Madurar

La realidad del vivir cómo se espera.

La vejez, punto de no retorno en la vida que me espanta. Es el desvanecimiento, desde la primera cana, el primer indicio de arruga, la primera pista de falta de energía, todo augura tu desvanecimiento. Poco a poco, primero te quedas sin nada y luego te desvaneces tú. Toda aquella belleza por la que luchas diariamente, toda aquella energía que te ayuda a avanzar, todo se va y la nada llega.

No me parece ilógico pues no sentirme atraído por la idea de una vida en la que solo una monotonía estable puede salvarte del tentativo suicidio.  Cásate, ten hijos y acepta que todo aquello que eras se irá para dejar paso a lo que representa que eres dentro de la sociedad mediocre y fotocopiada de los adultos. Deja que todas tus ideas se pasen a segundos con el pretexto de cesión de sabiduría a aquellos que sí pueden vivir más que solo pensar en vivir. Enfádate con la vida por quien eres y realiza la paradoja que todo humano hace en ese punto, créete los suficientemente soberbio como para crear una vida igual o mejor que tú, cuando tu ni siquiera has conseguido llegar plenamente a lo que querías por ti mismo (todos tenemos cosas sobre las que pensar). Ser padre no es bonito, es una responsabilidad para la que yo no estoy preparado y de momento aún no he conocido a nadie que lo estuviera.

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