El Rayo de Leith

REPORTAJE | Vallekas y Leith comparten muchas cosas: historias similares, carácter rebelde, independiente y luchador... y un equipo que representa los valores del barrio.

En inglés / English: The 'Rayo' of Leith

Elige un barrio. Elige equipo. Un campo de fútbol. Elige una pasión. Unas siglas. Un grupo de gente con el que te identifiques. Un cántico que resuma lo que sientes. Una forma de vida. Elige luchar por lo que es tuyo. Elige Leith. Elige Vallekas... No las pronunció Mark Renton, pero estas palabras perfectamente podrían incluirse en una reformulación de la clásica escena inicial de Trainspotting (Danny Boyle, 1996). El inicio de aquella película hablaba sobre algo tan sencillo, pero tan olvidado en el mundo actual, como la libertad para decidir el camino que escogemos. Aunque en la elección optemos por “la mala vida”. Separados por alrededor de 2000 kilómetros, un océano y dos países se encuentran los barrios de Leith, en la costa de Edimburgo, y el de Vallekas, a las afueras de Madrid. Las dos barriadas permanecen unidas, en cambio, por la imagen que les devuelve el espejo y por la situación histórica que han mantenido respecto a la ciudad en la que se enmarcan sus nombres. La pertenencia siempre fue más determinada por los sentimientos que por las fronteras. En Easter Road y en la Albufera se encuentran dos de los últimos bastiones barrionalistas de Europa. El Hibernian FC y el Rayo Vallecano, dos equipos atravesados por sus respectivos barrios. Dos barriadas que, con perfiles similares, tienen en sus escuadras un motivo de orgullo, símbolo de su carácter guerrero y reafirmación de la lucha interminable de sus gentes. Dos ejemplos de que el fútbol no siempre son once jugadores pegándole patadas a un balón. A veces, hay muchísimo más si hurgamos en sus profundidades.

El pasado 21 de mayo de 2016 volvió a resonar el Sunshine on Leith en la grada de Hampden Park que ocupaban los Hibees. Más emocionante que nunca. Unos minutos antes, en el tiempo de descuento, el capitán David Gray había hecho enloquecer a su afición al anotar el gol que supondría la consecución de la Scottish Cup para el equipo de Edimburgo. Por primera vez desde 1902, los Hibs volvían a ganar una de las dos grandes competiciones nacionales con un barrio totalmente volcado con la final. “En Leith Walk no había quien parase. Hasta en mi zona, que está bastante lejos de Leith, incluso se podría decir que es zona Heart, durante el domingo no paraba de oír jaleo en las calles. La verdad es que fue todo una locura”, explica Víctor Pérez, periodista e hincha rayista afincado en Edimburgo. Afortunadamente el equipo ganó 2-3 a los Glasgow Rangers, pero cabe imaginarse que si el cabezazo de Gray no hubiese besado las mallas y el resultado final hubiese sido otro, la hinchada hubiese entonado igualmente la canción de los Proclaimers, convertida en el himno no oficial del club. De la misma forma que la afición de Vallekas permaneció en la grada, cantando y animando a sus jugadores, una semana antes, tras consumar el equipo su descenso a Segunda después de cinco ciclos consecutivos en la élite. “My heart was broken, my heart was broken. Sorrow. Sorrow. Sorrow”. Tal para cual. Si algo tiene una afición que no está acostumbrada al triunfo es que apenas penaliza la derrota. Su fidelidad no es negociable. Por algo los matrimonios de verdad resisten el paso que va de la salud a la enfermedad, del éxito a la derrota y mantienen la llama viva hasta que la impuntual termina por apagarla.

La Reina Victoria ataviada con la bufanda de los Hibs tras el título.
La Reina Victoria ataviada con la bufanda de los Hibs tras el título. - Foto: Víctor Pérez

Ni Leith ni Vallekas son barrios acostumbrados a vencer. Sí a luchar, si bien lo segundo no es siempre garantía de lo primero. Pero no puede perder aquel que no lucha. Quizás sus “guerras” más legendarias fuesen la resistencia que ambas mantuvieron el siglo pasado antes de incorporarse a los términos municipales de sus dos metrópolis madre y que aún colean hoy día en el imaginario de ambos. Por el contrario, sus mayores victorias tienen que ver con la dignidad con la que ambas se defienden ante la adversidad. Históricamente, Leith se constituyó como el puerto principal de la Costa Este de Escocia. Durante años fue un pueblo industrial y portuario repleto de callejuelas grises y angostas y de astilleros, quizás la encarnación más fiel de todo espíritu combativo. Este término costero fue independiente hasta el año 1920, fecha en la que fue incorporado al burgo pese a la fuerte oposición de la mayoría de los leithers (los habitantes del barrio), que no deseaban perder su condición de independencia respecto a la ciudad.

 La historia de Vallekas no se escapa muy lejos del relato sobre Leith. Ni siquiera en el carácter portuario de la ciudad escocesa, pues la relación vallecana con el mar es más bien estrecha. Situada en un lugar estratégico por su emplazamiento en el camino de Valencia a Madrid, la barriada de Vallekas enseguida fue ocupada por la industria y la inmigración rural. Las familias llegaban desde las zonas más pobres de España con el único objetivo de vivir. Ni más ni menos. Por eso, no les importó dónde establecer su techo (cuevas, casas de ladrillo de estructura enclenque, etc.), como muestra el magnífico reportaje de J. J. Mancha publicado recientemente en Vallecas Web. La región se atestó de fábricas de lámparas de incandescencia, yeso, cemento o ladrillo, incluso de panificadoras, muy abundantes en la zona. Todas estas “manufacturas” ocuparon el barrio, situado a las afueras de Madrid, hasta los años 60, en los que la industria comenzó a decaer. De la misma forma que Leith, Vallekas permaneció como municipio independiente hasta el año 1950, en el que un Decreto Ley la anexionó a la capital española. La condición obrera sobre la que se levantó el barrio lo convirtió en un paradigma de la lucha de clases y la pelea por las causas de las denostadas clases trabajadoras. Una custodia que, pese a los enormes cambios, se arrastra hasta nuestros días. Si durante la Guerra Civil fue un punto destacado de la defensa de Madrid y, más tarde, uno de los bastiones del movimiento asociativo contra el franquismo, Vallekas sigue siendo a día de hoy uno de los baluartes barrionalistas más combativos de toda la geografía española y un lugar en el que la solidaridad se ha erigido como única bandera. Con permiso de la calavera, las tibias y el fondo negro que hondea en el alma de casi cada vallecano. Ese amparo de los valores del barrio y de la unidad de sus habitantes continúa siendo hoy uno de los rasgos más identificativos del pueblo vallecano. Y gracias a esa misma gente, también del Rayo, un equipo que necesita de su masa social tanto como los aficionados lo necesitan a él.

Un escaparate en Leith. Llama la atención, sobre el resto, el lema con grafía soviética: República Popular de Leith.
Un escaparate en Leith. Llama la atención, sobre el resto, el lema con grafía soviética: República Popular de Leith. - Víctor Pérez
Escaparate de un comercio en Vallekas (Bestiario Shop).
Escaparate de un comercio en Vallekas (Bestiario Shop). - Instagram: djdrez1

Las historias de Vallekas y Leith caminan por senderos similares. Como explica Víctor Pérez, “si el paradigma de barrio obrero en España es Vallekas, en Escocia (o al menos en Edimburgo) lo es Leith. Vallekas creció a golpe de emigración de provincias de alrededor y Leith no fue menos, sólo que de la isla de al lado, Irlanda, al ser una zona con mucha posibilidad laboral a finales de siglo XIX por ser el puerto de Edimburgo. De hecho se nota perfectamente la separación entre Leith y la zona noble de Edimburgo. No hay ninguna separación entre Leith y la New Town, y la diferencia es abismal. Lo primero, en arquitectura; mientras que en la New Town todo intenta seguir un mismo patrón arquitectónico, es cruzar Picadilly Place Roundabout y empezar a ver edificios de su padre y de su madre. Y la calle Easter Road, hogar de los Hibs, está repleta de edificios altos y oscuros, propios de barrios obreros. También en cuanto a comercios, mucho comercio extranjero, mucha inmigración y de vez en cuando síntomas de decadencia, solares, etc.”

Así las cosas, consecuencia directa o no, la anexión supuso en ambos casos el comienzo de un ocaso amortiguado en las últimas décadas. Aunque ni en uno ni en otro se hayan perdido los vestigios de ese pasado, que permanecen casi en cada esquina, como testigos de oro de otras etapas. Los años 80 trajeron vientos espinosos para las dos zonas. En el caso de Leith, no existe mejor cronista de ese crepúsculo forzoso que el escritor Irvine Welsh. Sus personajes son y serán para siempre el aliento de una época. Pocos han sabido concentrar tan bien, en tan pocas palabras, los pilares básicos de una sociedad abandonada al dulce abrazo del desmoronamiento. El fútbol, las drogas, el sexo, el alcohol... Con estos atractivos no puede ser casual que el díscolo y genial George Best acabase vistiendo la elástica verde. Incluso a pesar de su “problemática” ascendencia norirlandesa siendo los Hibs un club de carácter irlandés. El jugador perfectamente pudo haber sido imaginado por Irvine Welsh. El novelista nació y se crió cerca de Easter Road y en sus escritos ha radiografiado la idiosincrasia de un barrio que cala tan hondo como la heroína que protagoniza los desvelos de Sick Boy, Renton o el agente Filth, personajes que de haber nacido de la pluma de un escritor madrileño solo podrían haberlo hecho en los muelles de la Albufera. Porque pese a la distancia, la filosofía de vida es similar. Y la década de los ochenta también fue un ángelus de depresión para el barrio madrileño, que vio como sus calles se colmaban de droga y delincuencia y su vitrina de boxeo y púgiles ofensivos que luchaban por salir adelante gracias al cuadrilátero. Y que lo conseguían, en algunos casos llegando a pasear el nombre de Vallekas por Europa y el mundo con éxito. Tal vez la entonces emergente figura de Poli Díaz, el potro de Vallekas, haya sido la que mejor haya recogido la cicatriz de todas estas heridas: droga, boxeo, delincuencia, éxito y caída. Puro barrio.

Best defendió al Hibernian FC entre 1979 y 1980. Las taquillas se cuadruplicaron.
Best defendió al Hibernian FC entre 1979 y 1980. Las taquillas se cuadruplicaron. - stv.tv

Luchar, pelear, combatir... Quizás sean las palabras que más identifiquen a estos dos clubes y a sus barrios e hinchadas. O viceversa. Unos luchan por los otros, y los otros luchan por los unos. En 2010 la afición rayista se unió ante los impagos a los empleados y la amenaza de desaparición en los que la familia Ruiz Mateos había sumido al club. Vallekas no podía permitir que la franja roja fuese borrada del mapa. Con ella se iría un buen pilar del barrio y la afición no podía permitírselo. Más tarde, en noviembre de 2014, el club y la afición volvieron a ser protagonistas cuando el fantasma del desahucio agarró por el cuello a Carmen Martínez, una anciana de 85 años que veía como toda su vida le era arrebatada. Afición, pueblo y plantilla salieron al paso en su defensa, dándole visibilidad por una parte y pagando su reinstalación en última instancia. A su vez, Carmen cedió la mitad del dinero para que los hijos del ex portero rayista Wilfred pudiesen visitar a su padre, enfermo de cáncer. Así es el alma solidaria de Vallekas. Son solo un par de muestras de algo que va mucho más allá. De una conexión entre equipo y barrio que, teniendo en cuenta la historia y el apartado social de los mismos, era prácticamente necesaria. Sin embargo, no son los únicos. Otro ejemplo del rostro guerrero del Valle y su defensa de la identidad se pudo ver en el año 2000, esta vez fuera del ámbito estrictamente rayista, cuando los vecinos crearon la llamada Cofradía Marinera de Vallekas (¡Vallekas, puerto de mar!) para defender la tradicional Batalla Naval vallecana de los constantes intentos de prohibición, desacreditación y obstaculización a los que se la sometió durante años por parte del Gobierno del Partido Popular en la Comunidad de Madrid. A día de hoy, la fiesta se sigue celebrando “religiosamente” y la Cofradía continúa organizando con éxito la fiesta cada verano y, además, se ha convertido en un referente cultural para la zona. Pequeñas, pero enormes, victorias.

#CarmenSeQueda, el mensaje de lucha contra el desahucio de la mujer vallecana de 85 años, en noviembre de 2014.
#CarmenSeQueda, el mensaje de lucha contra el desahucio de la mujer vallecana de 85 años, en noviembre de 2014. - estadiodeportivo.com

Leith también ha vivido sus pequeñas grandes batallas. Y en algunas ocasiones también han tenido que ver con el equipo de su barrio. A veces lo uno se confunde con lo otro. Y, como explica Antonio Reguero, ex guardameta madrileño de los Hibs, en Leith Walk, que sería como la Albufera que conecta el puerto con el centro, The Shore y por supuesto en Easter Road no se puede no ser de los Hibbies: “La gente está identificada con el club, no hay día que pasees por allí y no veas a la gente ataviada con la camiseta verde. El día de partido todo el barrio se tiñe de ese color y se pueden ver los pubs de la zona abarrotados de gente esperando que llegue la hora del partido”. Víctor Pérez traslada esta idea a la rivalidad local: “Heart e Hibernian están cada uno en un punto de la ciudad y la zona del Heart es algo más acomodada. No sé si será algo sectorial, aunque parece que si eres de Leith y del Heart… algo no concuerda”. Precisamente con los hearts tiene que ver el que quizás sea el caso más relevante de comunión y protección entre habitantes y entidad de los últimos años. Corrían los 90 cuando el entonces presidente del vecino y rival de los Hibs propuso una fusión de los equipos. El Hibernian FC pasaba entonces por una mala racha económica, fundamentalmente debido a una espantosa gestión durante los convulsos años 80. La hinchada leither se tomó la oferta como una adquisición hostil y creó una plataforma de defensa de los intereses del club, Hands Off Hibs (“las manos fuera de los Hibs”), que guarda abundantes similitudes con la Plataforma ADRV que vela por los intereses de la Agrupación rayista.

No cabe duda de que el paso del tiempo ha hecho que la vida sea diferente de la de los años ochenta. La modernización de los barrios ha llevado a que en sus calles se alterne la identidad tradicional con una suerte de fenómeno globalizador. Por ejemplo, los pubs tradicionales se alternan con los bares de nuevo concepto. Si en Vallekas los botellines, los calamares, las alioli y el serrín se alternan con las grandes cadenas de tapas, el kebab y la cebolla caramelizada, en Leith ocurre lo propio con las marisquerías y los salones de té que ocupan los barcos anclados en el puerto y que se alternan con los pubs tradicionales de football, pintas y clientes en la puerta. No obstante, los vecinos se han encargado de mantener viva esa llama rebelde, esa grisura llena de alegría y color y esa defensa constante de principios. Los vallecanos y los leithers se han convertido en guardianes de su propia identidad. Y, en este caso, las escuadras que representan a los barrios también han sido testigos y parte implicada de esa salvaguardia. “Esa filosofía combativa y guerrera de no darse por vencido, la humildad y el trabajo de un equipo que sabe que no es el mejor de la Liga, pero que siempre va a pelear por ganar”. Con estas palabras equipara Antonio Reguero a ambos equipos. El ex guardameta hibbie, actualmente en el RoPS Rovaniemi finlandés, conoce bien ambos barrios, por eso su afirmación podría servir, sin cambiar ni una sola letra, para definir también los hálitos vallecano y leither y su actitud frente a la vida. Una eterna e incesante acometida.

"Leith Walk, al igual que la Avenida de la Albufera, sirve de arteria principal y conecta el barrio con el centro de la capital."
"Leith Walk, al igual que la Avenida de la Albufera, sirve de arteria principal y conecta el barrio con el centro de la capital." - Víctor Pérez

Por desgracia, ni siquiera algo tan puro y primario como el fútbol ha podido resistir los embates de la modernidad. Ya no es lo que era, ni mucho menos, y será imposible que vuelva a su estado anterior. De la misma forma que en Leith Walk o en los docks podemos ser testigos de cómo Leith se ha convertido en una zona de contrastes entre lo moderno (parques amplios, ensanches, hombres de negocios) y lo tradicional (callejones, prevalencia de la historia, espíritu obrero), el fútbol ha cambiado y ha dejado de ser la representación de dos ciudades enfrentadas mediante un balón. Las memorias del pasado marinero de Leith se unen ahora a las galerías de arte contemporáneo o a las grandes corporaciones, la abuela rockera de Vallekas convive con la apertura de nuevos espacios comerciales y el fútbol ha sido esquilmado poco a poco de su componente más romántico, invadido por trajes y corbatas que lo empujan a la mercantilización total. Por eso es vital la acción de las aficiones. Por lo mismo es primordial que tras equipos como el Hibernian FC estén siempre los habitantes de Leith y en las gradas del Rayo lata una afición que, comandada por la revolucionaria irreverencia de Bukaneros, se encargue de estimular la identidad humilde, obrera y luchadora de todo un entorno.

Por eso no importa tanto la división como la herencia y el orgullo de saber que eres miembro de algo tan grande que trasciende los resultados. La verdadera derrota sería dejar que muriese algo tan valioso. Porque como comenta el propio Reguero, “el fútbol en Escocia es una religión”, algo que va más allá del propio balompié. Se podría añadir que lo es en casi cualquier parte. A continuación, el guardameta da la clave de lo que debería significar el amor hacia este deporte: “allí no vale ser del Manchester United o del Real Madrid. Si eres de un pueblo con un equipo en tercera, tú eres de ese equipo. Lo mismo pasa con Hibernian, ellos tienen todo eso en el escudo y lo sienten como algo muy sagrado”, dice en referencia al arpa, el barco y el castillo, que representan los pilares básicos y fundacionales del club: Irlanda, Leith y Edimburgo. Lo mismo se podría decir del Rayo, cuya hinchada mantiene la firme idea de defender y representar a Vallekas por encima de todo y sienta las bases de su apoyo incondicional en la integridad de sus valores: la solidaridad, la pelea constante y la dignidad como bandera. “Honrad la franja” es la inscripción que se encuentran pintada en el suelo los jugadores rayistas justo antes de salir al césped de Vallekanfield (Carlos S. Blas dixit). Independientemente de si en Primera o en Segunda, categoría en la que militarán la próxima temporada ambos equipos, eso es lo importante. La dignidad de los símbolos será el orgullo de sus portadores.

Restos portuarios de Leith, cerca de la desembocadura. "La utopía acuática con la que soñamos en Vallekas se cumple allí."
Restos portuarios de Leith, cerca de la desembocadura. "La utopía acuática con la que soñamos en Vallekas se cumple allí." - Víctor Pérez

Volverá a amanecer en Leith y en Vallekas. Seguro. El sol siempre sale para la gente que batalla por poder contemplarlo. Y si tarda en aparecer, la espera será menos dura si se está en compañía. El equipo y el barrio, tan diverso como unido en ambos casos, siempre por encima de toda adversidad. Eso sí, en lo deportivo parece complicado que la hazaña se repita. “Si en España nos quejamos de Madrid y Barcelona… aquí es lo mismo. Puedes mirar el palmarés de ligas, copas… y siempre están los mismos dos. Pese a ello, el aficionado del Hibernian es bastante fiel y muy numeroso en cantidad. Actualmente no ha conseguido entrar en la promoción por el ascenso y seguirá un año más en Segunda. ¿Un campeón de Copa que esté en segunda en España? Se me antoja complicado. Quizá en Escocia se consiga porque la diferencia entre los equipos medios de primera y el resto de segunda no sea tan marcada, y sólo se mantenga con Rangers y Celtics, y ya se sabe que a un partido todo puede pasar”, concluye Víctor Pérez. Entonces, ¿por qué ser del Rayo o del Hibernian en tiempos del imperio de Barcelona o Celtic? En esta coyuntura es, precisamente, en la que entra en juego todo lo extradeportivo; el orgullo de defender a los tuyos por encima de todo. Existen innumerables motivos para alentar a la franja y a los hibs. Y a la vez no hay razones. Pero, parafraseando a Renton, ¿quién necesita razones cuando tienes un equipo que presume con orgullo de las cicatrices de tu barrio?

Campo de fútbol de Vallecas - Easter Road
Campo de fútbol de Vallecas - Easter Road - Storie Fuorigioco (izq.) - José Luis Poblador (der.)

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