Ray Ploshansky: elogio del perdedor de fondo

Posibles SPOILERS de la serie 'Girls' | Carta abierta y (muy) personal al personaje interpretado por Alex Karpovsky.

Querido Ray:

Ya ha pasado un tiempo desde la última vez que supimos de ti. Imaginamos, o eso queremos, que estás bien. Personalmente, me consuela saber que pronto volveremos a tener noticias sobre tu estado. Reconozco que, al pensarlo, tengo algo de reparo (si quieres, puedes llamarlo miedo) de que en este tiempo todo haya dado un giro de 180 grados para tus intereses. Sí, no eres el único pesimista en la sala, amigo. Quizás por eso me siento tan identificado contigo, no lo sé.

La verdad es que no te escribo por azar. Nada más lejos de la realidad, el otro día pensaba que tal vez yo no sea el único que se identifique con tus conflictos. Igual tú aún no lo sabes y resulta que te has erigido en símbolo de algo. Podría ser que uno de los caracteres masculinos más redondos (hasta en la discreta permanencia en segunda línea) de los últimos tiempos lo haya escrito una mujer como Lena Dunham.

Puede ser que no debiese hacer comparaciones desde la globalidad. Al final, por mucho que uno pueda pensar, esta carta la firmaré yo y solo yo. Y no sé cuántos de los que la lean colocarían su firma debajo. Sin embargo, como te decía, hay algo que me incita a pensar que sí. Que tu rol en Girls es algo más que circunstancial. Que dentro del protagonismo atronador y necesario de Marnie, Shoshanna, Hannah y Jessa, tu escritora te tenía reservado un papel que va más allá de la simple presencia. Y si no, no importa, para mí sí lo tienes y ya con eso me es suficiente para escribirte estas palabras.

Hacía tiempo que no me identificaba con ningún personaje como me ocurre cuando te veo a ti en la pantalla. Y en este caso, sé de buena mano que en esto sí que no soy el único. Todos hemos tenido un amigo como Charlie, al que de pronto empezamos a ver menos. No es cuestión de culpabilidades, ni siquiera de decepciones. Simplemente ocurre. Y ya está. No se puede hacer nada. Y claro que también nos hemos enamorado de una Shoshanna que, a la larga, nos ha echado en cara nuestra supuesta inmovilidad o una tendencia a caer en la negatividad. O por cualquier otra cosa, da igual, a lo mejor fue simplemente el transcurso de un cambio por el que, de pronto, dos personas dejan de ocupar el mismo espacio y necesitan separarse. Coger aire. Qué más da. No se trata de ocupar el tiempo en buscar razones, ni buenos o malos. Ese no es el motivo por el que vinimos a jugar.

Como tú, yo también me he preguntado (todavía lo hago a menudo) qué cojones hago en la vida. Y he buscado el camino en diferentes tentativas, sin saber muy bien cuál era la dirección que debía tomar. Y pobre desafortunado aquel que lo encuentre en sus primeros pasos, ¿no? Fallar en los propósitos no tiene por qué significar falta de ambición. Muchas veces, al contrario, el pesimismo de fallar una y otra vez puede desnudar un exceso de optimismo a la hora de configurar nuestros objetivos. ¿No crees?

En cierto modo, y hasta cierto punto, todos somos un poco homeless. Perdedores buscando su lugar y dando palos de ciego. Perdedores de fondo, en definitiva. Después de soñar muy alto, nos hemos ido asentando tras la barra de una cafetería, y otra, y luego otra, hasta llegar a regentar un pequeño espacio sin importancia que llegamos a considerar nuestro. Y por supuesto que sabemos lo amargo que es que, justo en el momento en el que parece que uno se ha establecido, abra una modernísima coffee store y nos birle la ilusión desde la acera de enfrente. That’s life, friend. Y sobre todo la del perdedor, amigo, tú bien lo sabes.

Pero qué bien saben las victorias cuando se consiguen tras tantos días naufragando estrepitosamente. Qué bien sabe que, tras sufrir en silencio como se enamora y se casa con un imbécil muy guapo, Marnie se dé cuenta de que quiere regresar contigo. ¿Verdad? Qué placer experimenta uno cuando se da cuenta de que ofrece algo diferente, de que da igual que los tiempos modernos nos intenten sepultar; siempre conseguiremos apoyar un pie para coger nuevas fuerzas. Tocar fondo no es más que otra aventura más. A veces, como tú has demostrado, solo es cuestión de confianza, de coger un pequeño impulso que haga subir nuestra autoestima para mirar el mundo con otros ojos. No sé, la consecución de un pequeño contrato, conseguir que el tráfico insufrible que te hace enloquecer se detenga o, qué sé yo, ganar unas elecciones inútiles en nuestra comunidad de vecinos. La realidad es que todo se circunscribe a una cuestión de seguridad y amor propio. Pero lo cierto es que estos pequeños triunfos ayudan a enfrentar la vida de otra forma. Y nos preparan para saborear, en caso de que lleguen, glorias de mayor calado.

No sabes cuánto me alegré con el cierre que escribió Dunham a tu quinta temporada. Ni lo imaginas. Porque cualquiera que haya sentido simpatía (o empatía) por ti, seguramente se haya dejado llevar por las circunstancias como tú en tu último encuentro con Hannah. Y seguramente también haya visto como era una mala decisión, de nefastas consecuencias, casi al instante. El que pueda asegurar que nunca ha hecho volcar su furgoneta nueva por una tontería similar, que tire la primera piedra. En el fondo, suelo fabular con cómo Lena Dunham te imagina con ternura, con cierta condescendencia por momentos, pero con un inmenso e inquebrantable cariño. Quizás por eso, tú, personaje de ficción demasiado real, resultas ser el perfecto pilar de sustento de (casi) todos los que están a tu alrededor. Por eso acudes, sin preguntar, con el único objetivo de hacer mejor el mal trago a tu entorno. Y por eso nunca te quejas en voz alta y solo aquellos que comprendemos tu yo interior somos capaces de leer cada una de las palabras de tu rostro.

Confieso que tengo ganas de volver a verte, amigo, de saber qué te deparó todo este tiempo. Pero, a la vez, te aseguro que el miedo al fracaso y la crudeza con la que nos arropa a veces la vida me incitan a no querer hacerlo en absoluto. Estabas tan bien la última vez… que da un poco de lástima romper esa burbuja de piel y sábanas desnudas. Así que, deseando que encuentres tu lugar, y que lo hagas junto a la persona que desees, ya termine siendo Marnie o cualquier otra que aun esté por llegar, me despido de ti.

Nos vemos pronto, amigo. Que hasta entonces vaya todo lo mejor que pueda.

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