Moore escarba, Oteiza edifica.

Escultura desde la antropología y la arquitectura.

La suerte de contar con las obras de Henry Moore en la plaza de un mercado dominical nos permite disfrutar del mayor exponente de la escultura abstracta del siglo XX. La obra social de un enorme banco nos acerca algunas piezas de Moore a Logroño, donde tenemos casi dos meses para intentar comprender algo de lo que el inglés formuló.

Uno de sus famosos discípulos, Anthony Caro, estuvo durante un año expuesto en las bodegas CVNE en Haro sin apenas reconocimiento o sorpresa. La gente no conoce ciertos nombres. Pero la gente tampoco ha seguido la historia del arte, y se quedó en lo figurativo.

Moore encendió una mecha que pocos entendieron, pero que dejó una humareda difícilmente ventilable para el resto de artistas escultores. Una pieza enorme de bronce o mármol en la que se escarba, se araña, se hurga y se descubre un espacio que significa algo más que el propio vacío. Es la sensación de haber encontrado el lugar que habita el arte. La creación entendida desde el desvelo de lo escondido. Una mujer que yace albergando una complexión anómala, óvalos que esconden caminos hacia el espacio. Moore es un antropólogo, es quien busca en una pieza dada. Oteiza es el arquitecto.

El guipuzcoano es quien plantea paredes, contrafuertes, columnas y vigas para hacernos recapacitar. Los espacios, regidos por polígonos irregulares, generan una metafísica por la profundidad demiúrgica, si se me permite la creación ferlosiana. En Oteiza no hay búsqueda básica, sino proyecto de espacios significativos. Quizá queden décadas para captar lo que la vanguardia vasca dejó proyectado. Apuntaron, valga el chiste, y dejaron un sistema explosivo preparado para la generación que quisiera descubrir el concepto arquitectónico de la escultura. Pero en vez de explotar culturalmente, se utilizó para rellenar las cuentas corrientes de una familia que copió sus ideas. Eduardo Chillida plagió el núcleo central de la obra de Jorge de Oteiza aportándole ese punto estético que la gente con gusto y dinero puede permitirse. Sin reconocerlo públicamente, perdió la oportunidad de lanzar la cultura vasca y española de vanguardia al mercado mundial. Combinar la belleza de Chillida con la verdad de Oteiza habría sido un deleite para todos. Una curva allí, un brillo allá. Pulir y pintar no es cosa del artista en ciernes, sino del perfeccionista que decora el significado de otros.

Los espacios que Oteiza crea están planeados. Significan porque forman un lugar demasiado habitado por la codicia, habitualmente. Pero mostrándolo vacío nos devuelve al origen, a la libertad del creador. Oteiza crea, pero construye. Moore crea, pero escarba. Dos escultores con la misma etiqueta que llegan a un escenario común con pretensiones y consecuencias diferentes.

 

JavierMC - @Cinejavi (en Twitter)

 

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Caja metafísica - Jorge de Oteiza

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