'El caso Sloane', el arte del lobby

CRÍTICA | Jessica Chastain protagoniza la última película de John Madden, en la que se pone en la piel de una lobbista implacable que lucha contra el comercio libre de armas.

“Hacer lobby es tener visión; es anticiparte a tu oponente y diseñar contraataques. El ganador va un paso por delante de la oposición y juega su carta ganadora justo después de que ellos jueguen la suya. Es asegurarte de sorprenderlos y de que ellos no te sorprendan a ti”. Con esa rotundidad explica Elizabeth su profesión en la primera secuencia de El caso Sloane. Con toda franqueza y de forma frontal, como muestra John Madden con el primerísimo primer plano que abre el metraje, en el que la protagonista mira directamente a cámara. El director nos muestra a una Jessica Chastain omnipresente. Desde esa secuencia de apertura, la intérprete va a cargar con el peso del film en su espalda y, anticipando la carta ganadora, va a salir totalmente indemne de tal empresa.

Madden se adentra en un territorio poco explorado por la vía del cine. Un entorno tóxico; de traiciones, cinismo y oscuridades. No en vano un personaje define el lobby como “la profesión más moralmente corrompida desde la brujería”. Con una estructura paralela en dos planos temporales, que abarcan tanto el juicio contra la ejecutiva como su carrera, el cineasta consigue aportar una visión ágil hacia ese terreno amoral de los grupos de presión. El resultado, además de un thriller más que interesante en su utilización de códigos, es una obra que desprende cierto didactismo respecto al universo que aborda. Si un espectador entra en la sala sin tener ninguna noción sobre la labor desempeñada por estos grupos lobistas, es posible que a la llegada de los créditos finales tenga los elementos suficientes para crearse, al menos, un mínimo mapa de acción.

A la manera de Aaron Sorkin, el guionista Jonathan Perera carga las tintas del diálogo y ofrece una escritura en la que priman las conversaciones y los monólogos cargados de reflexión, acción y reacción. Evidentemente, El caso Sloane no alcanza las cotas de, por ejemplo, El Ala Oeste de la Casa Blanca (NBC, 1999-2006) o la reciente The Newsroom (HBO, 2012-2014), ambas obras del reputado escritor neoyorquino, pero en determinados momentos es innegable el aroma sorkiniano en la observación política, empresarial e incluso de tintes periodísticos que tiene lugar en las pesquisas de los ejecutivos del lobby.

Por otra parte, en un movimiento que revela cierta inteligencia narrativa, Perera y Madden ofrecen un acercamiento instructivo hacia los agujeros y las espinas de un mercado tan peculiar como el de la venta armamentística. En este sentido, El caso Sloane es un largometraje que aborda la polémica desde todas sus versiones contemporáneas. Una mujer, brillante en su parcela profesional, soltera y sin compromisos (“te pago para imaginar la vida a la que renuncié cuando decidí seguir con mi carrera”), trata de conseguir la aprobación de una ley que permita al Gobierno estadounidense un mayor control sobre las licencias de armas. Una atmósfera delicada, embarazosa y de la que resultará difícil para la protagonista salir airosa pese a su notoriedad en el mercado del lobby.

Sin embargo, poco a poco, ese suspense elegante que se intuía en las directrices iniciales se enmaraña mediante los saltos temporales. Así transcurre la propuesta, quizás algo excesiva hacia el final, hasta el giro determinante; un pivote demasiado tramposo en el que el autor se revela unos metros de altura sobre el espectador, que si bien no emborrona las virtudes de la cinta, sobre todo en lo referente a los temas tocados: lobby, corrupción y feminismo, sí mengua el enorme potencial que se le podía entrever en un primer momento. En un mundo cínico y repleto de traición, la película termina advirtiendo los mismos “pecados” que sus personajes.

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