'3%', la aristocracia del mérito

ANÁLISIS | La primera serie producida por Netflix en Brasil lanza una mirada crítica hacia la deriva actual y el presente del país desde una meritocracia distópica y futura.

Un grupo de jóvenes realiza una prueba en una sala cerrada. Tienen que resolver un enigma en colaboración; nada de individualismos, quien trate de hacerlo solo quedará eliminado. Antes han superado un desafío de habilidad geoespacial. Si consiguen pasar el nuevo reto se enfrentarán a una prueba de roles. Cada uno adquirirá una personalidad ajena. Uno será un sacerdote, otra, una rebelde, un tercero se convertirá en un huérfano y así sucesivamente. Pero en el grupo habrá una persona que sobra y deberá de ser eliminada por consenso, aceptando el perdedor su abandono del proceso. Todo esto que se cuenta en este párrafo bien podría ser una enumeración de dinámicas en una entrevista de trabajo. Precisamente, una de las grandes asociaciones que se desprende de las hercúleas tareas a las que se ven sometidos los protagonistas de 3% es esa: la del manual de acción de los departamentos de Recursos Humanos. Sobre todo en una sociedad en la que para entrar a formar parte de la plantilla de reponedores de un supermercado estándar hay que pasar varias entrevistas (dinámicas de grupo, entrevista personal, pruebas de aptitud) y test psicológicos.

Sin embargo, la primera creación de Netflix en Brasil, que no abandona nunca esta vía, se centra también en otras posibilidades argumentales. Creada por Pedro Aguilera, la serie indaga en la sociedad contemporánea desde una disrupción temporal que la lleva a un futuro (quizás) no demasiado lejano. Es cierto que, por momentos, la producción de Netflix parece convertirse en un desglose del know how y el método para seleccionar/descartar personas en el sistema mercantil. El propio nombre, El Proceso, alude a esa idea. Pero la lucidez del planteamiento eleva la ficción a un escalón superior desde el que se alcanza la crítica total al corporativismo y el mundo empresarial salvaje. Al neocapitalismo, en definitiva, del que se terminan derivando todos los demás objetos de denuncia.

Para ponernos en contexto, la sociedad brasileña del futuro se divide en dos lados. A Este Lado, los pobres, el 97% de la población. Aquellos que, supuestamente, no alcanzan los méritos para formar parte de una sociedad mejor, más justa y cómoda. Al Otro Lado, en Mar Alto, el otro 3%, los que sí merecen esa vida idílica. Las élites. Separando ambas partes, como una frontera, el Proceso. Una serie de pruebas a las que se enfrentan los jóvenes de 20 años para definir si son o no merecedores de alcanzar ese cielo en la tierra. La meritocracia en su más fiera expresión, con su épica y su problemática. Evidentemente, también aparece un grupo resistente, La Causa, que denuncia la falsedad del método y cómo este continúa acrecentando la desigualdad en lugar de paliar sus efectos. Así las cosas, 3% se mueve entre el thriller, la denuncia y el cine social para establecer una lucha feroz, aunque muy sigilosa, entre el sistema, con sus cuestionables mecanismos, y la resistencia. Una batalla que, más allá de la epidermis, se atreve incluso a mirar de forma crítica y frontal al pasado reciente y oscuro de Brasil (la alusión a los métodos de tortura de la dictadura militar en el 1x08).

Pedro Aguilera y su equipo de dirección y guionistas juegan con los símbolos, las referencias y la importancia que otorgan al espectador a través de la dosificación de la información (a veces dándole ventaja: cuando sabemos la pertenencia a La Causa de la protagonista; a veces quitándosela para favorecer los giros). A lo largo de los ocho episodios, la narrativa de la teleficción, aquí cercana al fenómeno de gamification (estructuración por niveles que se asemeja a las plataformas de videojuegos), sirve como brazo armado de la denuncia que subyace bajo el texto principal. Desde la evidente alusión a la sociedad de estratos vigente todavía hoy en el país carioca, ya puesto en la palestra en la cinematografía brasilera más reciente con títulos como Casa Grande (Fellipe Barbosa, 2014) o Una segunda madre (Anna Muylaert, 2015), hasta las múltiples querellas. Así las cosas, 3% desnuda con frontalidad la corrupción en los procesos judiciales (1x07) o la forma en que el Sistema, como ente regulador, termina por engullir y fagocitar toda la contracultura (1x06-1x08), en parte beneficiado por la ignorancia y la pasividad del pueblo (ese 97% en el que vemos defensores acérrimos del Proceso, como el padre predicador de Fernando). Más allá, la obra creada por Aguilera desliza otros mensajes como el peligro de los dogmas de fe incuestionables. Al final, el Proceso, la sociedad ideal de Mar Alto o la prohibición de la descendencia por “la injusticia de ir en contra de los méritos” no dejan de representar artefactos ideológicos similares, en tanto y cuanto a las formas, a aquellos que utiliza la religión para adoctrinar, manipular y controlar a sus feligreses.

En la otra orilla, la de la esperanza, destaca la culminación de un mensaje en torno a ese movimiento rebelde que clama que “la lucha es para todos” o debería serlo. La Causa deriva en la idea, quizás algo forzada en su contextualización argumental, pero incuestionable en su espíritu intelectual, de que necesariamente la revolución que lo cambie todo tendrá que ser liderada por la juventud. Aquellos que pueden entrar en el círculo vicioso del poder para romper su continuum. Aquellos en cuyas manos reside el futuro más próximo. Así lo corrobora el final de esta tanda de capítulos, con esa huida hacia delante tanto de Michele y Rafael, camino de Mar Alto para seguir desde allí su revuelta, como la que llevan hacia fuera, hacia el lado más desfavorecido, Fernando y, sobre todo, la que se antoja como heroína silente de 3% en su próxima temporada: la fiera e interesantísima Joana. La libertad guiando al pueblo.

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