'The Love Witch', resurrección de los viejos códigos

CRÍTICA | Anna Biller revisa los códigos de la serie B y el sexploitation para ofrecer una deconstrucción del amor romántico, el patriarcado y otros temas de actualidad.

Siguiendo el estilo que abrazó en Viva (2007), Anna Biller completa con The Love Witch (2016) un díptico que revisa y modela a su antojo los códigos del sexploitation. Una doble sesión que devuelve un relato que, desde las referencias del pasado, alude directamente al tiempo que vivimos. Historias de mujeres, y brujas, que se liberan y tratan de componer su hábitat, alejado de patriarcados, amores románticos y las constricciones propias de la desigualdad de género.

“Ninguna mujer podrá jamás ser la ideal”, asegura uno de los personajes que aparecen en el film de Biller. Todas lo son y cualquiera lo es, parece contestarle la cineasta a través de su discurso. La creadora compone su retrato con una clara vocación de hipérbole, pero el recurso sirve a la perfección para ofrecer la denuncia, la mirada hacia aquello que nunca se muestra. De ahí que la masculinidad resulte siempre tan de cartón piedra e impostada. Porque, en efecto, la impostura siempre suele destapar una realidad, como ocurre con esos parlamentos en off de hombres que, durante varios tramos, vendrían a hacer las veces del denominado mansplaining.

La puesta en escena de Anna Biller vuelve al granulado de la serie B clásica. El colorismo habla sobre los personajes, envueltos en rojos de pasión, sangre y asesinatos o en blancos celestiales de unicornios, libertad e idealismo. En ese entorno, la directora vuelve a esconder bajo la aparente superficialidad de la imagen un catálogo de teorizaciones sobre el amor romántico, el patriarcado y el tradicional uso del cuerpo femenino para disfrute del género masculino (el último discurso resulta muy significativo al respecto).

Así las cosas, The Love Witch camina de la reivindicación a la denuncia. “Las mujeres sangran y eso es hermoso. ¿Sabías que la mayoría de hombres nunca ha visto un tampón usado?”, exclama la protagonista para instantes después denunciar en términos metafóricos la persecución que históricamente ha sufrido el género femenino (“¡quemad a la bruja!”). Anna Biller ha compuesto una alegoría de la mujer libre frente a la represión sufrida por los siglos de los siglos. Una cinta que no oculta jamás su carácter de pastiche ni abandona su vocación de ofrecer un lirismo onírico a su ficción. El relato de una mujer que escribe, produce, dirige, diseña… El segundo largometraje de Anna Biller supone la rúbrica de una autora total.

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