Ríos de gloria

Bruce Springsteen glorifica un concierto que cierra su paso por España con la gira 'The Ties That Bind', que continuará por Inglaterra, Irlanda y Alemania.

Tres horas y diez minutos después de comenzar el concierto que Bruce Springsteen regalaba a los presentes en el Estadio Santiago Bernabéu, la E Street Band se retiraba del escenario para, en el segundo de los bises del evento, dejar al músico de Nueva Jersey cerrar con todos los honores de jefe un concierto que pretendía apelar al triunfo absoluto. Él solo. El escenario denotaba su presencia y el público callaba. Springsteen se colocaba una harmónica al cuello y portaba una acústica con la que concedería a Thunder Road honores del himno que el tiempo se ha encargado de forjar. 

Pese a los intentos de la banda por hacerse escuchar, el infame sonido no permitía distinguir verso alguno a quienes disfrutaran de tamaña demostración de poder y energía por vez primera. Aquellos que ya forjaron su memoria con los tracklists de Darkness In The Edge Of TownBorn To RunThe RiverBorn In The USANebraskaThe Rising sabían qué estaba sucediendo. Y es que resultaba complejo distinguir cada uno de los instrumentos o intentar seguir a Springsteen en la declamación de sus históricos versos. 

Pese a las inclemencias sonoras, el Boss brilló con luz propia. Acompañado por su inseparable banda, con la que ha logrado los mayores éxitos de su carrera, Springsteen arrolló al público con un torrente de fuerza y energía que, a sus 66 años, resulta aún más loable. No ya por el carácter implícito de sus conciertos sino por las más de tres horas sin recurrir a descanso alguno. Abrir un recital de tamañas características nada menos que con Badlands ya ejerce de preludio ante un concierto que, más que un homenaje a The River, responde a un compendio de los éxitos de uno de los mejores músicos de su generación.

Bruce Springsteen dejaba que su Sherry Darling fuera el primero de los temas de The River que el público asistente debía acompañar mientras los brazos de Max Weinberg hacían palpitar una incansable batería, marcando el ritmo de un concierto que, poco a poco, se iba convirtiendo en una liturgia. Las alteraciones a lo que pretendía ser un orden lógico del quinto disco del Boss se convierten en ligeras sorpresas. La aparición de Cover Me o de Wrecking Ball eran elementos inesperados con los que poder vibrar con mayor énfasis. 

Tampoco faltan detalles convertidos en costumbre por parte de Springsteen y su banda. Waiting On A Sunny Day convierte a un pequeño en el centro de todas las miradas mientras abraza al músico, sin querer desprenderse de su brazo y permanecer soñando que ese momento no terminará jamás. El aforo completo del Bernabéu acompañó también al osado joven que quiso bailar con la señora de Bruce, Patti Scialfa, mientras una niña subía a ejercer de una suerte de Courtney Cox en Dancing In The Dark. Guitarra y energía, la misma que la transmitida por Springsteen que convirtieron a la afortunada, odiada y envidiada niña (todo al mismo tiempo) en una integrante más de la E Street Band. 

La liturgia se tornaba en religión cuando sonaba The River. Los mecheros desaparecieron el mismo día que irrumpió la flagrante luz del smartphone. Pero en instantes como los del tema homónimo del disco, la emoción era insustituible. Pequeños destellos de luz apelan a la esperanza que busca el protagonista de la canción, uno de los temas más tristes, hermosos e irrenunciables de Springsteen. El público, entregado, permanecía en una silenciosa comunión con el maestro sobre las tablas.

Johnny 99Hungry HeartTwo HeartsDrive All NightPoint Blank resonaron con fuerza antes del primer bis que concedería el músico. My City of Ruins o Downbound Train servían de colofón cuando todavía quedaba una hora para cumplir las expectativas de los que ya conocen como se las gastan los incansables capitaneados por el jefe entre los jefes. Tras el apagón de luces, intentona de despedida, Springsteen y sus muchachos volvían con el sonoro Born In The USA, ese himno mal entendido por quienes quisieron no ver más allá del insulso patriotismo para continuar con otro poema, Born To Run

Lejos queda el concierto que ofreció en el mismo emplazamiento, un 17 de junio de 2012, el concierto más largo jamás ofrecido por el cantante y su banda. Hoy, el sonido ha deshecho la épica. Una épica que el público ha sabido rescatar pese a una acústica terrible que ha terminado por afear un conjunto verdaderamente excepcional. Este Greatest Hits que Springsteen ha concedido a los presentes en Madrid quedará como una de las mejores ocasiones para haber podido disfrutar de parte de la extensa carrera de un músico con honores y galones. 

'Tramps like us, baby we were born to run...'

Fotografía portada: Bernardo Pérez (El País)

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