‘El sueño de Jimmy Grimble’

La vuelta del fútbol romántico

Viví en directo el aguanís de Raúl González Blanco; el gol de Zidane en la final de La Novena; el Iniestazo frente a Holanda en la final del Mundial que ganó España y la supremacía global del Barcelona de Pep Guardiola. El fútbol, como deporte, pasión y despliegue de sentimientos ha estado presente de una u otra manera en diversos aspectos de mi vida, y me he sentido embelesado por el mismo en otras tantas que ha formado, junto al cine, una fuente de conocimientos y diversas enseñanzas que no poseen lugar tangible para exponer.

De ello surgió la posibilidad de mezclar las mismas, gracias a la cantidad de películas que tienen el deporte rey entre sus principales tramas;‘¡Goool! La película’, con sus correspondientes segunda y tercera entrega; ‘Un gran equipo’, ‘The Damned United’, ‘Quiero ser como Beckham’o, incluso ‘Futbolín (Metegol)’ me han reportado horas y horas de disfrute en el cual dos de mis grandes pasiones se unían. Pero siempre se echa en falta algo que los amantes del fútbol reconocerán al instante, y es el mero hecho de recordar momentos futbolísticos de los denominados románticos. Los momentos en los cuales las pasiones más puras y primarias dependen de si el esférico termina cruzando la línea de cal, o no…

Y así llega a mis manos ‘El sueño de Jimmy Grimble’, con una historia acerca de la superación y la creencia, impregnando todo del amor por el balompié. En la misma, un niño es acérrimo fan del equipo débil de la ciudad, el Manchester City FC –como cambia el fútbol…- y su deseo de jugar en un equipo plagado de amantes –por no llamar “hooligans”- del Manchester United FC. Es decir, amante de lo difícil; del equipo de los “citizens” y no del que tuvo en sus filas a Robert “Bobby” Charlton, Éric Cantona o George Best.

La cinta no es nada del otro mundo. Posee su grado de “magia” para con el público, una manera digna y bastante acertada de contar la historia, y un vaivén en la trama que resulta agradable y entretenida, evitando así el momento tedioso que toda cinta deportiva y que no confluya en una historia basada en hechos reales debe, casi por obligación, poseer. Dicha trama, se autoalimenta a si misma de una ambientación ruinosa y fría, pero que deja los momentos de calidez para los instantes en los cuales las situaciones se vuelven importantes de verdad.

Esta ambientación y sintonía que acompaña a cada escena, rompe con la dificultad de la misma para ser seguida mediante un uso de cámara que resulta ser medianamente aceptable. La edición se torna rápida y sin el cuidado necesario, pero no destaca ni está desacompasado hasta el punto de resultar nefasto; más bien se muestra como una falta de experiencia.

De todos modos, la fiereza y potencia de la película está puesta en los protagonistas principales; Lewis McKenzie parece estar congelado frente a la cámara en determinados momentos, pero salva todo esto gracias a una entrañable manera de hacernos sentir y padecer con él. Robert Carlyle es el nexo en común de todos los protagonistas; haciendo una interpretación que pone nombre y apellidos a la película. Supera lo aceptable, incluso la buena interpretación, para llegar a un notable más que alto. Gina McKee, Ben Miller y Wayne Galtrey están por que hay que rellenar, y por que el tiempo en el casting intuyo que se estaba terminando, pero la sorpresa verdadera del film es Ray Winstrone, y la manera de hacer un personaje secundario como uno de los primarios, sobresaliendo frente a todos en cuanto la pantalla se ponía al frente. Una escena, de hecho, en la cual están Ray Winstrone, Jimmy Grimble y Robert Carlyle juntos, resulta ser de lo mejorcito que puedes ver.

Las escenas futbolísticas, así como el sonido de la misma y todo lo demás que una cinta necesita están de sobra conseguidos, y aseguran una transición suave entre escena y escena que terminan confluyendo en una película deliciosa al paladar, agradable en el trago y de digestión ligera.

En definitiva, ‘El sueño de Jimmy Grimble’ es agradable y un dulce en medio de una salina. Los instantes en los cuales la cinta saca una sonrisa, nos hace arañar el asiento, o casi nos hace saltar de euforia con un gol entra en lo que se denomina como romántico; y eso es algo que,los amantes del cine, y los amantes del fútbol, agradecemos, y que llevamos sin ver en una mezcla semejante tanto tiempo, como el que llevamos sin celebrar un gol de Zidane.

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