Violencia entre pupitres

Cuando suena la sirena del recreo suele ser un momento de júbilo entre los alumnos. ¡Rin, rin! Es tiempo de descansar, de jugar, de apartar por unos minutos los libros de texto. Pero no todos los jóvenes conciben este descanso como algo positivo. Es el momento en el que se producen más golpes, insultos, humillaciones, amenazas, robos, vacíos… Todo esto es el pan de cada día de muchos estudiantes y no solo durante el recreo, también al principio de las clases, al término de la jornada e incluso mientras los profesores imparten sus asignaturas. No son chiquilladas o juegos de niños. Su nombre es acoso y su apellido escolar. Es bullying. Y las víctimas pasan un auténtico calvario. Por eso, solo se sienten aliviados cuando la sirena que suena es la que señala la hora de volver a casa, el momento de alejarse de sus demonios.

Rubén (nombre ficticio) tiene 19 años. Es alto y tiene una complexión delgada. Acude a la entrevista sonriente, con ganas de contar su historia. Una historia que solo las personas más cercanas a él conocen: sufrió acoso escolar en primaria y en secundaria. Ahora es feliz. Ha pasado página. Aunque el bullying le ha marcado como persona. Ha cambiado su forma de ver las cosas y está muy concienciado en la lucha contra el acoso escolar. Sabe mejor que nadie que no es un juego de niños.

Acoso escolar es cuando un alumno emplea violencia física o psicológica contra otro de manera constante y abrumadora. Diaria. Es un hostigamiento continuo, incesante. Por desgracia, es un problema que siempre ha estado presente en nuestros colegios e institutos. Ahora se combate mejor. Hay más concienciación que hace unos años, más campañas de sensibilización, más estudios y más asociaciones que ayudan a las víctimas de acoso. No obstante, sigue latente en nuestra sociedad y afecta a muchos estudiantes.

No hay una cifra exacta. Pero los expertos creen que aproximadamente uno de cada cuatro alumnos en España son víctimas de acoso escolar. Según el informe Yo a eso no juego de Save the Children publicado en febrero, en secundaria se estima que 111.000 niños y niñas sufren bullying. El dato se deduce a partir de la encuesta que realizaron a 21.487 estudiantes para elaborar su dossier. Casi el 10% revelaron haber sido acosados en los dos meses anteriores, es decir, uno de cada diez alumnos. Por supuesto, hay más casos. Esos son los revelados. Hay muchos que no son confesados ni detectados. Además, como Rubén, también hay muchos jóvenes acosados por sus compañeros en primaria.

Cada acoso es diferente. No hay una cuenta matemática o una receta. Las agresiones son muy variadas, al igual que los pretextos empleados por parte de los agresores y la manera en la que los acosados afrontan la situación. De la misma forma, las consecuencias en la víctima dependen de varios factores como el grado de la gravedad del bullying, su fortaleza mental, o si tiene apoyo en su entorno más cercano.

“Si un día llevaba una sudadera azul, me acosaban por ello”

El tono de la voz de Rubén cambia cuando recuerda por qué le acosaban en el colegio. Ya no sonríe. “Al principio era simplemente porque, por ejemplo, no jugaba al fútbol como hacían los demás. No lo hacía porque no me gustaba y además, yo era un niño gordito. También se metían conmigo por eso, claro. Pero después, a lo largo de los años, ya era por cualquier motivo. Si un día llevaba una sudadera azul me acosaban por ello”.

¿Qué razones puede haber detrás del maltrato? Es una pregunta con una respuesta confusa. Gran parte de los agresores acosan por las características físicas de la otra persona, por su raza o su orientación sexual, por ejemplo. Pero en realidad, no son más que pretextos. Como señala Javier Urra, psicólogo y ex defensor del menor de la Comunidad de Madrid, se acepta muy poco al que es distinto. Hay muchísima intolerancia. Se acosa al más débil y al que, por cualquier razón, es diferente. Ese es el perfil más común entre las víctimas del bullying. Rubén se describe como un “objetivo fácil” para ellos por aquel entonces. “Sabían que no iba a revolverme y que no tenía muchos amigos para defenderme”.

“Me empujaron por las escaleras solo para hacer la gracia”

Miguel del Nogal, psicólogo de Asociación Española de Prevención del Acoso Escolar (AEPAE), apunta que “hay muchas formas de acoso. Se suele empezar por prácticas leves, pero llega un momento que en el que se derivan a formas más directas y agresivas”.

El acoso verbal es el más frecuente. El informe de Save The Children destaca que la práctica de acoso más común es el insulto. Seis de cada diez estudiantes encuestados reconocen que alguien les ha insultado y más de dos de cada diez que lo sufren de forma habitual. Por ahí suele empezar todo. Con insultos y motes. Así comenzó la historia de Rubén. “Al principio simplemente eran comentarios del tipo ‘Rubén no sabe jugar al fútbol porque está gordo’. Y a lo mejor no le daba demasiada importancia, pero con el paso del tiempo los insultos eran más frecuentes y directos. Ya ni siquiera eran a mis espaldas. Me lo venían a decir. Y más tarde empezó a ser acoso físico”.

La agresión física es menos usual, pero suele conmocionar más a las víctimas. Rubén sufrió un episodio de bullying físico en el colegio que le ha marcado en especial. Es una herida abierta. El hecho de recordarlo parece un trago amargo para él. Le cuesta comentarlo. Pero lo cuenta. Aunque no puede evitar hacerlo con una voz resquebrajada. “Tenía 8 o 9 años. Llevaban ya varios cursos llamándome gordo, inútil… Un día estábamos bajando al recreo en fila por las escaleras y uno de los acosadores me empujó para hacer la gracia. Rodé unos cuatro escalones. Me di muy fuerte contra la pared a la que llegué rodando”.

Rubén cuenta que después de que le empujaran por las escaleras, lo que más le preocupó es que los agresores tendrían otro motivo para meterse con él. En ese momento no pensó en el dolor físico. Todas las formas de acoso son devastadoras. Ya se emplee violencia física, psicológica, social (marginación) o verbal. Siempre dejan huella y todas tienen un importante componente .

Hubo un momento de violencia psicológica que también dejó especial huella en Rubén. Ocurrió durante una fiesta para celebrar el último día de curso en primaria. Cuando ya pensaba que todo habría acabado. “Vinieron dos chicos de los que me acosaban a pedirme perdón. Yo no me lo podía creer. Pensé ‘qué buen día’. Fui al baño y esos chavales vinieron detrás de mí. Cuando fui a salir la puerta estaba cerrada. Empezaron a dar puñetazos a la puerta. No fue tan físico. Pero me dejaron encerrado en el baño hasta que se cansaron. Me sentí impotente”.

Marica loca

Rubén es homosexual. Ahora tiene novio y es feliz con él. No le gusta demasiado hablar sobre su orientación sexual, prefiere que la gente le conozca primero “como persona más que como una etiqueta”. Pero tampoco esconde quién es. No oculta su orientación sexual. Aunque esto no siempre ha sido así.

Desde el colegio siempre ha sido bombardeado con comentarios del tipo “eres marica”. Aitor Martxueta, doctor en Ciencias de la Educación y experto en bullying homofóbico, comenta que palabras como “maricón”, “camionera” o “trucha” están naturalizadas en nuestra sociedad y en nuestros centros escolares porque estamos inmersos en un contexto heteronormativo. “El uso de este lenguaje afecta a estas personas desde el mismo momento en que se utilizan para ir en contra de la norma, de lo establecido. Las demandas de la cultura dominante son exclusivamente heterosexuales, por lo que cualquier tipo de orientación sexual no normativa es rechazada y estigmatizada”. Los mensajes negativos que se lanzan desde diferentes ámbitos les estigmatizan socialmente. La angustia y el miedo que suelen experimentar ante esta situación tienen secuelas en los acosados.

Aparte de problemas de salud mental como ansiedad, estrés postraumático o depresión, los jóvenes homosexuales afectados suelen tener problemas sociales. Sufren acoso social. Rubén detalla que al principio comentarios como “mariquita” no le afectaban demasiado porque realmente “no sabía ni lo que significaban”. Pero a medida que pasaba el tiempo empezaba a sufrir más. “Cuando ya fui más mayor lo pasé peor. Sentí marginación por este tema. La gente me dejaba fuera”.

 Además, muchos chicos y chicas homosexuales llegan a dudar sobre su orientación sexual por culpa del acoso homofóbico. No fue el caso de Rubén, pero sí que interfirió en su proceso de asunción de la homosexualidad.

 “Yo no pensaba que fuera una ‘marica loca’ como me llamaban. Pero llega un punto en el que estás tan bombardeado, que piensas que tu actitud, comportamiento o vida amorosa es la equivocada. Te llegas a plantear que lo que haces está mal y que ellos solo quieren hacértelo ver”.

Nunca tuvo dudas acerca de sus sentimientos, pero sí trataba de esconderlos. “En el colegio tenía una novia, aunque obviamente no era una novia como tal. Más tarde, siempre decía que me gustaba una chica, sabiendo que era mentira. Esto es algo que he visto en muchos chicos homosexuales. Todos buscamos a una chica que sea inaccesible, que a ser posible tenga novio y sea amiga. No me negaba mi orientación sexual, pero pensaba que si no lo decía, las cosas irían mejor”.

Aunque le costó, decidió no reprimir más sus sentimientos y salió del armario. No quería engañar a aquellos que le importaban. “Lo hice porque sentía que estaba mintiendo continuamente, y no solo a esa gente que no me importaba, también a gente que quería. Me sentía mal conmigo mismo. Tenía que mentir y no quería, lo que quería era poder contarlo abiertamente. Así que lo hice. Pensé ‘si no digo lo que soy es que lo estoy escondiendo, y si lo estoy escondiendo es porque me avergüenza. Y yo no me avergüenzo de ser quién soy’. Esa fue una decisión también para demostrar amor por mí mismo.”

En su decisión influyó la psicóloga que visitaba una vez al mes en secundaria. “Me dijo que uno tiene que quererse a sí mismo, que no podía encerrarme…”. Gabriel J. Martín, psicólogo y experto en psicología afirmativa gay, asegura que en estos casos, ir al psicólogo es un apoyo importante. “Puede ayudar aclarar sus sentimientos y trabajar su inteligencia emocional”. También puede ayudar a fortalecer su mentalidad. El acoso homofóbico no es ninguna broma. Aitor Martxueta señala que el 40% de los menores que lo sufren ha pensado alguna vez en suicidarse.

La huella del acoso escolar

“No quería estar en clase. Solo quería irme de allí. Cuando llegaba a mi casa era el mejor momento del día”. Así se sentía Rubén día tras día durante muchísimos años. De lunes a viernes. Salvo cuando había vacaciones. Estaba mal psicológicamente y eso repercutió en su estado físico. “Me sentía siempre muy cansado. Estaba nervioso, apenas dormía. Se me contracturaba un montón la espalda y se me caía el pelo. Incluso me llegó a salir una calva”.

Sergio Atienza Valiente, psicólogo pericial experto en asuntos como el acoso escolar, asegura que esta repercusión física es habitual entre los acosados. “El acoso psicológico produce ansiedad y depresión. En niños y adolescentes es muy común que los síntomas de estos trastornos se expresen de manera física. A esto se le llaman los trastornos psicosomáticos: son manifestaciones físicas de una tensión emocional. Son muy comunes, por ejemplo, las enfermedades grastrointestinales, las contracturas o las migrañas”.

El peor desenlace posible es el suicidio de la persona acosada. No es frecuente, pero en los casos más graves y persistentes es un peligro muy real. “Nunca pensé en suicidarme” relata Rubén. “Pero sí que en secundaria me plantee la idea de hacerme daño a mí mismo”. Se toma unos segundos para respirar hondo y continúa. “No por el hecho de que me quisiera morir, porque tenía entre 12 y 14 años. No quería hacerme daño hasta ese punto porque ni siquiera sabía lo que era. Pero llega un momento en el que piensas que si algún día se te va de las manos y no estás, igual incluso es mejor”.

Help
Help - Rompiendo mitos sobre la autolesión (Weloversizie.com)

¿Cómo se afronta?

Rubén cuenta que al principio sí tenía ganas de enfrentarse a ello. Se decía a sí mismo “bueno, puedo defenderme de lo que me están haciendo”. Pero esas ganas acabaron desapareciendo.

Yo a eso no juego identifica cinco estrategias de afrontamiento entre las víctimas del bullying: pedir ayuda, gestión interna (pensar en otra cosa, que irá mejor, acostumbrarse al acoso), reevaluación (ver el abuso de otra manera, positivamente, como si fuera una broma), enfrentarlo de forma negativa (haciendo lo mismo a otros, vengarse, consumir drogas), y, por último, evitación (no ir a clase, esconder la situación…).

Pedir ayuda es la forma adecuada de afrontar el acoso escolar. Las otras estrategias son contraproducentes. Especialmente perjudicial es enfrentarse a la situación negativamente. Muchos son los jóvenes que acaban teniendo problemas con las drogas o el alcohol, planean una venganza contra sus agresores o terminan acosando a otros estudiantes. Precisamente, uno de los agresores de Rubén había sufrido bullying anteriormente. “Había un chico, uno de los que más me acosaban, que decía que se metían con él en su anterior colegio y por eso cambió. No entendía muy bien la situación. Es decir, si se han metido contigo y sabes lo que es, ¿por qué se lo haces luego a otra persona? Yo creo que no supo aceptar lo que le hicieron y acabó haciendo lo mismo para intentar sentirse mejor”.

Es muy importante el apoyo psicológico para afrontar correctamente la situación e intentar evitar secuelas. En algunos casos, como el de Rubén, los menores acosados interiorizan tanto esa angustia que tienden a sentirse culpables de lo que les está pasando. Cuando no es así. “Todo era tan continuo que ni siquiera pensaba que se estuvieran metiendo conmigo, sino que yo había hecho algo para merecerlo. Porque no era normal. Sí se metían con otros chavales, pero conmigo eran todos los días. Estuve varios años torturándome pensando si realmente era gordo o raro”. La psicóloga a la que acudía le ayudó mucho a entender que él no era el problema. A recobrar su autoestima. Rubén considera crucial en su evolución haberse tratado y desahogado con ella.

“Gracias a mi madre no caí más bajo” 

El apoyo psicológico es clave. Pero también es fundamental que la víctima encuentre apoyo en su entorno más cercano.

Tener amigos que te apoyan ayuda mucho a soportar y afrontar el acoso, comenta Rubén. “En primaria tenía amigos. Me apoyó sobre todo una amiga, que fue la que se tragó todo desde entonces hasta ahora que seguimos siendo amigos. Más tarde, en secundaria encontré un grupo de gente que fue un apoyo aún más grande. Eso me ayudó a sobrellevar el acoso en el instituto”.

Pero para Rubén, su pilar maestro fue sin duda su madre. Sin ella se habría derrumbado. “Gracias a mi madre no caí más bajo. Cuando ella veía que a lo mejor yo tenía un día malo me intentaba mimar. Me llevaba a muchos sitios que me encantaban, como los museos. Se preocupó mucho por mí e intentó saber siempre lo que pasaba”.

  “No se lo dije a mi madre para que no me acosarán más aún por ser un niño de mamá”

Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones, las víctimas del bullying no se lo cuentan a sus padres por miedo a posibles represalias de los agresores o por vergüenza a que le vean más débil.

Rubén cuenta que nunca se lo dijo a su madre. “Pero ella sí intuía que me pasaba algo porque me comportaba extraño, cuando íbamos al colegio yo no quería entrar… No se lo dije para que no me acosaran más aún por ser un niño de mamá”.

Por eso, es importante hablar en casa para fomentar una relación positiva y de confianza entre padres e hijos, además de estar pendiente -como estaba la madre de Rubén- de su comportamiento. Rosa Vera García, psicóloga y gerente de Vértices Psicólogos, apunta algunos indicadores: “Actitud reservada, terror a ir a la escuela que podría llegar incluso al abandono escolar, problemas o descenso en el rendimiento escolar, apatía o tristeza…”

Los padres del menor acosado deben ponerse de inmediato en contacto con el colegio para poner en marcha la acción adecuada en ese contexto. Sin miedos. Y por otra parte, contactar también con un psicólogo o asociación especializada en acoso escolar como NACE (683559883) o ANAR (900202010) para evaluar el impacto y actuar en función de los resultados obtenidos.

A veces también es conveniente que los padres tengan asistencia psicológica para saber manejar y sobrellevar mejor la situación. Es indispensable sobre todo cuando cualquier problema o enfermedad de un hijo crea ansiedad en los padres.

Profesores y orientadores, claves en la detección e intervención

“Los profesores deben cortar las situaciones de acoso en el estadio inicial, cuando se comienza con motes y ofensas verbales. Esto es complicado porque en la mayoría de los casos, consideran que los motes o insultos son cosas de niños… cuando casi siempre se empieza por ahí” explica Verónica Prieto Montes, pedagoga y orientadora en el IES Fco. Tomás y Valiente (Madrid) que colabora con la Asociación Madrileña contra el Acoso Escolar (AMACAE).

Para detectar casos de bullying el profesorado debe estar formado en materia de acoso escolar. Sobre todo teniendo en cuenta que los profesores tienen cada vez más alumnos por clase, lo que dificulta la identificación. Pero además de tener ojo para estas situaciones, deben saber frenarlas y apoyar a los acosados. Verónica Prieto comenta que “los alumnos necesitan ver que hay castigo para los acosadores y que se les para los pies desde el principio”.

La figura del profesor es especialmente relevante cuando no hay detrás un equipo psicosocial u orientadores capaces de abordar este tipo de problemas. Tristemente, muchos centros públicos no cuentan con la suficiente presencia de estos profesionales por culpa de los continuos recortes en educación. Según la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España (COPOE) en España hay un orientador por cada 800 alumnos, cuando la UNESCO recomienda al menos uno por cada 250.

Reducir el bullying a la mínima expresión

Para erradicar el acoso escolar de nuestros centros escolares no basta con saber detectar y actuar. Para ello son fundamentales las campañas de prevención y sensibilización. Cursos, charlas y talleres ayudan a fomentar o desarrollar la empatía y las habilidades sociales de los alumnos. Son en pro de la convivencia escolar. Son saludables. Y se deben implementar en el contexto académico de forma más temprana y frecuente. A juicio de Rosa Vera “deben comenzar desde la primera escolarización a través de técnicas de juego para ir progresivamente a otras formas de explicarles estas situaciones a los niños. Es decir, adaptándose al momento del ciclo vital en el que se encuentran los estudiantes para que lo puedan comprender.”

Es evidente que son necesarias nuevas medidas en materia de acoso escolar. Precisamente, el ministro de Educación, Cultura y Deporte Íñigo Méndez de Vigo, ahora en funciones, impulsó a principios de año definitivamente una iniciativa que anunció en octubre. Concretamente en la misma semana en la que la familia de Diego, el menor de 11 años que se suicidó en Madrid, hizo pública la carta de despedida de su hijo.

El programa, que no tiene un presupuesto cerrado, incluye entre otras medidas un plan de formación de profesores, una guía para padres, un registro estadístico y la activación del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar. Un observatorio que ya fue activado en 2007 tras ser acordado en el plan estatal de convivencia de 2005 pero que durante los cuatro años de gobierno de Rajoy ha estado paralizado. Debido a episodios como este, muchos sectores del ámbito estudiantil se muestran reservados ante esta propuesta. Si no se dota de medios ni recursos no se puede llevar a la práctica.

Además, este paquete de 70 medidas sigue siendo bastante mejorable. Por ejemplo, la COPOE reclama que se le conceda más importancia a la prevención y a la educación en convivencia de los menores, así como aumentar el número de orientadores en los centros escolares.

Ni paso ni me paso

La cadena musical Megastar FM presentó el 3 de mayo 212.000 firmas al Ministerio de Educación para que se implante de forma urgente y obligatoria un protocolo anti bullying en todos los centros escolares.

Su campaña, “Ni paso ni me paso”, ha sido un gran éxito. En apenas dos meses ha logrado un impacto visual de 108 millones de personas en las redes sociales. A ella se unieron 144 colegios de toda España, además de muchas celebridades como actores, cantantes o deportistas que sirvieron de altavoz para que la propuesta tuviera un mayor alcance.

 Con el nombre de la campaña se alude a los agresores, pero también a los testigos de las situaciones de acoso.

La ley del chivato

Tres de cada diez niños y adolescentes que sufren acoso escolar no se lo cuentan a sus padres, y uno de cada diez a nadie.

En estos casos invisibilizados es importante que los compañeros, que en muchas ocasiones son testigos del acoso, den un paso al frente. Para Verónica Prieto son la clave para erradicar el bullying. “Hay que empoderar a ese grupo de alumnos que suelen ser mayoría y están en contra del acoso. Hay que responsabilizar e implicar a los alumnos, ellos saben más que todos los profesores”.

El problema en este sentido es la “ley del chivato”. Los testigos son en muchas ocasiones meros observadores por miedo a sufrir también ese acoso. Nieves Martínez, ex alumna de un problemático instituto de la Comunidad de Madrid, cuenta que ella defendió a un compañero en una ocasión, pero que no denunciaba las situaciones de acoso. “Recuerdo a una chica que le decía a un chaval que le hiciera los deberes. Él se negó. Entonces le amenazó con pegarle. Me dio mucho coraje y por eso le defendí. Pero, sinceramente, en la mayoría de los caso nunca se avisa a nadie. Pensándolo ahora no entiendo por qué no delataba algunas de estas situaciones. Supongo que sería por la ley del chivato. Si descubren que eres un chivato la has cagado. Te esperan fuera y prepárate”.

La solución más práctica para resolver este problema y romper así el silencio es garantizar el anonimato de la víctima o el testigo. Así, se quiebra también la barrera de la vergüenza. Así, los acosados y sus compañeros denunciarían más estos casos. Esa es la idea de la aplicación Zero Acoso, que ya se ha empezado a instaurar en algunos colegios españoles y tiene vocación nacional. Esta herramienta comunicativa permite que cualquier víctima u observador pueda iniciar una conversación con los orientadores del centro vía SMS de una forma totalmente confidencial.

La Fundación Mutua Madrileña y ANAR han puesto en marcha la campaña No al bullying. Acabar con el bullying comienza en ti que pone el foco en la figura del compañero que presencia la situación pero no hace nada por evitarlo. Las asociaciones alertan que así se convierten en cómplices y reafirman la conducta del acosador. La iniciativa se llevará a cabo en un centenar de colegios españoles y se acompañará c a través de las redes sociales con el hashtag #NoBullying.

#NoBullying
#NoBullying - Fundación Mutua Madrileña y Fundación Anar

“No sé por qué hacía bullying”

Tamara Rodríguez está terminando bachillerato. Cuenta que en el colegio le “cayeron palos por todos lados” por llevar corsé, gafas y aparato dental pero que no le afectó demasiado. Y reconoce que más tarde, en secundaria, hizo bullying.

“No sé por qué hacía bullying. Yo creo que era porque como el resto lo hacía, tú terminabas haciéndolo también”. Precisamente, el informe Yo a eso no juego señala que los adolescentes que han agredido respondieron en su mayoría no saber por qué ejercían este tipo de violencia sobre sus compañeros. La segunda causa más declarada entre los agresores es “gastarle una broma” a la otra persona.

Marta de la Cruz Calandria, psicóloga formada en bullying, considera que esto “pone de manifiesto la falta de empatía, la inmadurez y la escasa valoración del daño que pueden producir o están produciendo. Además de un cierto grado de normalización de la violencia”.

Lo que deben hacer los padres si descubren que sus hijos hacen bullying es hablar con ellos, intentar averiguar por qué lo hacen y tratar de que sean conscientes de la gravedad del asunto. En algunos casos, puede ser beneficioso que el acosador tenga apoyo psicológico para fomentar o desarrollar sus carencias empáticas y sus valores sociales.

Para Rubén, el acoso escolar no es un juego. “Nadie tiene por qué salir dañado de un juego”. Ni tampoco una broma. “Para que algo sea gracioso tiene que serlo para las dos personas”.

“Me llamaban Dumbo”

Muchos niños y muchas niñas sufren acoso escolar por sus características físicas. Su peso, su altura o sus orejas, de pronto, se convierten en objeto de burla. Es el caso de Cecilia, una mujer argentina que sufrió bullying. Se metían con ella por sus orejas. “Me llamaban Dumbo y topo Gigio. Mi primer año de secundaria transcurrió entre peleas y lágrimas”.

Por culpa de los insultos, Cecilia tuvo mucho complejo. “No me ataba el cabello porque se me notaban mucho. Me dejaba siempre el pelo suelto. Si tenía calor me hacía una coleta, pero muy baja, a la altura de la nuca, y a medio atar para no dejar las orejas descubiertas”. Al final no pudo soportar la situación y decidió hacerse una otoplastia, operación estética que corrige la forma de las orejas. Es una cirugía sencilla. El doctor Moisés Martín Anaya, experto cirujano plástico, comenta que se puede realizar esta operación sin ningún riesgo a partir de los 7 u 8 años. Es cuando el cartílago está completamente formado.

Por complejo, en ocasiones creado desde el acoso como es el ejemplo de Cecilia, cada vez más menores se someten a esta operación estética. En España, según informa la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE) en 2015 se realizaron 845 otoplastias a menores. No obstante, esta cifra corresponde a la medicina privada. Moisés Martín asegura que se realizan muchas otoplastias más en instituciones públicas o mediante compañías de seguros. La Seguridad Social suele cubrir esta operación si se determina que la forma de las orejas puede acarrear problemas de salud o daños psicológicos. El problema, apunta el cirujano, es que las listas de esperas pueden ser muy largas. Esto, en muchas ocasiones, empuja a los padres a buscar soluciones en clínicas privadas.

Es posible que la operación estética señale a la víctima como responsable del acoso en lugar de al acosador. Pero, desde el punto de vista psicológico, resulta muy importante mejorar la autoestima de la víctima. Lo que no recomiendan los psicólogos a los padres es someter a sus hijos a la otoplastia o cualquier otra cirugía estética por “precaución”. Son muchos los padres que deciden someter a sus hijos a estas operaciones antes de su escolarización e incluso sin que ellos tengan complejo. Esto podría tener el efecto contrario al deseado, es decir, menoscabar su autoestima.

Cecilia de pequeña
Cecilia de pequeña

Ciberbullying: cuando el acoso traspasa la frontera escolar

El acoso escolar ya no se da solo entre las paredes de los colegios e institutos. Muchos acosados no pueden escapar de la situación ni siquiera cuando salen del centro escolar. Las redes sociales y las nuevas tecnologías amplifican el acoso, que “puede ser 24 horas al días y 7 días a la semana” según expresa José Antonio Luengo, psicólogo educativo y autor de la guía para centros educativos Ciberbullying. Prevenir y Actuar.

 El ciberacoso tiene una dimensión diferente. Con las redes sociales, el acoso puede convertirse en un fenómeno viral. Lo que escriben dos personas lo pueden leer 200, 2.000 o 20.000. Esto agrava las consecuencias del acoso, tanto en intensidad, como en duración y posibilidad de defenderse o en la percepción del acosado de lo que está ocurriendo. “Esta situación provoca una mayor vulnerabilidad en las víctimas. Hasta el punto de que puede llegar a ser inasumible”, explica José Antonio Luengo.

Las formas del acoso no cambian tanto. Las más usuales siguen siendo los insultos, la difusión de rumores y las amenazas. Por sus características, las agresiones físicas, obviamente, no son posibles. Pero está comprobado que el acoso psicológico es igual de dañino o más. En su lugar, hay otros tipos de acoso propias del entorno tecnológico, como la subida de información comprometida, la suplantación de identidad o el retoque de fotos del menor acosado.

Se estima que en España hay en torno a 82.000 alumnos de ESO que sufren ciberacoso. Pero, es solo una pequeña aproximación. Juan Antonio Planas Domingo, Jefe de Departamento de Orientación del Instituto Tiempos Modernos (Zaragoza) y experto en ciberbullying, garantiza que hay muchos más ciberacosados. De hecho, asegura que hay más víctimas de ciberacoso que de acoso tradicional. Coincide con José Antonio Luego, que considera que aunque “el acoso en el mundo físico del día a día de las aulas y los patios de recreo sigue ahí, el ciberbullying no ha tocado techo ni cualitativa ni cuantitativamente”.

En primaria también suceden muchos casos de ciberbullying. Los jóvenes empiezan a adentrarse cada vez más temprano en la tecnología y el mundo de Internet. De hecho, si tienes 12 años y no estás en las redes sociales, no existes. Prácticamente casi todos los preadolescentes y adolescentes tienen cuentas en Instagram, Facebook, Twitter... Especialmente peligrosa es la plataforma Ask, donde los usuarios pueden insultar de manera anónima.

Todo esto, unido a que el ciberacoso es  más complejo de detectar, hace que la prevención y la educación digital sea una tarea fundamental. “Es necesario que los jóvenes tomen consciencia de todas las variantes de acoso que existen en la red y dotarles de herramientas que les permitan enfrentarse correctamente a este tipo de conductas” comenta Juan Antonio Planas. Por ejemplo, el sexting es un tipo específico de ciberbullying en el que el contenido que utiliza el agresor para herir a la víctima es de contenido sexual. En este aspecto hay que informar a los chicos y chicas del peligro de publicar en sus redes imágenes comprometidas y de que piensen bien qué es aquello que desean mostrar en la red.

Para José Antonio Luengo, la educación digital debe ser una tarea temprana. “Cada vez los niños acceden con menor edad a internet y desde ese momento es cuando deben ser concienciados de lo que implica”. Y es que no solo es necesaria para prevenir problemas relacionados con el ciberbullying, sino también muchos otros como la ludopatía a través de internet o la ciberadicción.

Ciberbullying
Ciberbullying - Fuente: Europapress

El contexto legal del acoso escolar

El bullying no tiene una regulación jurídica propia en España, pero podemos encontrar menciones al acoso escolar en la Convención de Derechos del Niño (CDN), en la que está presente la necesidad de la especial protección del niño frente a toda clase de maltrato, en la Constitución, en la Ley Orgánica reguladora de la Responsabilidad de los Menores (LORPM) además de en la legislación educativa, donde se encuentran aspectos fundamentalmente dirigidos a la convivencia escolar. Ana María Colás Escandón doctora en derecho y autora del libro Acoso y Ciberacoso escolar: la doble responsabilidad civil y penal, esclarece algunas de las dudas más comunes acerca del contexto jurídico del acoso y ciberacoso escolar:

-¿Es obligatorio que todos los centros educativos tengan un Plan de Convivencia y de prevención escolar?

Todos los centros educativos públicos y concertados han de elaborar un Plan de Convivencia Escolar. La Ley orgánica 2/2006 de 3 de mayo, de Educación (la LOE) prescribe que todos los centros deben incluir en su proyecto educativo un Plan de Convivencia y establecer unas normas que garanticen su cumplimiento. Esta misma Ley señala que las Administraciones de las Comunidades Autónomas serán las que habrán de establecer el marco regulador que permita a los centros públicos y privados elaborar sus proyectos educativos.

Mayormente, están orientados a que los alumnos sepan cómo deben comportarse en el centro y cuáles son las consecuencias que sus actuaciones pueden tener, así como de dotar a los profesores de las herramientas suficientes para intentar crear un clima de respeto y cooperación entre sus alumnos.

Concretamente, respecto del bullying, los centros suelen elaborar, además, dentro del Plan de convivencia escolar, un Plan específico de prevención y sanción del acoso escolar, en el que se aclara lo que debe entenderse por bullying y unas pautas de actuación frente al acoso escolar, que tienen como destinatarios varios sujetos: el acosado, el acosador, los compañeros, las familias y los agentes externos (fiscalía de menores, servicios sociales, etc.).

La importancia de este Plan de prevención del acoso escolar hizo que a principios de este año el Ministerio de Educación lo incluyese dentro del plan de convivencia escolar.

-¿Las sanciones académicas están reguladas?

 Sí. El artículo 14 del decreto 15/2007 señala que el acoso escolar constituye una falta muy grave, respecto de la que el Director del Centro podrá imponer las siguientes sanciones:

 a) Realización de tareas en el centro fuera del horario lectivo, que podrán contribuir al mejor desarrollo de las actividades del centro o, si procede, dirigidas a reparar los daños causados.

b) Prohibición temporal de participar en las actividades extraescolares o complementarias del centro, por un período máximo de tres meses.

c) Cambio de grupo del alumno.

d) Expulsión de determinadas clases por un período superior a seis días e inferior a dos semanas.

e) Expulsión del centro por un período superior a seis días lectivos e inferior a un mes.

f) Cambio de centro, cuando no proceda la expulsión definitiva por tratarse de un alumno de enseñanza obligatoria.

g) Expulsión definitiva del centro.

 En cualquier caso, las sanciones que se impongan deberán ser proporcionales a la naturaleza y gravedad de la falta cometida y habrán de contribuir a mejorar el clima de convivencia del centro.

-¿Son efectivas estas medidas?

No dispongo de datos empíricos al respecto. Ahora bien, en las conversaciones que he mantenido con directores de distintos centros, me han puesto de manifiesto como las medidas sancionadoras, por sí solas, no son suficientes para frenar el acoso que un niño está ejerciendo sobre otro, sino que a ellas han de sumarse medidas reeducadoras del acosador para hacerle ver lo inapropiado de su conducta y las graves consecuencias que la misma tiene en el acosado, para así conseguir que no vuelva a comportarse de ese modo.

-¿La legislación facilita que un alumno que ha sufrido acoso escolar pueda cambiar de centro educativo?

 Realmente la legislación no tiene específicamente en cuenta el acoso escolar a la hora de permitir el traslado de centro de la víctima del mismo. De nuevo aquí cada Comunidad Autónoma fija los criterios concretos.

En la práctica, lo que suele suceder es que los padres del menor acosado presentan una solicitud de cambio de centro en el Servicio de Apoyo a la Escolarización correspondiente; este Servicio se pone en contacto con Inspector educativo del centro en el que se está produciendo el acoso escolar, con el fin de que éste investigue si realmente se está produciendo bullying y en caso afirmativo cuál es su alcance y trascendencia. Y lo cierto es que después de este proceso, sólo se están autorizando los cambios de centro en casos muy excepcionales y sumamente justificados.

 -¿El acosador puede tener responsabilidad penal o civil?

 Sí. Jurídicamente, del acoso escolar pueden derivarse consecuencias en el ámbito penal y en el ámbito civil.

 -¿Qué responsabilidad civil pueden tener los agresores?

 La obligación de reparar los daños y perjuicios que se hayan producido como consecuencia del bullying cometido. A mi juicio, de acuerdo con nuestro Código Civil (art. 1903), deberán indemnizar solidariamente todos los daños (patrimoniales, corporales y morales) derivados del acoso escolar, el centro educativo y los padres del menor acosador, salvo que consigan probar que hicieron todo lo que estaba en su mano para evitar el acoso que se estaba produciendo. Y en algunos casos, puede ser también directamente responsable del pago de esa indemnización, el propio menor acosador.

Esta responsabilidad civil puede ser solicitada por la víctima en el mismo Tribunal penal si conoce del caso o ante los Tribunales civiles.

-¿Y qué responsabilidades penales pueden acarrear?

El dato esencial a tener en cuenta es la edad del menor acosador en el momento en el que ha llevado a cabo las conductas constitutivas de bullying.

 **Así, si el autor del acoso es un adulto, esto es, un sujeto con 18 años cumplidos o más, sus actuaciones van a ser remitidas al Juzgado de lo Penal, se le va a aplicar el Código Penal y podrá ser sancionado con las penas que esta norma ha previsto para cada uno de los delitos que se considere que ha cometido como consecuencia de su conducta (pena privativa de libertas –cárcel-, multa, etc.).

**Si el autor del acoso es un niño menor de 14 años en el momento de cometer los hechos, nos encontramos entonces ante un sujeto inimputable penalmente y no resultan de aplicación ni la Ley Orgánica Reguladora de la Responsabilidad Penal del Menor, ni mucho menos el Código Penal.

**Por el contrario, si en el momento de producirse el bullying, el acosador tenía entre 14 y 17 años, respecto de las consecuencias penales que puede llevar aparejado su comportamiento, la norma penal que debe aplicarse es la Ley Orgánica 5/2000 de 12 de enero, reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores (LORPM), de acuerdo con la cual se puede imputar a los menores de entre 14 y 17 años la comisión de alguno o algunos de los delitos de los regulados por el Código Penal español. El problema que encontramos en la práctica, es que nuestro Código Penal no contiene ningún delito que tipifique en concreto y específicamente el acoso escolar. No obstante, las conductas constitutivas de acoso podrían suponer la comisión de uno o varios de los siguientes delitos: lesiones; injurias; calumnias; amenazas; coacciones; usurpación de identidad; agresiones y abusos sexuales a menores de 16 años; delito contra la integridad moral; delito de revelación de información de terceros, sin consentimiento de su titular…

Una vez que el menor acosador ha sido condenado por el Juez de Menores por la comisión de alguno de estos delitos, no se aplicarán al mismo las sanciones prescritas por el Código Penal, sino las previstas por la propia LORPM. La finalidad de estas medidas no es tanto sancionar al menor como reeducarle.

Por ello, su adopción por el juez está presidida por el principio de flexibilidad, de tal modo que no está obligado a imponer una medida determinada, sino que será una decisión que adoptará en cada caso concreto atendiendo a lo que mejor convenga a los intereses del menor infractor, de acuerdo con los hechos cometidos y a las circunstancias personales y familiares concurrentes en él, pudiendo imponer una sola medida o varias.

 -¿Qué tipo de medidas puede imponer el juez al menor?

 1º) Medidas terapéuticas.

2º) Medidas privativas de libertad. El juez puede ordenar el internamiento del menor en un centro, en tres regímenes diferentes: cerrado, abierto, o semi-abierto.

3º) Medidas no privativas de libertad. Son de muy variada índole y pueden ir desde una simple amonestación, hasta la libertad vigilada, pasando por la obligación de asistir durante un tiempo determinado a un centro de día en el que el menor llevará a cabo actividades de apoyo, educativas, formativas, laborales; la orden de alejamiento de la víctima y /o de sus familiares u otras personas que determine el juez o la realización de prestaciones en beneficio de la comunidad.

-¿Un acosador puede incurrir en un delito de inducción al suicidio?

Por lo general. nos encontramos con un problema importante a la hora de intentar aplicar este tipo penal a los suicidios producidos como consecuencia del acoso escolar, ya que falta un requisito imprescindible en la mayoría de los casos: el acosador debe pretender directamente con su comportamiento que el acosado se quite la vida; no sólo humillarle o agredirle, sino que lo que quiere es que se suicide. De hecho, en aquellas ocasiones en las que los padres del acosado que ha acabado con su propia vida denuncian penalmente al acosador por la comisión de este delito, los Tribunales no han apreciado la concurrencia de los requisitos legalmente exigidos en el delito de inducción al suicidio. Así sucedió, por ejemplo, en el caso del suicidio de Jokin en 2004.

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