La victoria más importante

Leire, 16 años, jugadora de la Fundación Rayo Vallecano C, que este año ha militado en el grupo 1 en la categoría de Primera Femenino Juvenil, escribió unas palabras a todas sus compañeras y cuerpo técnico como resumen y agradecimiento en la cena de fin de temporada de su equipo. En ellas hacía un resumen de todo el año y no había datos de clasificaciones, ni de marcadores, ni de goles. Hablaba de dudas, de unión, de esfuerzo, de compañerismo; de palabras, que en diferentes categorías y deportes en niños y niñas, han sido fagocitadas y postergadas a segundo plano, sometidas al único fin del resultado.

Cada fin de semana vivo en muchos campos de juego como algunos padres y madres, alimentan la teoría del solo vale ganar, tal vez amparados en la frustración de lo que ellos no pudieron conseguir, tal vez arrastrados por la creencia impuesta cada vez más en nuestra sociedad de que solo el ganador sale en la foto, añadiendo a sus hijos una presión innecesaria desde tempranas edades y obviando y desdeñando lo realmente importante, la formación personal y deportiva de cada uno de ellos, y sobre todo, que la cubran intentando ser lo más felices posible.

Estoy seguro de que Leire ha completado el álbum de fotos de su temporada con diferentes instantáneas, aquella incertidumbre de principios de temporada, ese apoyo mutuo con sus compañeras después de una derrota que les hizo a todas más fuertes, el abrazo de un gol a quien viste luchar desde el principio pero su timidez le impedía soltarse cuando llegaba el partido, aquella nueva compañera que tal vez se convertirá en amiga para toda la vida, todo lo que han conseguido como grupo, como equipo… Ese álbum tiene más valor que ganar una liga o un torneo, porque es único y porque está compuesto por momentos que ha construido con sus compañeras; todos los han elegido ellas, y por eso, los guardarán en su baúl de recuerdos de la vida, los recuperarán en algún momento y siempre les arrancará una sonrisa, y eso, es la victoria más importante.

Leire, después de unos años en los que estuvo alejada de los terrenos de juego, sigue el leiv motiv de “siempre uno vuelve a lo que le hizo feliz “. Enhorabuena a ti y a tus compañeras por conseguirlo, gracias por recordárnoslo y por dejarnos compartir con tod@s tus palabras.

Javier Estival

Esto es lo que Leire escribió para sus compañeras y cuerpo técnico:

He de reconocer que nunca se me han dado del todo bien los cambios, en un comienzo me aterra lo nuevo, lo desconocido y me aferro a lo anterior convenciéndome a mí misma que era lo mejor y que no voy a encontrar nada como aquello. He leído que esto tiene nombre, se llama metatesiofobia. Una palabra demasiado rara para un problema tan común... ¿no creéis?

Aquella madrugada cuando vi las listas con nuestros equipos correspondientes, todo se me vino abajo. Me llevaba muy buenas amistades de mi anterior equipo y no conocía apenas a chicas del actual, pues la mayoría entraban nuevas en el club. Mi cuerpo se invadió de miedo, miedo a no encajar, miedo a ser diferente, miedo a no aportar lo suficiente en el campo cuando el equipo lo necesitara, miedo a no disfrutar del todo ese deporte que tanto proporciona a mi persona. El fútbol siempre había sido mi más fiel vía de escape, la mejor manera de evadirme de los problemas y de veras que no podía permitirme que eso cambiara.

Recuerdo los primeros entrenamientos, en el vestuario reinaba el silencio ensordecedor de 16 chicas totalmente diferentes, pero todas con una pasión en común: el fútbol. Nos mirábamos unas a otras, pero cuando la otra se daba cuenta de que alguien le estaba mirando, evitábamos la mirada. A mí me gustaba imaginar qué pensaban cada una de ellas, qué sentían, cómo eran, cómo pensaban, y sobre todo, me gustaba preguntarme a mí misma por qué las gustaba el fútbol. Hay cosas que aún me las sigo preguntando, pero creo que hoy en día de la última pregunta sé la respuesta sin necesidad de haberla formulado.

Siempre he sido partidaria de creer en el verdadero trabajo en equipo. De creer que la cooperación da resultados y que cualquier cosa que esté bien compacta es mucho más resistente que una que esté desestructurada, sin importar la calidad de ambos materiales. Nosotras éramos 16 piezas diferentes, independientes y estábamos bajo la responsabilidad de tres constructores que tenían que hacer de nosotras una pieza uniforme. No era tarea fácil, nunca lo es. Desde fuera tendemos a criticar, a menospreciar el trabajo de los otros y a pensar que nosotros lo haríamos mejor. Realmente es una hipocresía hacerlo porque cuando las cosas se viven en tu piel, todo cambia. Nunca sabemos cómo reaccionaríamos ante diferentes situaciones si no las hemos vivido. Simplemente sabemos cómo nos gustaría reaccionar, y queremos convertirlo en nuestra realidad, pero la mayoría de veces acaba siendo una realidad simplemente ficticia.

Conforme fue pasando el tiempo, nosotras, las piezas, comenzamos a unirnos. No sé si fueron las victorias y el buen sabor de boca que éstas dejan, lo que nos fue acercando, o tal vez lo fueran las derrotas, ya que son los momentos malos en los que anhelamos más la compañía. Sinceramente tampoco quiero encontrar el porqué de nuestra unión, me sirve con saber que ocurrió. Ocurrió y todos lo sentimos. Lo sentimos la plantilla, el cuerpo técnico se percató de ello, y hasta los padres, que son nuestra afición favorita, lo notaron de inmediato. Éramos y somos esa pieza uniforme. Somos un EQUIPO con todos los sentidos buenos que la palabra pueda tener, que no son pocos. Todos y cada uno de vosotros conseguisteis que mi miedo desapareciera poco a poco, hasta el puntos de no existir. Los seres humanos nos guiamos por sensaciones, y cuando no encontramos un ambiente en el que nos sentimos cómodos, no somos realmente nosotros mismos. Yo he podido ser yo misma y no sabéis cuánto os agradezco el que me hayáis transmitido esa confianza que pocoa gente me transmite.

Quiero daros las gracias a todos, gracias por haber hecho esto posible, por haber evolucionado todas tanto dentro como fuera del campo, por superar todo en equipo, por el cariño y la compañía cuando algo se torcía, pero sobre todo gracias por haber sido reales. Por haber sido vosotros mismos. Porque todos tenemos defectos, es totalmente normal y lo importante es saber reconocerlos. Pero puedo aseguraros que tanto las 15 chicas restantes como el cuerpo técnico, tenéis algo que os hace especiales. Así que por favor, no permitáis nunca que nadie os haga creer lo contrario. Y si es así, que alguien os hace creer lo contrario, estará pecando de ignorancia, y cuando descubra en qué grado, deseará no haberlo hecho nunca. Hemos afrontado muchas situaciones y aunque no hemos salido de todas victoriosos, podemos presumir de estar orgullosos por el trabajo y la constancia que hemos empleado para afrontarlas.

(Por ese milagro también llamado fútbol)

No es la primera vez que utilizo esta frase, pero es que no me canso de escuchar las sabias palabras de Alfredo Di Stefano:

"Nigún jugador es tan bueno como todos juntos"

 

Hasta aquí el texto que Leire dedicó a compañeras y cuerpo técnico de su equipo, una auténtica lección para todos los que amamos este bendito deporte, seamos de un equipo u otro. Gracias de todo corazón por compartirlo con todos nosotros y agradecer también a mi amigo Javier Estival, orgulloso tío de Leire, que me hiciera llegar este precioso texto y que escribiera una introducción al mismo, tan maravillosa como la que nos ha regalado. 

Gracias a ambos por darme más motivos aún de que otro fútbol sigue siendo posible.

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