Las aventuras y desventuras del Inspector Pelado Gil

El extraño caso del rompebotellas. Capítulo 8

No ha estado mal el homenaje que me he dado para celebrar que hoy por fin voy a desenmascarar al gran embaucador del Sexi. El menú degustación del restaurante Can Bronca ha sido sublime. 36 platos cada uno servido con un vino diferente es lo mejor que se ha inventado en el mundo desde que se fundó el Atlético Aviación. He llegado a tal nivel de euforia que al terminar me he puesto encima de la mesa a gritar "Viva el Maridaje", pero sobretodo "Viva el Vino". Y ahora una copita de brandy en el reservado que me han cedido gustosamente -no me extraña con la facturita que me van a clavar, mejor dicho, que le van a clavar al carajote del Sexi-, que no tardará en llegar la leyenda viva del Alcobendas.

- Buenas tardes Inspector, estoy impaciente por oirle contar todos los detalles de la resolución del caso. Trudi me ha dado su mensaje de que viniera aquí a las cinco y casi no he comido para llegar a la hora.

- Buenas tardes Sr. Rebuto Butón, siéntese y póngase cómodo ...

- Llámeme Sesi que hay confianza.

- Ah sí, perdone Sr. Rebuto Butón. Como le decía Sr. Rebuto Butón siéntese y póngase cómodo que le voy a contar del tirón todo lo ocurrido desde el minuto uno con el robo de la bodega. Antes de empezar, le informo que por favor no me interrumpa en la perorata que estoy a punto de largarle. Imagínese que está en la misa del gallo escuchando la homilia del obispo, o si lo prefiere, escuchando un monólogo en el club de la comedia.

- ¡Oído cocina!

- Pero qué dice insensato. No me caliente Sr. Rebuto Butón, no me caliente.

- Perdone, es un chascarrillo que empleo para relajar el ambiente, no era mi intención molestarle.

- Ya, pues bien Sr. Rebuto Butón, en primer lugar le voy a poner en antecedentes. El comisario Don Serafín me encargó el extraño caso del lanzamiento de botellas de vino de gran valor desde puentes de la M-30. Eligió a un servidor dada la gran complejidad y dificultad que presentaba el mismo -simple casualidad que era el único Inspector disponible-. Siempre he destacado por mi gran olfato -y gusto- para resolver las más inverosímiles tropelías. 

Lo primero que constaté en los lugares de los hechos fue que no olía a nada de nada, ni había la típica mancha de vino -soy experto reputado en lamparones en camisa propia-, o las botellas estaban vacías o llenas de agua.

Luego vino lo de la denuncia del robo de la bodega, no había que ser muy hábil para ver que ambos hechos estaban relacionados. Entonces, como dice la primera lección del manual del buen investigador: "métanse en el cerebro del delincuente y traten de reconstruir lo que hubieran hecho en su lugar"; bingo, lo tenía, todo era más sencillo que lo que aparentaba. Yo, conociéndome como me conozco, si tuviera una bodega así me la habría bebido hace tiempo y para que no se enterara el personal habría hecho como usted Sr. Rebuto Butón, simularía un robo después de deshacerme de las pruebas del delito.

Pero de todas formas había que ir encajando las piezas para desenmascararle y usted no me lo puso muy fácil que digamos, tenía coartada para todas las situaciones. Nadie podría sospechar que usted era el lanzador porque cuando ocurrían los lanzamientos supuestamente estaba viendo los partidos del Madrid en su tele de plasma del despacho. Pero el otro día tuvo un desliz y se le escapó que se había enterado escuchando el partido por la radio del coche.

Lo que hacía, aprovechando que Doña Amparo y las niñas estaban fuera, era ir deshacíendose de las botellas, y la hora del partido era perfecta porque todo el mundo pensaría que lo estaba viendo. Además como fiel cliente del canal fútbol que es, cuando regresaba de las excursiones nocturnas a la M-30, le daba al botón amarillo del mando a distancia y veía el partido desde el principio, medida muy inteligente por si acaso le preguntaban por alguna jugada, como la del remate del árbitro con la mano ¿se acuerda?

No me ponga esa cara de lerdo, continúo.

Sigamos por mi querida Trudi, toda su vida limpiando los sábados la bodega y de repente se le ocurre a usted hace seis meses que no lo haga, que si molesta a los vinos, pero que chorradas se le ocurren, se lo dijo para que no descubriera el tomate, o no listillo.

Pero el colmo de su cutrismo fue que una vez que se las bebía las iba rellenando con agua e intentaba meter otra vez el tapón, que lógicamente ya no entraba del todo, y encima las ponía del revés para que no se notara. No estaría muy contento con su obra maestra que al final decidió fundir todas las bombillas por si acaso. Cutre mas que cutre.

Y por último, como una película de cine negro mala, la culpa al muerto. Que pensaría el pobre Dioni de usted si levantara la cabeza.

Esto es en resumen lo ocurrido, así que si me permite un consejo, cuando vaya a tirar vidrio siempre al contenedor amarillo, recicle Sr. Rebuto Butón, que no vea como dejó la M-30 de cristalitos.

Y ahora me tengo que ir, ni se levante ni diga nada, pronto tendrá noticias mías. Por cierto, el camarero le está esperando en la puerta con la bacaladera en la mano, muchas gracias por invitarme a comer, qué menos por las molestias causadas. Ah, si me hace el favor, cuando vuelva a casa le dice a Trudi que ya me he comprado el caballo para ir con ella a la feria y a su querida esposa Doña Amparo que el lunes nos vemos en la clase de pilates.

Que tenga un buen día "Sexi ... buto".

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