'Fargo', una genealogía del crimen

La segunda temporada de la serie creada por Noah Hawley ha lanzado una mirada hacia el pasado de Minnesota. Y sí, en los años setenta también se cometían crímenes.

El crimen no entiende de tiempos. Evidentemente, tampoco sigue modas. Es lo que se desprende de la fantástica secuencia de apertura del episodio 2x09 de Fargo. Con una sencilla voz en off, que narra la denominada “masacre de Sioux Falls” desde un libro titulado La Historia del crimen en el Medio Oeste, los creadores de la serie se valen para deslizar la idea primordial de toda la serie: la genealogía del crimen y su atemporalidad. Si en la primera temporada de la ficción nos encontrábamos con un Lester Nygaard envuelto en un barrizal en los años contemporáneos, esta segunda tanda de capítulos nos retrotrae a la pequeña localidad de Luverne en 1979, donde tiene lugar una serie de crímenes que dan comienzo a la investigación.

La realidad de este decálogo de capítulos es totalmente ajena a la que vimos en la anterior entrega. Sin embargo, todo está conectado. El punto de cohesión es una de las protagonistas de la primera temporada, la policía Molly, que aquí es todavía una niña y cede la primera plana a su padre, el agente Solverson, encargado de investigar junto al padre de su mujer (una Christin Millioti otra vez enferma en la ficción) los crímenes.

A través de una puesta en escena llena de juegos y trampas cinematográficas, la serie de Noah Hawley vuelve a indagar en las entrañas de un pueblo que, si se quiere, podría representar la globalidad de los EEUU. En esa línea caminan, por ejemplo, los discursos del Reagan en campaña electoral que aparece en el 2x05. El encadenamiento a través del montaje de su discurso sobre la libertad y la seguridad de América y las imágenes de muertos, mafias y sombras supone una soberbia muestra del tono adoptado por Fargo en esta segunda decena de episodios. Una radiografía de los rincones ocultos de Estados Unidos. Porque si algo no deja nunca de lado esta producción son el sarcasmo y los toques de humor, tan coenianos y característicos ya de este título.

De esta forma, una puesta en escena repleta de dobles pantallas, encadenados, reflejos estructurales entre episodios (2x07-2x08), ralentíes, imágenes detenidas e, incluso, viñeteados propios del cómic, Fargo ha vuelto a poner su mirada sobre las dos caras del crimen (y por extensión de América del Norte). Las líneas vertebrales de la segunda temporada quedan claras desde el primer episodio. Por un lado, observamos la guerra de mafias entre la familia de Dakota del Norte (con el descubrimiento de un Mike Milligan divertidísimo, interpretado por un genial Bokeem Woodbine) y los Gerdhart, que buscan mantener su control sobre la distribución de droga en la zona mientras anhelan vengar la muerte del hermano pequeño, con la que se inicia la temporada. En la otra orilla, el espectador se topa con el crimen involuntario y el ascenso del homicida que no quería serlo. El atropello del pequeño de los Gerdhart supondrá la activación de todo un mecanismo criminal. La persecución y la huida se darán la mano con el ataque y la defensa en un vertiginoso y alocado crescendo dramático.

Y de esa circunstancia nace la que, junto a Mike Milligan, ha sido la revelación de la temporada en cuanto a los personajes. Peggy Blumquist. Bajo su apariencia redneck, la esteticista de Luverne ha supuesto un acercamiento totalmente inesperado a la forja de un criminal. Una asesina que mata y encubre según sus forzadas necesidades, de manera fortuita y casi sin querer, pero una criminal a fin de cuentas. En su personaje, además, hay un alegato feminista casi constante, como demuestran tanto sus acciones independientes como algunas de sus maravillosas y combativas líneas de guion (hay que tener en cuenta que la serie se ambienta en el final de los años 70).

 

Una mujer ya no es solo una madre y una mujer.

Peggy Blumquist. 2x06

En este sentido, Fargo continúa por una senda que ya trazó en su primera entrega de episodios: la fuerza de la mujer. Si en aquella tanda Molly Solverson era la voz de la inteligencia y la constancia frente a la desidia de sus compañeros de comisaría, aquí vemos el porqué. Es su madre la que cubre ese espacio –la vemos averiguando pistas para el caso de su marido– y pone el punto de partida para el desarrollo de la que en la segunda temporada aún es una niña. Los personajes femeninos de la serie se muestran como personas más racionales, reflexivas e infinitamente más inteligentes, tanto emocional como lógicamente. Alejadas, en definitiva, del músculo que aportan los hombres, pero no por ello menos fuertes. No hay mejor demostración, en este sentido, que la escritura del personaje de la abuela Gerdhart, matriarca de la familia criminal tras el fallecimiento de su marido, que trata de equilibrar y sostener como puede la constante lucha de poder que se abre en medio de su hogar como una herida sangrante. No obstante, Floyd Gerdhart (fantástica Jean Smart) es un personaje que se defiende y se mantiene a flote mediante actos, sin hacer uso de la fuerza bruta o el grito amenazante. En este sentido, destaca su defensa de las mujeres como elementos de igual valía que los hombres para el negocio.

Ya no hay trabajos de hombres y de mujeres.

Floyd Gerdhart. 2x06

La segunda temporada de Fargo, por tanto, ha supuesto la de la consolidación de un estilo. El asentamiento de un espacio y un tono que va de lo dramático a la comedia, pasando por algunas grandes escenas de acción. La de Noah Hawley es una serie que innova y se recrea en los formatos, que juega con las posibilidades de la puesta en escena, pero que nunca pierde de vista que todos los elementos cinematográficos, o televisivos, si se prefiere, han de estar al servicio de la historia y su avance. Estamos ante una serie que ha conseguido independizarse de algo que, en un principio, parecía imposible: la alargada sombra de los hermanos Coen. 

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