivar, el deshuesado, ha cobrado protagonismo gradualmente y ha proporcionado uno de los grandes giros conceptuales de la obra. Gracias a su intervención, por primera vez en el desarrollo argumental, vemos como el ejército vikingo (esa Great Army reunida con un único fin) obtiene la victoria en el campo de batalla a través de la estrategia militar y no solo de la fuerza bruta y la fiereza en el terreno. Una victoria que trasciende la mera gloria militar y que permite a los guionistas situar a Ivar en un plano superior al resto de los hermanos, quizás al mismo nivel que a Björn, pese al giro final en el que el personaje asesina a su hermano Sigurd tras una discusión sobre el camino a seguir tras conquistar Wessex.

La trenza entre emotividad, poesía visual y violencia ha vuelto a situarse como sello de estilo de Vikings. El vigor que caracteriza las secuencias de batalla ha permanecido intacto desde el episodio piloto hasta hoy, pero la teleficción ha sabido potenciar la belleza de sus imágenes (el anuncio de la muerte de Ragnar a sus hijos) según sus necesidades narrativas y sin perder, por ejemplo, su clásica mirada hacia los rituales vikingos (los sacrificios del 4x12 o el 4x18). De esta manera, en la segunda mitad de la cuarta tanda de episodios, hemos podido ver encadenados de muerte y sexo (4x18), montajes paralelos para mostrar el cruce de estados de ánimo, o discursos emotivos como los sinceros agradecimientos de Ragnar a Aslaug y de Ivar a Ragnar (4x12) o la pena incalculable de Floki tras el funeral de Helga (4x20), cuyo discurso suena a despedida.

“Yo también estoy muerto. Una parte de mí murió con mi hija Angrboda, una segunda parte con Ragnar y la última parte de lo que fue Floki se marchó con mi dulce y triste Helga. Ahora no soy nada. Y toda esta nada se la doy a los dioses para que hagan lo que quieran con ella. Y seré una nave vacía sin timón, puesta sobre su mar sin fin. Donde me lleven, iré.”

Da la sensación de que la última temporada de Vikings será de ruptura. Los personajes iniciales han ido o muriendo o perdiendo peso, a excepción de Lagertha, quizás. Ya no veremos en la quinta tanda de capítulos ni a Aslaug, ni a Ragnar, ni a Helga, Sigurd o los reyes Aelle y Ecbert, todos ellos fallecidos. Tampoco parece que vaya a tener mucho peso el malherido Floki y nos queda la duda de si Torvi yace también muerta o no. Con todos ellos en el Valhalla, y con la anunciada irrupción como antagonista de Jonathan Rhys Meyers, al que ya hemos podido ver en el epílogo como obispo de las cruzadas, parece ser que la primera línea de batalla corresponderá en el desenlace a los descendientes. El destino de la comunidad, y de la serie, queda en sus manos. Las del gran ejército comandado por los hijos del viejo jabalí.

Únete gratis a y podrás

  • Seguir a otros usuarios
  • Escribir artículos
  • Comentar artículos
  • Mas información
Registrate/Accede No, gracias