Paz y violencia en el Budismo

Introducción: Paz y Violencia en las religiones

La paz, ausencia de guerras y conflictos, es el estado social y personal deseado. No obstante, rara vez ha existido un periodo permanente de paz a nivel mundial.  “Todos queremos la paz, pero ésta cede paso a la guerra por doquier. Rastreando las huellas de la historia, cuesta mucho encontrar un estado duradero de paz. La paz, al decir certero de José Luis López Aranguren, apenas ha pasado de ser un periodo intermedio entre dos guerras” (Juan José Tamayo, 2003: 11).

Hay una creencia internacional extendida acerca de que la religión es sinónimo de paz, pero no es así. Resulta evidente que las religiones están ligadas desde su origen hasta nuestros días a los conflictos. La cuestión es hasta qué grado. Para dirimir el asunto, existen tres teorías principales:

o   Todos los conflictos se deben a causas externas a la religión. A rasgos generales se han producido guerras por cuestiones como reparto del agua, asuntos territoriales, choques políticos o económicos…

 o   El conflicto está vinculado al interior de las personas, a sus sueños, acciones, pensamientos… Son las personas las que fomentan el conflicto entre las religiones, no ellas, que son puras por naturaleza y promueven las buenas acciones, la caridad, el amar al prójimo…

o   Las religiones como sistema doctrinal, como movimientos religiosos espirituales son fuentes de violencia. No solo los creyentes a nivel individual. Las religiones fomentan la violencia de forma directa o indirecta. Aunque tengan preceptos de paz, provocan comportamientos fundamentalistas y fanáticos. Tienen una estructura dogmática en la que no se concibe el desacuerdo. Todo esto desemboca en comportamientos violentos.

Es cierto que, por una parte, en la mayoría de las religiones hay componentes de paz y que las comunidades religiosas tienen un significativo potencial para solucionar conflictos. “Las religiones pueden ser agentes, y muy importantes –decisivos, diría- de paz. En todas ellas hay experiencias y propuestas de paz que pueden contribuir a la construcción de una sociedad sin violencia” (Juan José Tamayo, 2003: 12). Peter Harvey menciona como ejemplos significativos de potencial de paz el movimiento Sarvodaya Shramadana de Sri Lanka y el movimiento Thich Nhat Hanh del Vietnam.

Por otra parte, si echamos un vistazo a la historia, podemos deducir tajantemente que, aunque la violencia forma parte del ser humano y de la vida en sociedad, las religiones han sido y siguen siendo una fuente permanente de conflicto. A pesar de que los escritos sagrados contienen mensajes de paz, a la vez legitiman de una u otra forma la violencia. En otras ocasiones, esta violencia se deriva de una interpretación sesgada de los preceptos religiosos.

En base al contexto expuesto, el objetivo de este artículo es, pues, discernir y profundizar en la paz y la violencia del Budismo. ¿Es el Budismo fuente de violencia o más bien un camino de paz? ¿O quizá  ambas cosas?

Una breve aproximación al Budismo

El Budismo es una religión no teísta, es decir, se define como una corriente espiritual y filosófica que no discurre o menciona la creencia de un Dios creador o absoluto.

Esta creencia, derivada del brahmanismo, fue fundada en la India en el siglo VI a.C por Buda Gautama, y desde entonces ha ido evolucionando hasta el punto que existe una gran pluralidad actual de escuelas y prácticas.

Es la cuarta religión más grande en el mundo. Tiene, actualmente, en torno a 350-400 millones de seguidores. Desde el punto de vista geográfico está ubicado fundamentalmente en Asia, concretamente sobre todo en el sur y sureste del continente asiático.

Tiene una presencia mayoritaria en Tailandia, antigua Birmania, Sri Lanka y Mongolia. Desde 1990 está en pleno crecimiento y ha incrementado su número de fieles especialmente en Corea del Sur, Nepal, India, China e Indonesia. No obstante, la presencia del Budismo en las sociedades occidentales también es cada vez más palpable.

Como toda religión, el Budismo tiene una estructura en torno a una serie de principios fundamentales.  Destacan sobre todo las 4 verdades nobles enunciadas por Buda Gautama:

  • Duḥkha existe.  Este es un término budista relacionado con el sufrimiento. La vida es imperfecta, la insatisfacción y el sufrimiento existen y son universales. Este es el punto de partida de la práctica budista. La primera noble verdad descrita por Buda es que la vida incluye sufrimiento.
  • La causa de duhkha es tṛṣṇā. El origen, la causa raíz, de duhkha es el anhelo, el ansia o la sed (tŗşņā) de cualquier situación o condición placentera. Creemos que algún acto, logro, objeto, persona o entorno nos llevarán a la satisfacción permanente del “yo”, cuando el "yo" en sí no es más que una fabricación de la mente. Y de ahí que el origen del anhelo sea la ilusión o la ignorancia (avidyā) en la vida samsárica. 
  • Existe un cese de duhkha. La forma de que la insatisfactoriedad de la vida cese es la de enfrentarnos de manera directa a duhkha y tŗşņā, su causa. Al enfrentarnos a la realidad, la entendemos como realmente es, sabemos las causas del sufrimiento y cómo hacer para que no surjan. Esta verdad contiene la enseñanza sobre nuestra capacidad de llegar al Nirvana. 

Saṃsāra en el budismo se corresponde con el sufrimiento, propio del mundo material, del que los seres humanos son los únicos seres reencarnados capaces de distanciarse, mediante la liberación, y, posteriormente, de separarse, mediante el nirvana. El tiempo necesario para liberarse del saṃsāra depende de las prácticas espirituales y del karma acumulado en vidas anteriores. A diferencia de los hinduistas, según los budistas, el karma no funciona como una ley de causa-efecto que un dios invisible se encarga de cumplir, sino más bien como una inercia natural, lo que tiene consecuencias automáticas en las acciones, en un contexto que implica la reencarnación.

  • Existe un Noble Camino óctuple para lograr este cese. El método y la disciplina para eliminar la ignorancia, el anhelo y finalmente duhkha es el camino de la sabiduría, la ética y la meditación, expuesto de manera detallada en el Noble Camino. Ese camino tiene 8 tramos relacionados con acciones de la mente, acciones del cuerpo e inacciones, es decir, la pasividad. Los 8 caminos, decía Buda, son los siguientes:

·         1º Camino: Correcta opinión sobre la realidad, su comprensión. No falsear la realidad

·         2º Camino: Correcta decisión. Saber tomar las decisiones adecuadas, pensándolas.

·         3º Camino: Correcta palabra. Habla correcta, utilización de palabras adecuadas y no malsonantes.

·         4º Camino: Correcta acción. Acciones correctas. Se logra si se cumple el resto.

·         5º Camino: Correcta vida. Medio de vida correcto.

·         6º Camino: Correcto esfuerzo. Orientar todos esfuerzos en una determinada dirección para conseguir su efecto.

·         7º Camino: Correcta atención. Consciencia del presente.

·         8º Camino: Correcta concentración. Meditación.

De todo esto se deriva que el Budismo tiene una esencia más ética y psicológica que otras religiones. De hecho, para muchos, el Budismo es compatible con otra religión, ya que se define como una ética que evita ir a los extremos. El criterio ético de la vida del ser humano para los budistas es la armonía con la naturaleza.

5 Preceptos Maravillosos

La ética del Budismo se fundamenta en los principios de Ahiṃsā  (no ocasionar daño) y el Camino medio (moderación; no reprimir ni tampoco aferrarse a nada). Los 5 preceptos maravillosos, enunciados también por Buda Gautama, constituyen el código ético budista:

1.      Emprendo la regla de abstenerme de matar o hacer daño a otra vida. Hay que proteger la vida, no causar daño a la naturaleza ni al ser humano

2.     Emprendo la regla de abstenerme de tomar lo que no se me ha dado. No poseer nada que pertenezca a otra persona ni enriquecerse a cosa de su dolor o desgracia.

3.     Emprendo la regla de abstenerme de conductas sexuales dañinas.

4.     Emprendo la regla de abstenerme de mentir.

5.     Emprendo la regla de abstenerme de consumir sustancias que alteren la consciencia. No tomar aquellas sustancias que perjudiquen la mente o el cuerpo.

Es importante señalar que estos principios “no se formulan como imperativos, sino como reglas de formación de práctica voluntaria” (Stewart McFarlane, 2001:187). Son de un cumplimiento que emana de la propia naturaleza y humanidad.

“Para que nuestro mundo tenga un futuro, necesitamos guías básicas de comportamiento… Practicar preceptos o mandamientos no es una cuestión de suprimir o limitar la libertad. Nos ofrecen una forma de vivir maravillosa, y podemos practicarlos con gozo” (Thich Nhat Hanh, 1995:113-114).

Así pues, estos principios se pueden entender como instrucciones para conseguir el objetivo de comportarse bien no solo consigo mismo, sino también con los demás. Por tanto, de esta forma, se podría decir que son indicaciones para convivir en paz.

Concepción de Paz en el Budismo

Abraham Vélez propone en 10 claves sobre paz y violencia en las religiones dos preguntas que ayudan a comprender la concepción budista de la paz. La primera cuestión es “¿Qué es más acorde con la naturaleza humana, la paz o la violencia? El segundo interrogante es “¿Es la paz interior raíz de la paz exterior o es más bien la paz exterior el origen de la paz interior?”.

¿Qué es más acorde con la naturaleza humana, la paz o la violencia?

La respuesta a esta pregunta refleja la concepción que tenemos sobre paz y violencia. Si contestamos que ambos son partes iguales de la misma moneda de la humanidad, la justificación de la violencia estará al mismo nivel que la de la no violencia. Si se considera la violencia como algo más natural en el ser humano, estará más justificada y la existencia de conflictos se percibirá como inherente a la sociedad. Por el contrario, si respondemos que es más natural la paz, los conflictos y las manifestaciones violentas no se podrán justificar fácilmente.

En el Budismo, la realidad más acorde a la naturaleza humana es la paz. Se concibe como un ideal ético dentro de una visión positiva del ser humano en el que un comportamiento pacífico y una sociedad donde reina la paz, son mejores para todos.

“Según la visión budista, la paz, el amor, la bondad, la armonía, la no violencia, etc., son realidades naturales y características de la mente despierta, que insisto, todos llevamos potencial pero realmente en nuestro interior” (Abraham Vélez, 2003: 49).

¿Es la paz interior raíz de la paz exterior o es más bien la paz exterior el origen de la paz interior?

Como es evidente, si respondemos que el apartado principal es la paz exterior y que ella origina la paz interior, nuestro esfuerzo se orientará a fomentar la paz exterior. Si, por el contrario, creemos que la paz interior es la causa raíz de la paz exterior, principalmente trataremos de fomentar la paz interior.

Desde el punto de vista budista, la paz interior es lo principal, el origen de la paz exterior. Como afirma Tenzin Gyatso, el actual dalái lama (líder espiritual y religioso del Budismo tibetano), “en calidad de individuo, cuando procedemos a nuestro propio desarme interior –contrarrestando nuestros pensamientos y emociones negativos, cultivando las cualidades positivas-, creamos las condiciones propicias para el desarme exterior. Una paz mundial genuina y duradera sólo será posible a resultas de que cada uno de nosotros lleve a cabo un esfuerzo interior”. (Tenzin Gyatso, 2000: 214).

En este sentido, el Budismo se concibe como un conjunto de procedimientos para lograr el desarme y la paz interior interior, y por extensión, el desarme y la paz exterior. En otras palabras, Abraham Vélez afirma que “el Budismo proporciona una batería de técnicas para desarrollar los aspectos psicológicos de la paz y, de ese modo, contribuir a la mejora de los aspectos sociales, políticos, económicos y culturales de la paz” (Abraham Vélez, 2003: 50).

No obstante, si tenemos en cuenta que uno de los pilares fundamentales del Budismo es que todo se condiciona mutuamente, es decir, que todo es interdependiente, la paz interior no se podría separar de la paz exterior (y viceversa) y, por tanto, los esfuerzos deberían ir encaminados a conseguir tanto la paz exterior como la paz interior.

La no violencia budista

El célebre quinto verso del Dhammapada, escritura sagrada budista tradicionalmente atribuida a Buda Gautama, esclarece la necesidad de emplear métodos no violentos para lograr la paz:

“El odio nunca cesa mediante el odio, cesa mediante el no-odio”.

Buda Gautama. Dhammapada

Abraham Vélez narra una historia que ilustra esta máxima: “En Vin. I.342-9, el Buddha intenta apaciguar a dos facciones de monjes enfrentadas mediante la siguiente historia: El rey Brahmadatta conquista un determinado reino y manda ejecutar al rey y a la reina. El rey que va a ser ejecutado dice a su hijo Dighavu, de cuya existencia no sabe nada el rey conquistador, que no se vengue, que el odio no cesa con el odio sino mediante el no odio. Sin embargo, el hijo no hace caso a su padre y orquesta la siguiente venganza: aprende a cantar con el fin de ser contratado por el rey Brahmadatta y llegar a ocupar un cargo de confianza en la corte. Tras ganarse su confianza y amistad, un día se van a cazar juntos y, en un momento de descanso, el rey se queda dormido. Dighavu alza la espada para asesinarlos, pero le resulta imposible porque se acuerda de la última voluntad de su padre. Lo intenta tres veces y a la tercera el rey se despierta. Dighavu le explica entonces lo que ocurre y el rey accede a que lo mate. Pero entonces Dighavu se niega y, arrepentido, le pide que sea él quien le de muerte. Finalmente, deciden matarse el uno al otro y Dighavu dice: “A mis padres los mató un rey; si yo ahora matara al rey, quienes quieren su bien me matarían, y quienes quieren mi bien matarían a estos. Y de eso modo el odio no cesaría por el odio” (Abraham Vélez, 2003: 52).

La clave está en que el odio, solo acaba generando más odio y sufrimiento. Pero cesar el odio y la violencia no es suficiente para solventar de forma completa un conflicto. Después, debe surgir la sabiduría, que en las enseñanzas budistas es un concepto relacionado a la comprensión de las causas y las condiciones que dieron lugar a una situación, en este caso explicado y concreto, de conflicto.

En este sentido, Thich Nhat Hahn asegura que “toda violencia es injusta. El fuego del odio y la violencia no puede extinguirse añadiendo más odio y violencia al fuego. El único antídoto contra la violencia es la compasión. ¿Y de qué está hecha la compasión? Está hecha de comprensión. Cuando no hay comprensión, ¿cómo se puede sentir compasión?, ¿cómo puede comenzar a aliviarse el gran sufrimiento que hay allí? De modo que la comprensión es el verdadero y real cimiento sobre el que edificar nuestra compasión (Citado en Ethics of War, 2003).

Solo a partir del cese del odio (y la no violencia) y la comprensión de las causas del conflicto podremos llegar a la compasión por el sufrimiento de todos, el camino a un verdadero estado permanente de paz.

Justificaciones de la violencia en la historia del Budismo

Aunque el Budismo, por lo generado, siempre ha estado a favor de la no violencia y comparado con otras religiones ha causado muchas menos guerras, fanatismo, etc.; ha habido momentos en su historia en los que se ha justificado la ausencia de paz y la violencia. Abraham Vélez destaca tres justificaciones teóricas a lo largo del Budismo: Justificación de la violencia por compasión y para evitar que alguien haga algo perjudicial tanto para uno mismo como para otros; justificaciones de la violencia en defensa propia para proteger el Budismo; y por último, justificaciones de la violencia mediante la doctrina de la vacuidad y la irrealidad de la muerte. (Abraham Vélez, 2003: 56-72).

Justificación de la violencia por compasión y para evitar que alguien haga algo perjudicial tanto para uno mismo como para otros

Esta es la principal justificación de la violencia y la que es considerada más legítima espiritualmente. Está motivada por compasión y lo que busca siempre es el bien ajeno. Buda llegó a justificar en Sutra al joven rey Abhaya cierto grado de violencia verbal en circunstancias concretas y especiales, que se suelen comparar a la de un niño que se mete una piedra en la boca. En casos así, es necesaria incluso la fuerza, aunque pueda llegar a provocar dolor. En este caso concreto, la violencia estaría justificada porque se ejerce por compasión hacia el niño. Asimismo, existen otros textos antiguos del budismo donde se llega a justificar la violencia corporal contra uno mismo, pero igualmente por compasión hacia otros y con el fin de evitar una mala acción. Por ejemplo, Buda se llegó a arrojar por un barranco en una vida anterior y acabó, así, de una forma violenta contra su propia vida, pero para ofrecerse como comida a una tigresa hambrienta que iba a comerse a sus cachorros.

Este es un fenómeno que pudimos observar a la perfección durante la guerra de Vietnam, en la que muchos monjes y monjas se inmolaron prendiéndose de fuego para protestar contra la represión. Se podría analizar esta contradicción de presentar un suicidio como una manifestación no violenta, pero en rigor, se trataban de sacrificios con el objetivo de denunciar y evitar que se siguiera produciendo una situación injusta.

Por otra parte, matar a alguien por compasión para beneficiar a otros evitando que se cometan malas acciones llega a considerarse incluso meritorio. Esta justificación no se da en los textos más antiguos del Budismo, sino en textos posteriores: los Jataka, en el caso de la tradición Theravāda; el Bodhisattvabhumi de Asanga y el Upayakausalya Sutra, en el caso de las tradiciones Mahāyāna.  En este sentido, Zimmermann, argumenta en 2013 a la BBC que “como el cristianismo o el hinduismo, el budismo tiene preceptos que profesan la no violencia, pero lo que diferencia al budismo de otras religiones es el énfasis en la intención". Y añade: “El ejemplo clásico es el de la historia de un capitán en el que encarnó el Buda y tuvo que decidir entre matar a un pasajero que quería hundir el barco o dejar que lo hundiera y matara a 500 personas; el Buda lo mató con un hacha, no solo para salvar a los 500 pasajeros sino para liberarlo del karma" (Zimmermann, 2013).

No obstante, resulta relevante mencionar que en ningún momento, el Budismo justifica la violencia mental (malos sentimiento hacia alguien, odiarle, o desearle el mal). Donde mejor se ilustra esta máxima es en Sutra sobre el símil de la sierra:

“Monjes, aunque unos bandoleros os estuviesen mutilando, el que por ello les odiase no estaría siguiendo mis enseñanzas”.

Buda Gautama.

Justificaciones de la violencia en defensa propia para proteger el Budismo

Esta es la segunda justificación de la violencia más extendida en la historia budista. Se considera legítima la guerra siempre y cuando sea en defensa propia y con el fin de proteger el Budismo. El texto que sirve principalmente como pretexto a esta violencia es la Gran Crónica (Mahavamsa) escrita en el siglo V d.C. Tiene fragmentos que justifica la violencia por el bien del budismo minimizando la importancia de matar a aquellas personas que no son budistas, consideradas en este caso animales carentes de humanidad.

De esta forma, se justificó por una minoría de budistas ultraconservadores el conflicto entre cingaleses y tamiles en Sri Lanka en las últimas décadas. Los monjes nacionalistas estuvieron en el origen del partido Jathika Hela Urumaya, fundado en 2004, partidarios de emplear violencia contra la rebelión en el norte de los Tigres Tamiles, en su mayoría hindúes. Antes de la victoria final del ejército, en 2009 murieron aproximadamente 40.000 civiles.

Asimismo, en el siglo XXI, encontramos noticias de violencias budistas de los monjes en Birmania y Tailandia. En una entrevista realizada en 1976 al monje tailandés Kittivuddh, aseguró que la muerte de los comunistas no era “demeritorio”. Afirmaba que “su muerte, no es la muerte de personas, porque quienquiera que destruye la nación, la religión y la monarquía no es totalmente persona sino Mara (el mal). No queremos matar a seres vivos, pero matar monstruos es deber de todos los tailandeses”.

No obstante, para Buda, la muerte de un ser vivo nunca es justificable, pero mucho menos en el campo de batalla. Conviene recordar que el primer precepto maravilloso es el de abstenerse de matar. Así pues, en ninguna parte de los textos canónicos budistas se dice que matar a un ser vivo sea aceptable, y menos aún meritorio.

Es más, en una de sus vidas anteriores siendo un rey, Buda abrió las puertas de su reino y se dejó invadir por un ejército para evitar muertes. Más tardes, el rey conquistador se dio cuenta de la injusticia cometida y devolvió el reino a su legítimo rey.

En una de sus vidas anteriores, siendo un rey, abrió las puertas de la capital y se dejó conquistar por un ejército invasor con el fin de evitar cualquier derramamiento de sangre. Con el tiempo, el rey invasor se dio cuenta de la injusticia cometida y devolvió el reino a su rey legítimo (J. II. 400-3, J. I.261-8.)

Por tanto, “afirmar como hace la Gran crónica de Sri Lanka, que matar no constituye un obstáculo para ir al cielo es una aberración difícilmente justificable a la luz de la espiritualidad budista” (Abraham Vélez, 2003: 65).

Justificaciones de la violencia mediante la doctrina de la vacuidad y la irrealidad de la muerte

“Estas dos justificaciones vienen a decir que no ocurre nada por matar, ni al que mata ni a la persona que muere, ya que en el fondo, desde el punto de vista del Ser eterno inmutable y desde el punto de vista de la vacuidad nadie muere ni nadie mata. Solo hay una verdadera realidad última y, por tanto, lo que acontece en un plano de existencia donde la realidad no es tan verdadera y tan última no tiene la menor importancia” (Abraham Vélez, 2003: 69). Cabe destacar que la justificación de la violencia mediante la doctrina de la vacuidad radica en un texto de la tradición Zen llamado Tratado sobre la contemplación absoluta que aparece en China en el siglo VII.

La peligrosidad de la interpretación de la vacuidad a partir de este texto es enorme. Históricamente ha legitimado la violencia en numerosos conflictos como la violencia guerrera del Bushido, las contiendas armadas entre ejércitos de diferente tradiciones budistas en el Japón medievo o las guerras del siglo XX entre Japón y Corea, China, Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos. 

Otras justificaciones de la violencia en el Budismo

Abraham Vélez destaca otras justificaciones de la violencia que se han dado a lo largo de la historia en el Budismo. “A veces, en el Budismo se ha justificado la violencia porque se creía en el poder mágico de ciertas reliquias o incluso de texto budistas. En Sri Lanka, por ejemplo, ha habido guerras entre reyes budistas locales por la posesión de una reliquia con el diente de Buddha… En otras ocasiones, se ha justificado la violencia para defender una determinada interpretación doctrinal del budismo: por ejemplo, en Sri Lanka, algunos budistas pertenecientes a la tradición Theravāda hicieron lo posible para que se quemaran los monasterios donde había textos e influencia del Budismo Mahāyāna” (Abraham Vélez, 2003: 72)

Wirathu y el movimiento antimusulmán en Birmania

Ashin Wirathu es un monje budista birmano que estuvo en la cárcel nueve años por incitar la violencia religiosa en Birmania. Es conocido como el “Bin Laden birmano” y desde que salió de prisión en 2012, lidera el grupo 969, movimiento nacionalista antimusulmán. Ese es el contexto, un conflicto étnico y religioso entre una mayoría budista y una minoría musulmana, que, como en Sri Lanka, ha causado incontables muertos y cientos de miles de desplazados.

Wirathu comparó en una entrevista a los rohingya (grupo étnico musulmán del norte del Estado de Rakáin, Birmania occidental) con la carpa africana “porque se reproduce sin cesar hasta que acaba con las especies autóctonas”. Tampoco vaciló al decir que “si hubiese otros países musulmanes que quisieran aceptarlos se los enviaríamos con mucho gusto”.

Conclusión

Si bien es cierto que la paz y la no violencia son un pilar fundamental del Budismo, también es fuente de conflictos como hemos podido comprobar. Paz y violencia son las dos caras de una misma moneda. Ocurre así en todas las religiones y el Budismo no es una excepción.

No obstante, es justo mencionar que el Budismo tiene un componente ético y pacífico mayor que el resto de las creencias religiosas y en comparación con ellas, sobre todo con las abrahámicas destaca Abraham Vélez (2003: 55), son foco mucho menor de violencia, conflictos y guerras.

Únete gratis a y podrás

  • Seguir a otros usuarios
  • Escribir artículos
  • Comentar artículos
  • Mas información
Registrate/Accede No, gracias