Bla, bla, bla, bla, bla

Bla, bla, bla, bla, bla... Curiosa palabra bla, que no es nada como tal pero que unida a más bla tiene significado. Que hasta el corrector no duda en subrayar con una línea roja de puntos discontinua.

Hoy mi teclado ha decidido boicotear mi escritura dominical. Prácticamente en cada ocasión que paro de escribir una palabra, se desconecta. Y al poco se vuelve a conectar, dejándome con las palabras suspendidas. Y sí, le voy a echar la culpa a mi teclado de la falta de ideas que tengo.

Una vez escribí que me gustaba que la vida me diera buenas sorpresas. Y eso que no me gustan las sorpresas. Una bonita contradicción humana. Creo que son esas buenas sorpresas las que dan razón a estos textos. Y por ende puedo afirmar que pocas cosas buenas me han sorprendido últimamente. Ahora pienso que no sé si es más fácil escribir negativamente o es que todo es muy negativo, pero es como si las cosas buenas quedarán ocultas o como si realmente no las estuviésemos viendo como tal.

Escribir en este teclado es insufrible, y no me quiero cabrear más con él. Tengo que centrar mis enfados en otras cosas. ¡Porque qué enfadados estamos todos! No había pensado todavía un título para este artículo todavía, pero mi editor de texto ha decidido titularlo así. Pues muy bien.

No merece la pena enfadarse. Y que yo lo diga...

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