'Michelle & Obama', verano del 89

CRÍTICA | La ópera prima de Richard Tanne se une al biopic de Vikram Gandhi 'Barry', estrenado por Netflix, en su retrato edulcorado del cuadragésimo cuarto presidente de USA.

El próximo fin del mandato de Barack Obama parece haber activado los homenajes al primer presidente negro de los Estados Unidos. Tanto es así que meses antes de la toma de poder del magnate Donald Trump, y del abandono definitivo de Washington por parte de la familia afroamericana, se han estrenado con una diferencia de cuatro meses dos biopics del mandatario: Barry (Vikram Gandhi), que llegó al catálogo de Netflix el pasado 16 de diciembre, y Michelle & Obama (Southside with You; Richard Tanne), que se estrenó en USA en agosto y aterriza ahora en nuestras carteleras.

Richard Tanne compone su acercamiento desde la mirada hacia la pareja y su gestación. Lo que ficciona aquí el cineasta no es otra cosa que el primer encuentro entre un joven Barack Obama y la prometedora abogada Michelle Robinson. Un largo paseo lleno de digresiones, flirteos y conversaciones interminables que, sin embargo, funciona solo gracias al nombre de sus protagonistas. Nada tendría de destacable como comedia romántica si se tratase de dos estudiantes anónimos.

Michelle & Obama es pura melaza. Todos los elementos forman un carrusel destinado a la dulcificación y engrandecimiento de la historia romántica. La música y la escritura forman simbiosis para ofrecer una sucesión de frases grandilocuentes aderezada con versos de canciones que tratan de llegar allí donde no alcanza el guion. De esta forma, Richard Tanne nos aproxima a un entorno universitario y de primer empleo en el que, lejos del concepto de futuro, dos jóvenes tratan de salir adelante en sus trabajos y conseguir sus metas. Además, no duda el director en introducir pequeños dramas con el único objetivo de agrandar si cabe la figura de sus dos personajes (pero sobre todo de él).

Con la sutilidad que proporciona la cita de un fragmento de Haz lo que debas (Do the Right Thing; Spike Lee, 1989), Richard Tanne se aventura a ofrecer una panorámica –levísima e inofensiva– sobre el racismo del Chicago de 1989 en el que se sitúa su historia. No obstante, resulta tan accesoria y finalmente inocua que ni siquiera permite la asimilación del mensaje con respecto al conflicto racial que permanece de actualidad en toda la nación. Todo resulta tan dócil que el discurso se “contamina” de obviedades. Como también ocurre en aquellos fragmentos en los que se vislumbra al político. Una escena en la que Obama ofrece un discurso a su comunidad del South Side le sirve a Tanne para enmarcar al hombre de hoy en su pasado y deslizar una carantoña en la espalda del retratado. El resultado de esta ópera prima es el retrato de brocha gorda de un hombre conversador, intelectual y cercano a lo que en la jerga popular se conoce como la todología (la ciencia de saber de todo).

A fin de cuentas, una hagiografía sin ninguna vocación de camuflaje.

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