Contratiempo: Mario Casas es muy chungo

Buscando la extrema dificultad y el enrevesado máximo perdemos la identidad real de aquello que estamos creando. Lo forzado y la indagación en una trama compleja y alimentada en la intriga se quedan en vacío y en enmarañada historia que, si bien está sustentada en un notable thriller, no consigue transmitir tanto al espectador como podría haber hecho.

Las casualidades rebuscadas, esa arbitrariedad constante y una narrativa lenta y en raras ocasiones entonada para la sorpresa nos llevan a desgranar varias cosas de 'Contratiempo'. La primera es que el thriller posee calidad, indudablemente, y dicha trama, a pesar de ser intrincada, se mantiene firme durante todo momento en el pilar maestro que es un asesinato. La segunda es la sorpresa; esa necesidad de demostrar al espectador que no todo es lo que parece, que hay más y que lo va a mostrar en una jugada maestra final; pero a pesar de las buenas cartas que se tiene en la mano, dicha jugada no queda más que en una anécdota que no concluye con una apabullante victoria.

Fría hasta ser desmesuradamente notorio y con un nudo perdido en su propio laberinto, ni José Coronado, ni Mario Casas, ni Bárbara Lennie ayudan a calentarse. Ana Wagener al menos intenta que la atmósfera gane algunos grados extra, pero los errores y esas ganas de ser un thriller apoteósico se quedan en una superficie vacilante que no encuentra un nexo profundo. Demasiado de muy poco.

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