'Remember', una alegoría imprecisa

Crítica del último film del director Atom Egoyan

El nazismo, la venganza y la memoria se entrecruzan desde el primer plano de Remember. Atom Egoyan regresa tras su fallida Cautivos (2014) con otra propuesta que naufraga en su propia concepción y desarrollo a pesar de plantear y desnudar temáticas interesantes y de cierto calado. Si en aquella ocasión asistíamos al dominio de las voluntades propiciado por un secuestro, en su nueva obra el cineasta afincado en Canadá no se queda atrás, estableciendo un cierto paralelismo, salvando las distancias temáticas, con su predecesora. El problema es que las formas no terminan de casar siempre con las ideas y, en este caso, el concepto queda bastante por encima de la ejecución.

Zev Guttman es un judío nonagenario que vive en una residencia para ancianos con Alzheimer de Norteamérica. Tras la muerte de su mujer es requerido por uno de sus compañeros para cumplir una promesa: buscar a Rudy Kurlander, el verdugo nazi de su familia, al que “conoció” en Auschwitz-Birkenau, y asesinarlo como represalia. Una carta escrita por un compañero del centro geriátrico será su única indicación, y el asidero que lo mantendrá cada mañana “atado” a su vida, en una especie de viraje sobre aquellos tatuajes que mantenían aferrado a la realidad al protagonista de Memento (Christopher Nolan, 2000).

Atom Egoyan establece en esta fórmula la estructura narrativa del film. El anciano acude casa por casa en busca del tal Rudy Kurlander. La operación sirve para mostrar, de forma algo repetitiva, la forma en que, para poder escapar, los criminales nazis se adueñaron de las identidades de sus víctimas cuando la Segunda Guerra Mundial estaba en vías de conclusión. También para ilustrar los efectos devastadores de la Shoah sobre toda una vida posterior, en el caso de los supervivientes. El problema, o uno de ellos, es que la narrativa del director egipcio resulta excesivamente monótona en su desfile por la vivienda de todos los posibles Kurlanders. Algo así como un ensayo-error que, a la tercera reiteración, empieza a resultar torpe y carente de recursos imaginativos.

La secuencia que comparten Christopher Plummer y Dean Norris es el punto de giro central.
La secuencia que comparten Christopher Plummer y Dean Norris es el punto de giro central.

La interesante temática dispuesta por el autor supone una demostración de cómo la forma incide, a veces no para bien, en el conjunto total, llegando incluso a poder tirar por tierra un argumento interesante. Remember comienza como una alegoría pausada sobre el olvido y sobre la importancia de retener el pasado en el imaginario colectivo para no repetir los errores cometidos en tiempos pretéritos. Sin embargo, poco a poco, las decisiones del artífice de Exótica (1994) terminan por convertir la cinta en una suerte de telefilm sobre la venganza y la manipulación de las conciencias. Los giros introducidos por el guion de Benjamin August, así como la puesta en escena a través de la que llegan a la pantalla, resultan demasiado inverosímiles, rozando en algunos momentos la comedia involuntaria o la autoparodia (toda la secuencia con Dean Norris, a partir de la que se desvanece la propuesta). Así las cosas, lo que podría haber resultado en una suerte de metáfora sobre la importancia de la memoria, con una imagen tan potente como el superviviente del Holocausto con Alzheimer y un debate tan tentador como la justicia aplicada a los criminales de guerra, se termina por convertir en un cruce de enmiendas al daño y revelaciones llena de subrayados y que, por momentos, puede llegar a caer en la frivolidad con algo tan serio como el dolor provocado por el horror nazi.

Poco puede hacer por minimizar el naufragio un voluntarioso Christopher Plummer, que acompañado por un Martin Landau que desde el segundo plano consigue robar algunos momentos, no le aporta a la película el empaque que sugieren sus visibles esfuerzos. El conflicto está más allá, fuera del alcance del trabajo interpretativo. No se comprende la factura televisiva con la que termina por disfrazarse la obra. Como tampoco se comprende fácilmente el carrusel de giros, revelaciones y vueltas de tuerca en el que muta la narración tras comenzar de una forma mucho más sugerente. Si el olvido nunca debería encargarse del dolor causado por la Solución Final de Hitler (algo que en Remember permanece latente, casi como motor narrativo en la sombra), no importará que haga su labor con este film de Atom Egoyan, que sigue acumulando descalabros e imprecisiones en su haber. ¿Dónde se quedó el autor de títulos como El viaje de Felicia?

Martin Landau y Christopher Plummer, en una de las escenas del film.
Martin Landau y Christopher Plummer, en una de las escenas del film.

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