María no quiere ser Manucho

No quiero dejar pasar ni dos líneas para aclarar que en el título he elegido el nombre de Manucho totalmente al azar; podría haber dicho que María no quiere ser Tito o Trashorras o Zé Castro, porque es así, porque ella con las que disfruta y con las que empatiza de verdad es con las chicas del Rayo Femenino.

María no sabe si Saray es tan zurda cerrada que incluso de pequeña la derecha no la usaba ni para jugar a la famosa rayuela; no le importa si esta semana jugamos con trivote en el centro del campo o con dos en punta de ataque; ni sabe si Marianela prefiere jugar a banda cambiada; lo que ella sabe es que habla como su idolatrada Violetta y le encanta.

A sus siete años no es la niña más futbolera del mundo -gracias a Dios, con un yonqui del balón en casa vamos sobrados-, pero sí que es cierto que no hace mucho estaba jugando al balón con su tío y la oí decir que ella cuando estuviera de portera se pedía ser Ali, y que cuando le tocara parar a su tío, ella iba a ser Patri, que es la que mete los goles en el Rayo. En ese momento hubiera parado la pachanga entre tío y sobrina y me la hubiera comida a besos.

Si aquello ya me hizo ser el padre rayista más orgulloso del mundo, hace apenas dos semanas María vino del colegio con una mezcla de tristeza y enfado. El motivo era que las niñas de su clase se reían de ella porque era del Rayo de su clase. Por cualquier otro motivo seguramente me hubiera encabronado -sí, soy de esos que si toses a mi niña puedes darte por jodido-, pero en este caso hablé con ella y la hice ver que ser del Rayo es de las cosas más especiales que te pueden pasar en la vida y, por eso, no todo el mundo puede serlo. Posiblemente todas aquellas niñas serían del Real Madrid, del Atleti o del Barça, pero ninguna de ellas tenía la suerte, como María, de conocer y ser amiga de aquellos que defienden sus colores futbolísticos.

María con su amiga Ali, capitana del Rayo Vallecano
María con su amiga Ali, capitana del Rayo Vallecano - Laura Crespo
María con sus amigas Saray y Patri
María con sus amigas Saray y Patri - Laura Crespo

La verdad es que la charla fue efectiva al cien por cien -quizás porque yo también lo viví en el colegio cuando era un canijo-, ya que en cuestión de minutos la cara le había cambiado y, de prácticamente hacer pucheros, había pasado a una sonrisa de oreja a oreja y a añadir a mis argumentos que el portero del Rayo le había regalado un balón dedicado, y que eso jamás lo tendrían las envidiosas de sus amigas, y que no pensaba dejárselo ni ver. Además, al día siguiente se iba a llevar a clase uno de los mayores tesoros que tiene en su habitación: su foto con el Rayo Femenino antes de un partido frente al Sporting de Huelva, en el que sus amigas Ali y Marta "Costa" hicieron que se sintiera una más del equipo en esos momentos previos.

María con las guerreras franjirrojas
María con las guerreras franjirrojas - Laura Crespo

Ahora llega el verano con la incertidumbre ante el futuro que le espera a la sección femenina del Rayo Vallecano. Una sección que ha ganado títulos nacionales y que ha paseado el nombre del equipo por Europa, formada por unas chicas que llevan tres años compitiendo por amor al arte, prácticamente, y que, como mínimo, merecen el respeto por parte de los que mandan en el club. ¿Se imaginan cualquiera de ustedes vendiendo pines o carnets de su empresa en sus ratos libres porque su jefe les niega unas condiciones mínimas a la hora de desempeñar su trabajo? Pues en el Rayo Vallecano Femenino esto ha sucedido, y aunque seguramente otras jugadoras en su situación se hubieran negado en rotundo a hacerlo, ellas, por amor a unos colores y la pasión que les une a su deporte, lo hicieron. María tampoco dejó solas a sus amigas ante semejante situación y quiso corresponder ese cariño que ella había recibido colaborando con su pequeño grano de arena.

María con su carnet de apoyo al Rayo Femenino
María con su carnet de apoyo al Rayo Femenino

Si la razón para acabar con el Rayo femenino es puramente monetaria y se cifra en 50.000 euros, me parece una razón de poco peso en un club con un presupuesto de 25 millones de euros. Si pensamos que la sección ha sido deficitaria, quizás deberíamos analizar uno por uno a los integrantes de la primera plantilla del primer equipo masculino y a lo mejor vemos que el descuadre en la relación inversión-rendimiento es 200 veces mayor ahí.

Está claro que nuestro equipo femenino llega hasta donde llega y hasta quienes llega, pero lejos de cuestiones económicas, la perspectiva con la que hay que analizar la continuidad de la sección es del sentimiento. El sentimiento que la franja les produce a aquellas que la defienden cada semana y del que nadie puede dudar ni un segundo -adjunto pruebas a incrédulos-; el sentimiento que provoca en cientos de niñas que se ven reflejadas en nuestras jugadoras, que mueren por hacerse una foto con Sole, que quieren felicitar a Jenni por el partidazo que ha hecho o simplemente niñas como María, que no quieren ser Manucho porque les encantaría ser Patri, Sole, Mendi o Ali.

Costa y Pachi Gudiel en Copa de la Reina
Costa y Pachi Gudiel en Copa de la Reina - Laura Crespo
Ali y Anama tras la derrota en Copa de la Reina
Ali y Anama tras la derrota en Copa de la Reina - Laura Crespo
Anama y Ale tras el partido ante el Sporting de Huelva
Anama y Ale tras el partido ante el Sporting de Huelva - Laura Crespo

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