'Knock, Knock': el cuerpo de Ana de Armas y Lorenza Izzo

Este Keanu Reeves no es ni Neo ni Constantine

¿Os acordáis de una película del año 2009 titulada ‘Jennifer’s Body‘ que sirvió únicamente para ver en pantalla a Megan Fox lucir cuerpo? Bueno pues, salvando las distancias, ‘Knock Knock’ sirve un poco para eso, para que Ana de Armas y Lorenza Izzo pongan su belleza al servicio del público. La película, cuyo mediocre comienzo con postal de familia feliz termina demasiado tarde, no hace más que alargar una trama que no tiene salvación, abocando a la cinta a un alargamiento sin sentido y a un rizo demasiado rizado. Para entendernos: la historia de este padre de familia atormentado se cuenta en mucho menos tiempo, y al menos así pueda parecer que está verdaderamente agobiado. Quiero decir, agobiado como si dos mujeres entrasen en tu casa, se apoderasen de ella y te pusiesen contra las cuerdas por el mero hecho de divertirse. Keanu Reeves parece estar tan agobiado como puedes estarlo en un atasco un lunes a las 9 de la mañana, pero sin sobrepasar el límite de la verdadera desesperación por la supervivencia; expresión vacía. En el otro contrapunto están Lorenza Izzo y Ana de Armas; la primera vale, está adaptada completamente a lo que quiere mostrar, y su fuerza es comparable a su locura, y la segunda se centra demasiado en el coqueteo y la seducción, acompañando lo mismo con más locura. Sin embargo, a ambas les falta dejar la risa de lado -que sí, que es parte de su locura, pero hasta cierto límite- y centrarse un poquito más en el trabajo que están haciendo.

Si con la película se buscaba alterar al público y mantenerlo pegado a la butaca, dicho ejercicio se queda en un regateo barato de sustos aderezados por las protagonistas femeninas. La sexualidad de ciertas escenas roza lo burdo y vulgar, y la trama sufre de socavones tan grandes que ni unpequeño momento de resurrección interpretativa de Keanu Reeves consigue levantar. Los secundarios son una lastimera muestra de relleno, y las conversaciones que el guion mantiene dan que pensar si verdaderamente eran necesarios tres cerebros para realizarlas. La localización de la película es tan correcta como la casa de cualquier arquitecto moderno, mezclando el laberinto con la tensión y, por ende, se mantiene un poco más al espectador dentro gracias a ello, ya que la música no otorga angustia a ningún momento que deba tenerlo. De todos modos, la cinta resulta vacía en su contenido, y atractiva en su continente; lo cual dejará al espectador muy frío una vez finalice.

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