'Rock the Kasbah', la invasión de los tópicos

CRÍTICA | El último film de Barry Levinson lanza una cuestionable mirada hacia Afganistán a través de un manager musical venido a menos al que interpreta Bill Murray.

“Shareef don’t like it, rock the Casbah”, cantaba The Clash en 1982 como protesta ante la prohibición del rock and roll que había decretado el Ayatolá Jomeini sobre el territorio de Irán. A pesar de lo que pudiese parecer, la canción (y sobre todo un pequeño videoclip que grabó el grupo) promovía el rock and roll como una especie de puente entre culturas (un judío y un árabe aparecían bailando juntos por una calle). La música como elemento pacificador. No obstante, en los años posteriores, los soldados norteamericanos se “apoderaron” del tema y lo consideraron casi como un himno de la intervención militar en la Primera Guerra del Golfo.

El título de la canción del grupo británico, profundamente antibélico y de tendencia claramente anarcopunk, es utilizado ahora por Barry Levinson para dar nombre a su último film. Casi como si de una traslación de la historia anterior se tratase, Rock the Kasbah propone la inmersión de un manager estadounidense venido a menos en el territorio afgano en conflicto. La finalidad no es otra que acompañar a una de sus artistas a ofrecer un concierto para las tropas desplegadas en el país del medio oriente. Aunque, una vez allí, cuando el plan se desbarate, todo dará un giro de 180 grados (que también se volverá en contra de la propia propuesta, por cierto).

Probablemente la intención de Barry Levinson fuese radicalmente opuesta al resultado y las lecturas que se pueden extraer de la obra, pero lo cierto es que su película supone un acercamiento grotesco, lleno de tópicos e incluso irrespetuoso e insultante a la cultura afgana. Algo totalmente desafortunado si tenemos en cuenta que las consecuencias del conflicto, aún abierto, colean a diario. El pueblo afgano y la intervención de las fuerzas militares occidentales es tratada bajo un incomprensible tono de humor frívolo que, además, y esto es lo más sangrante, no consigue hacer reír. La supuesta comicidad de la cinta no es otra cosa que una construcción de cartón piedra que se derrumba a las primeras de cambio, llegando en algunos momentos a causar, incluso, vergüenza ajena. Por su parte, la frivolidad, tan a destiempo como poco comprensible, se extiende desvergonzada hasta la secuencia posterior a los créditos, en la que un Bill Murray completamente despreocupado ya de todo “ridiculiza” a un comerciante en el bazar.

Kate Hudson, representación de la mujer, en una escena de la película.
Kate Hudson, representación de la mujer, en una escena de la película.

No son los únicos jardines en los que se adentra un Levinson irreconocible tras la notable La sombra del actor (2014). El cineasta también dispone una mirada acartonada y rancia sobre la figura de la mujer, que, además de estar siempre bajo el amparo de la inteligencia (?) y la fuerza viva del sexo masculino, necesita “ser rescatada” por la intervención del hombre. Todo huele a cerrado en Rock the Kasbah, que pretende ser una comedia musical sobre el choque cultural y el nuevo colonialismo que supone la presencia exacerbada de los Estados Unidos de América en la vida diaria del medio oriente (como muestra la traslación del American Idol a Afghan Star) y se queda en el intento fallido e insolente.

La nueva película de Barry Levinson es un canto a lo inoportuno. No obstante, además, es una obra de cuestionables méritos en lo referente a lo fílmico. La dirección resulta demasiado torpe y forzosa, desde las decisiones de puesta en escena hasta las de montaje, algo a lo que se une un evidente gusto por los subrayados (sobre todo los que llegan a través de las canciones; con cumbre en el momento Knocking on Heaven’s Door), un inexplicable y sonrrojante efecto Slumdog Millionaire (Danny Boyle, 2008) y una desidia total que infecta desde el guion (¿dónde quedó el personaje de Zooey Deschanel?) hasta el resto de apartados que componen el film. Es complejo digerir un cambio de rumbo tan grande de un director como Barry Levinson de una composición notable a este nuevo trabajo. Lo que sí está claro es que Rock the Kasbah no gustará ni al shareef, ni al espectador crítico, ni probablemente gustaría, de poder verla, a Strummer y Simonon, de cuyo tema “toma prestado” el nombre para su título.

En la película, Afghan Star es el equivalente afgano a American Idol.
En la película, Afghan Star es el equivalente afgano a American Idol.

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