Las dos familias del Rugbier

Homenaje de PoblaFM a Edu García Curran, jugador del Liceo Francés fallecido en accidente de tráfico.

En memoria del jugador del CR Liceo Francés Edu García Curran. Que la tierra te sea leve, compañero.

Créanme si les digo que me ha sido muy difícil escribir estas líneas, y de ahí que haya tardado tanto en escribirlo. No llegué a conocer personalmente a Edu, no sabía que posición ocupaba ni en que estado de forma física estaba. Sé que tiene dos hermanos que juegan en la cantera del Liceo, como él, y con eso, con compartir la afición y pasión por el rugby que tiene cualquiera que haya jugado a esto, me es suficiente para sentir su pérdida como si de alguien de la familia se tratara.

Se suele decir que todos tenemos dos familias: con la que nacemos (padre, madre, hermanos, primos, tíos, etc.) y la que elegimos, refiriéndose en el último caso a las amistades. En el campo de rugby esto se magnifica y alcanza dimensiones que trascienden los conceptos de amistad y deporte. En el momento en que entras a limpiar un ruck, o descargas un balón en un compañero para que este siga la carrera hacia el ensayo que tú habías iniciado pero que un mastodonte de más de 2 metros y 100 kilos había frenado hundiéndote contra el suelo, sientes que podrías ir hasta el fin del mundo con esos 14 locos a los que les gusta el barro casi tanto como la cerveza. Ese sentimiento para con tus compañeros se extrapola, en mayor o menor medida, a todo lo que tenga que ver con el juego del rugby en si.

Este aspecto se puede explicar muy bien con el rugby universitario. En España, y más concretamente en la Universidad Complutense de Madrid, se junta gente venida de muchos puntos de la geografía nacional y extranjera, y en muchos casos es la primera experiencia fuera de casa. Si a esto unimos la popularidad que ha tenido siempre el rugby en la vida universitaria, se estrechan lazos que no entienden de regiones y fronteras y en cierto modo refuerzan el sentimiento familiar hacia el balón oval. Pasó hace unos meses que un compañero mío de CC.Info Rugby fue ingresado en el hospital (ahora está bien, internado en el McDonald's donde trabaja para subsistir), y nuestra entrenadora nos animó a ir a visitarle diciendo que, dado que su familia está en su Cantabria natal, nosotros, sus compañeros kosakos, somos su familia en Madrid. Sientes ese calor familiar en casi cualquier experiencia que tengas con el rugby, y si son viajes a rincones pintorescos para asfixiarse jugando a seven, mejor que mejor. Quien haya estado alguna vez en el torneo de Grao (Asturias, si yo pudiera...), o algún certamen similar, lo entenderá.

El jugador de rugby, o rugbier, siente que todo lo que toca el balón oval es parte de su familia, y nota que quien viste la misma camiseta que él o ella sobre el verde es como un hermano o un primo, la filiación más directa que tienes y con quien mejor te lo pasas dentro y fuera del terreno de juego. A veces pensba en esta afirmación, y por si jugar a un juego con una pelota no esférica fuese poco, me sentía extraño. Recibí con estupor la trágica noticia de la partida de Edu con 23 años, apenas un año mayor que yo, y según se sucedían los días y yo buscaba las palabras que escribir aquí, pude comprobar que no eran pocas las muestras de cariño que llegaban a todas horas a las oficinas del Liceo en Hortaleza, en las que clubes de rugby de todo el país y particulares enviaban sus más sinceras condolencias a "las dos familias de Edu", refiriéndose al club azul donde jugaba él y donde tienen ficha Jimmy y Will, sus hermanos. Fue en ese instante cuando vi que éramos muchos los que así sentíamos el juego. Por si esto fuera poco, este fin de semana la selección española masculina de rugby 7 conseguía este domingo, no sin sufrimiento, la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río 2016, y junto a las emocionantes escenas que dejó la agónica victoria en la final contra Samoa, se pudo ver que el veterano capitán Pablo Feijóo, a parte de romper a llorar en la entrevista que le hicieron en World Rugby, llevaba un vendaje en el brazo en el cual estaba escrito un nombre: Edu. No llegó a tener ficha con el primer equipo del Liceo, no pudo debutar en División de Honor, pero de alguna forma, allá donde estaba, empujó a nuestros Leones para lograr tan ansiado premio, igual que a partir de ahora sus compañeros y la gente del Liceo Francés tendrán una razón más para dejarlo todo en cada partido como han hecho siempre.

Me ha costado mucho escribir estas líneas. Quedará más o menos claro lo que trato de expresar. Solo cabe añadir esto: no llegué a conocerte, Edu, al igual que muchos que jugamos al rugby, pero con tu recuerdo entraremos más fuerte a ganar un metro, a placar a un rival y a buscar el ensayo, como tú hacías.

Que la tierra te sea leve, compañero.

Informó Jorge Morales García.

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