'Rey Arturo: La leyenda de Excalibur' o el remake pop

CRÍTICA | Guy Ritchie revisa el relato mitológico fundacional en su último trabajo, un cúmulo de todas sus señas de identidad como cineasta.

Podrá gustar más o menos, pero es innegable que Guy Ritchie posee un estilo propio y muy definido como cineasta. Una seña de identidad que podríamos llamar “deformación pop”. Ritchie sería, a fin de cuentas, lo que la crítica canónica denominaría un autor. También sería incuestionable, en este caso, la irregularidad de sus resultados. Como muestra, su ya extensa filmografía.

En Rey Arturo: La leyenda de Excalibur el cineasta se atreve a reformular uno de los mitos fundacionales de la Inglaterra medieval. Merlín, la Dama del Lago, el Rey Arturo y la guerra mágica pasan por el filtro del artífice de RocknRolla (2008) para devenir en una sucesión de caprichos pirotécnicos y secuencias de épica pop en la que podemos transitar de una explicación mitológica del origen británico a la aparición de David Beckham como caballero inglés con suma facilidad. Ya saben, el sello Ritchie.

Ni David Beckham quiso perderse el último delirio pirotécnico de Guy Ritchie.
Ni David Beckham quiso perderse el último delirio pirotécnico de Guy Ritchie.

Todo es reconocible en el último trabajo del británico; desde los incesantes toques de humor hasta la presencia de la banda sonora en las escenas clave. Y por supuesto, ese montaje travieso que hace precisa la ingesta de un par de biodraminas antes de agarrarse al brazo de la butaca. Sin embargo, todo parece mucho más impostado de lo que resultan muchas de sus películas anteriores. Pese a que la firma del director lleve implícita una suerte de aparataje gestual, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur resuena todavía más como el reclamo de atención de un artista que parece demasiado ensimismado en el aura que desprende.

Así las cosas, Guy Ritchie desaprovecha una historia mítica que podría haber cristalizado en una obra tan divertida como desenfadada. Una revisión de la leyenda que arrastra la inevitable reflexión sobre la lucha entre poder legítimo e ilegítimo o sobre el liderazgo (que sí comparecen, aunque muy ligeramente, en la propuesta final de Ritchie). En lugar de eso, el creador de la última saga Sherlock Holmes se entretiene y juguetea con las secuencias rodadas a golpe de GoPro y con el hercúleo artefacto visual que deriva de su inocua pirotecnia. Mucho ruido… y poco Cine.

Un fotograma de la película, como muestra del ostentoso dispositivo formal.
Un fotograma de la película, como muestra del ostentoso dispositivo formal.

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