Cine y Poesía

Cuando la poesía me poseía

La palabra escrita, amiga y enemiga; amada y odiada a partes iguales debido a la fuerza de sus consecuencias y a las razones de sus causas; maestra de generaciones y razón de catástrofes; herencia de épocas y etapas. Manuscritos que han hecho posible el mundo que nos rodea a día de hoy, y textos que han salvado corazones y almas a partes iguales.

La palabra escrita en formato poético. En el estado que evade el raciocinio a favor de un viaje de la mente a mundos y sensaciones que van más allá de lo terrenal, y que atesora juegos con palabras que danzan con la armonía del sentir más profundo. Un paseo a través de la poesía desde nuestro interior hasta cualquier punto que nuestra imaginación y deseo ansíen conocer.

Dicha poesía puede transformarse en unas alas para volar o en una cárcel austera y lúgubre. Desde otorgar poder para demostrar el sentir, hasta confinar una mente en la más absoluta de las locuras, pero haga lo que haga y se entienda como se entienda, es capaz de hacer hervir el más duro de los corazones y convertirlo en una estable barca sobre un río de sensaciones.

Aquel que la sienta, claro está…

Pero… ¿Dónde entra el cine en todo esto?

El mundo del cine encuentra en la palabra uno de los pilares en los que sostener semejante templo. En sus diálogos, monólogos y demás demostraciones de habla se asienta toda historia que se cuenta , y se entremezclan los sentimientos y las razones que cualquier acto que estemos viendo quiera hacernos sentir.

Pero en ciertos instantes; en determinados momentos, va más allá, y nos regala representaciones poéticas que inciden con mayor fuerza en la escena que la propia mirada de quien esté, y crea así un aura de magia en torno a la película para aquel que sienta esta manera de coquetear con las palabras.

Así pues, la mayoría del mundo, al pensar en un binomio cine-poesía piensa en ’El club de los poetas muertos’, con el fallecido Robin Williams, en el cual un grupo de jóvenes estudiantes disfrutan de sus enseñanzas y vibran con la poesía que se esconde en la vida.  Tan grandioso es romper una página de un libro que intenta explicar lo inexplicable, como acatar un verso como llamada de admiración a alguien.

Esta cinta, la cual obtuvo multitud de premios y críticas positivas, nos regala una gran cantidad de versos y poemas dignos de ser conocidos y admirados, y nos ofrece un amor por la literatura disfrazado en película que pocas veces se consigue encontrar.

Así pues, nos regala un poema de Walt Whitman, y nos demuestra un viaje delicioso:

"¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro viaje ha terminado; El buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, ganamos el premio que buscamos; El puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante, Mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante: Pero ¡Oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón! Oh, las lágrimas se tiñen de rojo, Mi Capitán está sobre la cubierta, Caído y muerto de frío".

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O más conocido aún puede ser el instante en el cual David le recita a María un poema, justo al final de la película titulada como el primer verso. Un poema que abre la trama, y que hace salir la hermosura dentro del mundo más lúgubre imaginable, entre drogas y prostitución:

Báilame el agua. Úntame de amor y otras fragancias de tu jardín secreto. Riégame de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor. Sácame de quicio. Llévame a pasear atado con una correa que apriete demasiado. Hazme sufrir. Aviva las ascuas. Ponme a secar como un trapo mojado. No desates las cuerdas hasta que sea tarde. Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos. Líbrame de mi estigma. Llámame tonto. Sacrifica tu aureola. Perdóname. Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora. No me arrastres. No me asustes. Vete lejos. Pero no sueltes mi mano. Empecemos de nuevo. Sangra mi labio con sanguijuelas de colores. Fuma un cigarro para mí. Traga el humo. Arréglalo y que no vuelva a estropearse. Échalo fuera. Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora. Sueña retorcido. Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos. Dame la llave de tus oídos. Toca mis ojos abiertos. Nota la textura del calor. Hasta reventar. Sé yo mismo y no te arrepentirás. ¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos. Yo te enviaré a los míos. Píllate los dedos. Los lameré hasta que no sepan a miel. Hasta que no dejen de ser miel. Sal, niega todo y después vuelve. Te invito a un café. Caliente claro. Y sin azúcar. Sin aliento.

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Pero más allá de las películas conocidas que aúnan la poesía con la trama, y refuerzan a la misma a través de versos, en ocasiones se encuentran pequeños momentos de diálogo que esconden hermosas palabras mezcladas por alguien en títulos que no hacen pensar en que lo contengan.

Utilizado como un recurso más, pero bello y para aderezar la escena, nos encontramos con unos versos de Eugenio Montejo, poeta venezolano, en la película de Alejandro González Iñárritu del año 2003: ’21 Gramos’.
Sean Penn se acerca a Naomi Watts en una de las escenas más conocidas de la película, para desnudar su fortaleza a golpe de verso:

La tierra giró para acercarnos Giró sobre sí misma y en nosotros, Hasta juntarnos por fin en este sueño.

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Cientos y cientos de ejemplos que podríamos encontrar dentro de la magna cantidad de películas que podemos disfrutar, y como son tantos, por mi mente pasa la idea de que resulta mucho mejor descubrir estos instantes de gloria poética que encontrarlos escritos entre las torpes palabras de alguien como yo.

Así pues, disfrutad, escuchad, sentid y saboread estas obras que transforman las palabras en musas y los sentimientos en realidad.  Alimentad la mente con lo que nos regalan al otro lado de la pantalla, y otorgad a vuestros oídos la posibilidad de sentirlos como travesía para que las palabras golpeen un corazón a ritmo de rima y verso.

 Sentid el cine. Sentid la poesía que esconde.

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