Incertidumbre

Lo que la vida es. Lo que la vida era.

Confuso, enfadado, arrepentido… No sé cómo ni a dónde voy y ni siquiera sé qué quiero, no me decido entre blanco o negro y, a veces, me apetece rojo, verde o tal vez un morado intenso. La verdad es que no tengo ni la menor idea. Confuso estoy, confuso estaba y quizás acabe mis días igual de perplejo ante la vida y la propia existencia ¿Quién sabe el participio de mi camino? Un millón interminable de preguntas vuelan en mi interior. Ya no me queda nadie. Tengo un enredo inconcebible en la cabeza. ¿Estoy verdaderamente ciego? ¿No me doy cuenta de que no valgo? Nombres, nombres y más nombres invaden mi mente “¡Cállate cerebro!”, parole, parole, parole sin parar, a veces negativas, a veces positivas ¿Qué hago? ¿Vuelvo al principio? No puedo, no se puede, se tiene que continuar avanzando siempre. Eso sí, se puede pero YO soy el que no puede.

Solo de oír la burlesca percusión de sus pasos contra el suelo ya la odio un poco más. Ojala se silenciasen.

Recuerdo como era vivir cuando el temor se castigaba; no podías gritar si sentías miedo y aprendí a temer en silencio, a exhalar gritos vacíos y discontinuos. Y ahora sigo oyendo sus imperturbables pasos que me estremecen y me devuelven a ese estado inicial en el que me hallé durante cuarenta años.

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