'Animals', zoología urbana punk

ANÁLISIS | La segunda temporada de la serie creada por Phil Matarese y Mike Luciano ha continuado indagando en la condición humana a través de la fauna urbana de Nueva York.

Se suele decir aquello de que en ocasiones los animales son más humanos que las propias personas. En la serie Animals, creada por Mike Luciano y Phil Matarese, esta afirmación cobra todo el sentido posible. Sí, así es; los animales son humanizados a través de sus desarrollos, caracterizaciones y asunción de comportamientos mientras que los seres humanos son reducidos a meras caricaturas que ni siquiera hablan (cada una de sus apariciones viene acompañada de una suerte de gruñidos en sustitución de la palabra). A fin de cuentas, si miramos más allá de la fauna protagonista, lo que nos muestra la producción de HBO es un ser humano que ha perdido su voz y su espíritu de levantarla.

La crítica social se esconde tras la aparente despreocupación que gobierna la propuesta. Nada es lo que parece. Detrás de esa liviandad se esconde una concepción inteligente de la ficción como catalizador de emociones. Una denuncia que se estira mucho más de lo que podría parecer a simple vista. La obra de Matarese y Luciano es un auténtico elogio a la irreverencia. Rabia contra la máquina. Y sí, uno de los universos televisivos más agudos y punk de los últimos años. ¿Qué mejor que apoyarse en los animales para reflexionar sobre los hombres desde una incuestionable postura misántropa?

"Happy Birphtdey, Miles!"
"Happy Birphtdey, Miles!"

Así las cosas, si la primera temporada de Animals ya dejaba muestras de este carácter rebelde y de su espíritu de querellarse contra todo, la segunda tanda de episodios continúa el viaje por esa carretera de sentido único. La corporación, como ente inabarcable y tentacular, vuelve a ser el objeto de sus acometidas. De esta forma, la historia “humana” que se deja entrever en los interludios ha lanzado mensajes claros en contra de los mecanismos del mercado, la connivencia entre el sistema y las multinacionales o la asunción de la corporación como villano definitivo. Esa empresa farmacéutica que crea y propaga un virus del que solo ella tiene el antídoto se ha convertido en la viva imagen de un mundo en decadencia, llevado al caos por sus propios habitantes; ese supuesto animal racional e inteligente.

Por el contrario, los animales han continuado adquiriendo esos rasgos que se le presuponen a los vertebrados bípedos. Tanto ratas y gatos (maravillosa guerra de bandas callejeras en el arco formado por el 2x07 y 2x08), palomas y gusanos o perros y cucarachas han mostrado reacciones tan humanas como los celos, el miedo al compromiso, los ataques de pánico o el deseo y el amor. Y en definitiva, la supervivencia. No obstante, en el centro de la acción, Matarese y Luciano se han atrevido, de forma sorprendente, a dar voz a los propios hombres en una píldora de acción real (2x05) que ha servido para aclarar y evidenciar aún más los propósitos oscuros de Pesci Corp. A su manera, Animals ha ofrecido un estudio sobre el ser humano en dos vías: el arco protagonizado por ellos mismos y la humanización de la fauna urbana.

Una graduación para las ratas de Nueva York.
Una graduación para las ratas de Nueva York.

Más allá, en un movimiento muy woodyallenesco, la teleficción de HBO se ha erigido como un verdadero homenaje a Nueva York y a la creación audiovisual cinematográfica y televisiva. Por un lado, las referencias a los grandes títulos han vuelto a servir para apuntalar con brillantez los mensajes subyacentes. Si en la primera entrega nos maravillamos con la cita a 2001: Odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), los diez capítulos de la segunda han deslizado otras menciones visuales a grandes títulos como El padrino (Francis Ford Coppola, 1972) o la reciente y exitosa The Leftovers (Damon Lindelof y Tom Perrotta, HBO, 2014-2017). Por otra parte, Animals ha construido toda una cartografía urbana de la Gran Manzana, siempre representada con la elegancia que aporta el trazo sutil y distendido de su animación. Un canto a la gran ciudad. No es casual que la última secuencia (que sabe a despedida, aunque la cadena la ha renovado) sea una interpretación del New York, New York de Sinatra a cargo de todos los animales del casting. Como tampoco es azaroso el final que nos deja el guion. Una desaparición de la raza humana que anuncia y advierte de los peligros que corremos si dejamos el mundo en nuestras manos.

Un fotograma complicado de explicar.
Un fotograma complicado de explicar.

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