'House of Cards', Make the Underwoods Great Again

Crítica sin spoilers de la quinta temporada de House of Cards (Netflix)

“La política no tiene nada que ver con la moral”, sentenciaba Nicolás Maquiavelo en El Príncipe. Nunca antes en la televisión el filósofo italiano había tenido tanta relevancia. Netflix vuelve con la quinta temporada de House of Cards, una serie que narra el ascenso de la familia Underwood por las esferas del poder en Washington.

Francis Underwood (Kevin Spacey) y Claire Underwood (Robin Wright)
Francis Underwood (Kevin Spacey) y Claire Underwood (Robin Wright) - Netflix

Esta temporada parte del final de la anterior: Jim Miller, ciudadano americano, acaba de morir a manos de ICO, una organización terrorista islamista. En plena campaña electoral, el Presidente y de nuevo candidato, Frank Underwood, y su esposa, y candidata a Vicepresidenta, Claire, tendrán que afrontar la tormenta política que se les avecina: denuncias por incapacidad por terminar con el terrorismo, unidas a una campaña meteórica de su adversario del Partido Republicano y unos periodistas que poco a poco comienzan a saber sobre su turbio pasado político.

En las últimas cuatro temporadas, hemos presenciado el ascenso hasta la Presidencia de Estados Unidos de este ser repugnante y que solo ansía el poder, representado siempre de manera soberbia por Kevin Spacey. Varios Emmys lo confirman. A su lado, su mayor confidente, su esposa Claire (Robin Wright). Juntos han hecho uso de las mayores y más crueles estratagemas por ascender a la cima: desde controlar las filtraciones a la prensa, hasta asesinar a enemigos políticos. Con mayor o menor facilidad, Frank Underwood siempre ha podido conseguir sus objetivos en la serie, nunca ha tenido a nadie a su altura capaz de entrometerse en su camino.

Y sin necesidad de meternos por el camino de los spoilers, se puede decir que Frank conoce en esta temporada a su verdadera némesis, a alguien que sabe cómo pararle los pies y dónde le duele al Presidente. Todo este descubrimiento se va fraguando a lo largo de la temporada hasta llegar a una escena final tan épica como la de la anterior. La que la cuarta pared televisiva será de nuevo víctima de los deseos de la maldad de los personajes.

Kevin Spacey hablándole a la audiencia
Kevin Spacey hablándole a la audiencia - Tumblr

Y es que la serie mantiene una de sus señas de identidad: la ruptura de la cuarta pared por parte de su protagonista, es decir, la apelación directa de este personaje a la audiencia. En estas intervenciones, el Presidente comenta al espectador sus impresiones sobre lo que está viviendo o lo que realmente piensa sobre la persona con la que está hablando. Todo el carisma del Frank Underwood sería incomprensible sin sus intervenciones. Spacey llena de ironía la falta de moral de su personaje. En un programa estadounidense al actor le preguntaron a quién hablaba su personaje cuando daba sus discursos fuera de la pantalla. A lo que respondió: “A Donald Trump”.

"No tenéis de qué preocuparos"
"No tenéis de qué preocuparos" - Tumblr

Y nada más lejos de la realidad. House of cards siempre ha destacado por sus situaciones políticas sorprendentes, en gran medida debidas a la falta de moral de sus personajes. Ahora el público lleva un año viviendo la distopía política más loca de lo que lo que los guionistas de la serie pudieron nunca imaginar. Quizá, puede que esta temporada les haya pillado por sorpresa, pero tendrán que redoblar esfuerzos para sorprender a una población que ha perdido la capacidad de asombro para la sexta temporada.

Más allá de la pareja protagonista, cada vez más malvada, ha habido una serie de personajes que han marcado esta nueva tanda de capítulos. Para empezar, Will Conway (Joel Kinnaman) el candidato del Partido Republicano a las elecciones presidenciales. En cierto modo, representa todo lo contrario que Francis: es joven, apuesto, encarna la renovación política, está alejado de toda sombra de corrupción y arrastra una buena reputación gracias a su cargo de Gobernador de Nueva York. Pese a no contar con la ambición asesina de los Underwood, posee mucho más carisma que el Presidente y mucho más aguante físico (realiza una retransmisión durante 24 horas seguidas contestando a sus electores, algo que envidia a Frank). En muchos aspectos es inferior al protagonista, pero consigue mantenerse siempre arriba en las encuestas. Un dolor de cabeza que siempre está ahí para los Underwood.

Will Conway (Joel Kinnaman) y Hannah Conway (Dominique McElligott), una pareja apuesta para la Casa Blanca
Will Conway (Joel Kinnaman) y Hannah Conway (Dominique McElligott), una pareja apuesta para la Casa Blanca - Netflix

Por otro lado, Tom Yates (Paul Sparks) sigue redactando los discursos de Claire, y continúa siendo su amante. Yates no dudará en hacer uso de su capacidad para “saber lo que piensa la gente” para comprender mejor la vida dentro de la Casa Blanca y entender a la Primera Dama. Una persona incómoda para el Presidente, no porque se acueste con su mujer, eso le da igual, sino porque es capaz de llegar hasta el fondo de su personalidad y desbarajustarle los planes.

Tom Yates (Paul Sparks) y Claire
Tom Yates (Paul Sparks) y Claire - Netflix

Maquiavelo diría que la única manera legítima de usar la crueldad es en aras a llegar al poder, no para mantenerse en él. El genio italiano vuelve a influir en el guión de esta serie, en el que el castillo de naipes al que alude el título en inglés, comienza a tambalearse. Tom Hammerschmidt (Boris McGiver) es el director de The Washington Herald, un periódico de la capital que investiga el pasado turbio del presidente. El periodista está seguro que Underwood mató a Zoe Barnes, la antigua trabajadora suya a la que Frank, cuando todavía era congresista arrojó a las vías del tren. Poco a poco, a la redacción irán llegando filtraciones desde dentro de la Casa Blanca que darán pistas para comprobar esa hipótesis. Por otro lado, todos los personajes de la esfera Underwood comienzan a atormentarse por el mal que les toca hacer día a día.

Frank Underwood
Frank Underwood - Netflix

Si bien la temporada tiene un buen comienzo y una parte central que tampoco sorprende, los últimos cuatro capítulos ponen toda la carne en el asador. Dirigidos por la directora europea Agnieska Holland (El jardín secreto, Europa, Europa) y por la propia Robin Wright, abren el camino a la sexta temporada. La serie necesitaba un cambio, Francis Underwood no podía mantenerse en el poder indefinidamente sin encontrar grandes adversarios que de verdad puedan truncar sus planes. Sin embargo, de ahora en adelante las dinámicas de poder han cambiado. La caída de Frank Underwood podría ser inminente.

Quizá no haya sido su mejor temporada. Pero esta quinta parte de la serie ha dejado momentos más que memorables. Francis Underwood ya ha pasado a la historia de la televisión como el ser más maquiavélico y amoral, si es que no es lo mismo, que ha habitado en la Casa Blanca, y sin necesidad de ser multimillonario ni tener la piel naranja.

Esperemos que Donald Trump no aprenda de este señor. Aunque bien nos gustaría ver una temporada centrada en él. 

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