El mito de los "tontos útiles" (opinión)

¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?

Este domingo se celebran elecciones generales con una alta expectación por ver si se consolida la tendencia de los comicios del 20D y de los sondeos del último año y medio. No obstante, tan solo dos partidos se han colado en el escenario mediático y en esto ha tenido que ver tanto el trabajo de quienes integran esas formaciones como quienes les han dado la posibilidad de darse a conocer en los medios de comunicación. Así las cosas, pensándolo fríamente, el escenario no ha cambiado radicalmente, puesto que ninguna de las nuevas formaciones que aspiran a gobernar (o por lo menos a tener un papel relevante en la conformación de un gobierno) plantea una opción rupturista con el régimen. En el caso de Podemos, pese a haber sido acusada precisamente de esto en múltiples ocasiones, ha ido renunciando a casi todas las propuestas rupturistas, a excepción del referéndum en Catalunya que es el que le reporta más votos. IU era la otra gran formación que planteaba la posibilidad de una ruptura, pero tras la confluencia con Podemos ha terminado por abdicar de tales reivindicaciones. Las alternativas a los partidos grandes son formaciones pequeñas con escasas posibilidades de ganar y/o de conseguir escaños, votar en blanco, votar nulo o abstenerse.

Justamente son éstas últimas opciones las más ninguneadas por los club de fans de los partidos grandes, ávidos de invocar el tópico del llamado “voto útil” y de despreciar a las personas que opten por otras opciones acusándolas de ser “tontos útiles”. Alertadas por unas al grito de “que viene la derecha” y por otras a la voz de “hay que evitar que gane el populismo”, muchas personas terminan votando a alguna de las formaciones grandes (que ahora son cuatro, por si hay alguna duda), o en todo caso en blanco o nulo, para que conste que están de acuerdo con el sistema pero no le gustan los partidos del régimen. Pero si hay una opción que levanta auténticos aspavientos esa es la de abstenerse, pues el voto nulo por lo menos implica estar de acuerdo con “la democracia”. Todo con tal de integrarse y sentirse parte de lo que la mayoría dice que es lo correcto, independientemente de que no elijan nada en este democrático régimen y todo les sea impuesto por los oligarcas y sus súbditos políticos. Bueno sí, si que eligen algo: las caras de lo que hemos venido en llamar “representantes políticos”, pero que en la práctica sirven a los grandes propietarios o, en su defecto, a las clases medias cuando hablamos de un partido “progresista” como gobierno.

Sin embargo, hay que reconocer que abstenerse por razones políticas (bien sea porque no se cree en el régimen o porque no gusta ninguno de sus partidos) y no hacer nada no sirve de mucho, pero es lo coherente si es tu forma de pensar. Tampoco votar y no hacer nada más sirve de algo. Muchas personas pensarán que la abstención es una forma de desperdiciar la posibilidad del voto y que supone un insulto para quienes no han podido votar desde el extranjero y para quienes pelearon contra la dictadura en su día. Pero no es menos cierto que votar en pos de elegir a unos representantes para que velen por tus intereses es una nueva forma de subyugarte y ser dependiente de lo que otras personas decidan por ti. El régimen, aparte de ser una democracia burguesa (legado de las revoluciones liberales del siglo XIX, proceso interrumpido en España por la dictadura), se sustenta en el más rancio y casposo paternalismo político. Además, las esperanzas e ilusiones de que eso cambie las tenemos que depositar en la formación progresista de turno, entregando nuestra voluntad y nuestra acción política a otras personas y renunciando así a actuar nosotros mismos y organizarnos autónomamente. Si a esto le sumamos que nuestro país se encuentra integrado en una unión económica que no sirve como una forma de cooperación entres pueblos sino para imponer un sistema político único, nos topamos ante la verdad indiscutible de que la soberanía está secuestrada por las élites, y que existen pocas esperanzas de cambiar este hecho determinante a través de los instrumentos del Estado. Lo que si se admite es la posibilidad de que en otro contexto fuese verdaderamente útil votar, pero viendo el panorama político español, ese no parece ser el caso.

Por otra parte, simpatizantes de Unidos Podemos señalan con acierto que Ciudadanos es digno heredero del pensamiento político del Partido Popular. Lo que resulta gracioso es que, al mismo tiempo, su formación se erige como un verdadero cambio mientras pretende ocupar el espacio ideológico del PSOE y realizar políticas parecidas a las que dicho partido realizó en el pasado. La justificación por parte de muchos de estos simpatizantes consiste en decir que “son lobos con piel de cordero”, mentira extendida que sirve para acrecentar la fama y la influencia de la formación porque así se mantiene temeroso al sector conservador de la población y esperanzado a sus votantes potenciales y reales. Esto, sin ninguna duda, lo presenta de manera oficiosa como alternativa disidente. Al otro lado tenemos a tres formaciones que quieren de manera oficial una continuidad del régimen. En cualquier caso, el tiempo dirá si estamos o no ante el enésimo engaño de la socialdemocracia. Pistas, desde luego, no nos faltan: un buen ejemplo puede ser Syriza en Grecia y la manera en que ha abrazado el conservadurismo propio del neoliberalismo.

Pese a todo, cabe indicar que en el actual contexto político español votar si sirve: sirve para legitimar el orden actual y para que otras personas reformen por ti ciertos aspectos de la política. Ahora repite conmigo aquello de “los tontos útiles” y tira el dado a ver si hay suerte y esta vez te rescatan los siervos de los oligarcas.

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