'Melanie. The Girl with All the Gifts', educar es sobrevivir

CRÍTICA | Colm McCarthy se sirve de una nueva invasión zombi para traspasar barreras y hablar de temáticas que van mucho más allá. Un gran elenco acompaña a Sennia Nanua.

Cuando el pasado mes de octubre la cadena AMC lanzó el primer episodio de la séptima temporada de The Walking Dead (emitida en España por FOX), las redes sociales estallaron. La serie, baluarte incontestable del canal, había sobrepasado, decían, el límite de la violencia explícita en la pantalla. El capítulo, situado íntegramente en el mismo espacio, mostraba cómo el villano Negan asesinaba a dos miembros de la cuadrilla de Rick Grimes, el protagonista de la serie. Y lo hacía con sadismo, sin apartar la cámara, con una puesta en escena –es justo decirlo– de dudoso, o mal gusto.

La recuperación del controvertido capítulo de la producción no es casual. Hacia el final de Melanie. The Girl with All the Gifts, el espectador se enfrenta a una secuencia de espíritu similar. Eso sí, nada que ver en su ejecución. Aquello que Greg Nicotero recogía con morbo y explicitud exacerbada –los golpes del bate sobre la cabeza de las víctimas se suceden hasta reducirlas a sangre y trazas de carne–, Colm McCarthy lo convierte en una mirada mucho más respetuosa. Sin eludir el componente violento de la secuencia, pues existe y es justo mostrar que así es, el director se permite una cierta distancia a la hora de componer el encuadre, así como sitúa obstáculos visuales entre su foco y la víctima o un montaje mucho más rítmico, que apenas deja opción de detenerse a mirar. Todo lo contrario que en aquel El día llegará cuando tú no estés. Incluso la amortiguación sonora se contrapone a la repetición seca y cruda de los golpes de Negan sobre los cráneos de sus víctimas.

Ambas películas abordan la violencia, pero desde perspectivas antagónicas. En la primera es gratuita, en la segunda, necesaria para comprender el universo que rodea a los protagonistas. Incluso para su avance en un contexto oscuro y opresivo. Un entorno en el que también hay una invasión zombi, esta vez provocada por un hongo, que hace que la humanidad peligre. La sutilidad en las decisiones de puesta en escena de McCarthy hace que el espectador presencie todo desde la altura de los ojos de Melanie, la niña que protagoniza el largometraje, una hibridación entre los hambrientos y los humanos que, al parecer, podría ser el antídoto perfecto para la epidemia fúngica.

La adaptación de la novela escrita por Mike Carey (Melanie: Una novela de zombis, publicada por la editorial Minotauro) recoge el viaje de un grupo de humanos al que acompaña Melanie, tras ser ocupada por los contagiados la base militar en la que investigaban. Esa idea del tránsito sirve al cineasta para mostrar varios estadios y la evolución de las reacciones del grupo frente al impredecible enemigo al que se enfrentan. Una plaga que deja un mundo de carácter desértico en el que la vegetación comienza a abrirse paso y recuperar lo que un día fue suyo y en el que el autor se permite ciertas asociaciones que hablan más de la socio-cultura actual que del futuro distópico en el que se contextualiza la historia. Es el caso, por ejemplo, de la potente imagen que sitúa a una masa de muertos vivientes, literalmente dormidos, en los pasillos abandonados de un centro comercial. Una brillante viñeta del consumismo caníbal que gobierna la sociedad.

Melanie. The Girl with All the Gifts se desarrolla en torno a la incertidumbre de su trama principal, la atmósfera viciada que dibuja la composición musical e inconfundible de Cristobal Tapia de Veer (Utopia; Dennis Kelly, Channel 4, 2013-2014) y la búsqueda de una estilización de la imagen, que queda patente en determinados usos del ralentí, los contraluces y el discurso inherente a las imágenes. En esa trenza de elementos podría encontrarse la definición de la obra; sin embargo, no conviene olvidar la importancia que va adquiriendo el discurso según avanza el metraje. Pasan los minutos y el espectador descubre que Colm McCarthy no ha firmado una película sobre zombis, sino una cinta en la que estos son un vehículo para reflexionar, entre otras muchas cosas, sobre el papel de la educación. Y, como se deduce del magnífico plano final, reflejo del inicio del film, para convertirla en la única alternativa de progreso. En un mundo de muerte, educar es sobrevivir.

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